CONTACTA CON NOSOTROS

La Orden de los Pobres Caballeros de Cristo – Milicia del Temple, es un instituto totalmente nuevo dentro de la Iglesia Católica, aunque inspirado en la antigua Orden.

1º.- No reivindica ninguna sucesión histórico – jurídica con la antigua Orden del Temple abolida en 1314, como lo hacen otras asociaciones autodenominadas “templarias”, que no es otra cosa que una total falsedad.

2º.- No tiene nada que ver con las creencias esotéricas de todas y cada una de estas asociaciones.

3º.- La Santa Sede ha prohibido a la Milicia del Temple tener contactos con este tipo de asociaciones.

Aprobada por la Santa Iglesia Católica, l a Milicia del Temple – Pobres Caballeros de Cristo, se complace en recibir a hombres y mujeres católicos. Por tal motivo, pedimos que cuando se pongan con nosotros en contacto por primera vez, incluyan los siguientes detalles: Su nombre y apellidos, localidad y provincia donde residen, parroquia a la que pertenecen, edad, si conoce a algún caballero o dama personalmente y si no, como se enteró de nosotros. No buscamos en este primer contacto una biografía completa, pero si un pequeño perfil a través del cual comenzar el proceso para tener en consideración su petición de unirse a nosotros.

Nuestra dirección de contacto es: infomilitiatempli@gmail.com

miércoles, 23 de mayo de 2012






     Desde la Preceptoría de la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo en España, vamos a comenzar a editar una serie de artículos dedicados a todas estas personas, hombres y mujeres que un día decidieron consagrar su vida a Dios y a Nuestra Señora. Queremos que sea visible, este trabajo tan impresionante que hacen en silencio, rezando y trabajando, dedicando su vida a Dios, pero tambien guardando y transmitiendo preciosos tesoros que sin su esfuerzo y dedicación cotidiana, hace tiempo que  habrían desaparecido, hablo en este caso de la Liturgía Tradicional, de la Lengua Latina, hablo de muchas cosas que a continuación podrán leer.



“Caminando por la orilla de mar de Galilea, vio a dos hermanos: a Simón, llamado Pedro, y a su hermano Andrés,  echando las redes en el  mar pues eran pescadores. Y les dijo: Venid conmigo y os haré pescadores de hombres. Ellos, al instante dejando las redes le siguieron”. (Mt 4 18-20)




LE BARROUX. UN EJEMPLO DE FE

Desde que escuché el nombre de la Abadía de Le Barroux, de forma instintiva me vinieron a la mente muchas palabras,  ¿como diría?, emplearé el término de “lluvia de palabras”; para el que sabe lo que es una “lluvia de ideas”, puede entender el símil. Si la lluvia de ideas aporta algo, aunque sea una pequeña luz en un equipo de trabajo sobre un proyecto o empresa del que todavía no se sabe como comenzarlo, cuando todo es oscuridad, para mí, en este caso, la lluvia de palabras vino dada por el desconocimiento total que tenía de la existencia de una Comunidad de Monjes que comenzó de la nada hace no mucho tiempo, en el año 1970, y hoy día es un milagro de vocaciones de vida consagrada y con perspectivas de seguir en la misma línea. Por eso, mi lluvia de palabras me vino en primer lugar sobre el  primer monje benedictino que se presentó allá por un mes de agosto de 1970, sólo, con lo justo para mantenerse y con la autorización del abad del monasterio del que había salido para iniciar. ¿Qué iba a comenzar?

Vuelvo a mi lluvia de palabras sobre el monje, sólo, con sus manos para trabajar, y en ese momento es donde me comienzan a fluir las palabras a la mente: me vinieron: fe, amor a Cristo y a Nuestra Señora, una inmensa vocación, claridad en sus ideas y principios, humildad... Sí, posiblemente me quede corto en las palabras, posiblemente mi lluvia de palabras fuese solo un pequeño chubasco porque algo más tuvo que haber, este monje benedictino francés al que todavía no le he puesto nombre era  Gérard Calvet, y este monje benedictino aparte de toda la fuerza moral que le daba su fe y amor a Jesús y a María, su vocación, su humildad, tenía un profundo amor por la liturgia tradicional, la liturgia de siempre, la antigua, la que sus antecesores practicaban en los conventos, la vida en silencio, el trabajo manual y el latín, esa gran lengua de la Iglesia, la que gracias a ella no ha desaparecido, el tronco común de muchas otras que hablamos hoy. Esa liturgia tradicional que no se ciñe como algunos piensan a decir una Misa en latín, es algo más, es lo que valoraba este monje benedictino, es salvaguardar la estructura de la Iglesia. Un edificio se puede revestir de mármol, de ladrillo visto, de granito, de cristal, de muchos materiales, pero si la estructura es débil la belleza del edificio durará lo que las inclemencias del tiempo quieran que dure, una mala tormenta, un pequeño terremoto, hará que caiga y no quede nada; sin embargo, la liturgia tradicional es la tradición misma de la Iglesia, es esa estructura que no se debe modificar. Podemos poner en una iglesia ladrillo, mármol, lo que queramos pero si ponemos una estructura sólida como la de las grandes catedrales del gótico, incluso las más austeras del románico, a la vista está que perdurará para que disfrutemos de su belleza durante miles de años, esa estructura es precisamente la Liturgia Tradicional la que forma esa estructura que permanece a lo largo de los siglos, la que ha permitido la grandeza de mantener viva una lengua muerta. Hoy, cuando se dedican ingentes cantidades de dinero a promocionar las distintas lenguas vivas que más se utilizan en el tráfico comercial,  la Iglesia con su Liturgia de siempre y sin Institutos ni cátedras ni nada parecido y con un grupo de monjes y sacerdotes como el Hermano Gérard han hecho con la fuerza de la fe y la que su vocación les ha dado, mantener la tradición milenaria. Han mantenido la estructura de la Iglesia, han pasado los tiempos, cada uno con sus modas, sus innovaciones pero gracias a Dios y a estos monjes y sacerdotes, los cimientos siguen y si Dios lo quiere seguirán fuertes.


Antes de pasar a contar la pequeña historia de grandes hombres, no podía dejar al artífice actual de este resurgimiento, el Santo Padre Benedicto XVI que es el que ha tejido los hilos y a dado la fuerza moral a los hijos de Dios sabiendo que detrás de esta perseverancia por mantener las tradiciones está el Sumo Pontífice que apoya, aconseja y trabaja de forma incansable para que dentro de mil años la Iglesia tenga unos cimientos tan sólidos como los actuales.

LE BARROUX

Justo es decir que lo que a continuación transcribo es una pequeña recopilación de otros trabajos que han realizado personas que han descubierto antes que yo el impresionante trabajo en silencio que se está haciendo por estos monjes y sacerdotes que, calladamente, orant et laborant o, como dice el salmo 113, “non nobis Domine, non nobis sed nomine tuo da gloriam”.

Nacimiento.

En Agosto de 1970, el monje benedictino francés,  llegaba  a un lugar de la Provenza, cerca de Avignon, con poco bagaje material pero con mucha fe y ganas de trabajar. Se estableció en la capilla de Bédoin, consagrada a Santa María Magdalena. Este monje era el Padre Gérard Calvet, su deseo, seguir son su vida monástica, fiel a la antigua tradición benedictina y de la Iglesia, la oración, el silencio, el trabajo manual y la liturgia tradicional en latín.

        No llevaba el tiempo justo de haberse instalado cuando se presentó ante él un joven y le pidió que le aceptara como novicio y vaya que sí lo aceptó, la insistencia del joven acabó convenciendo al Padre Gerard y fue aceptado, y la primera semilla dio sus frutos en forma de una comunidad de once monjes a los ocho años del inicio. Fiel a la tradición benedictina de ora et labora, la pequeña comunidad reconstruyó la capilla y el priorato y continuó agrandando lo construido pues los aspirantes al noviciado continuaban llegando.

        Este camino no fue ni mucho menos un camino de rosas, hubieron problemas, hubbieron muros, entre otros el de reconstruir de la nada todo un conjunto habitable, pero quizás fue éste el menor de los problemas, puede que el principal fuera la oposición con la que se encontró por su inquebrantable lealtad y amor a la Santa Tradición Litúrgica de la Iglesia, no obstante sus principios y su inquebrantable fidelidad al Santo Padre y su confianza en la divina providencia le dieron la fuerza suficiente para continuar, en el pleno convencimiento de que “Dios proveería”.

        Esta respuesta de Dios llegó en 1988, año en el que el Santo Padre Juan Pablo II con el motu proprio  Ecclesia Dei, escuchó las peticiones de un sector del mundo católico que pedía poder celebrar la liturgia mediante el rito tradicional (no me gusta emplear el término preconciliar) y concedió  que se volviera a celebrar bajo ciertas condiciones.

        Fue ya en 1989 cuando se consagraría la Iglesia recién  terminada por el Cardenal Gagnon acompañado del obispo de Aviñon. ¿Qué significaba este acto para Le Barroux y para mundo tradicionalista católico? Era el nihil obstat, era la normalización de una situación que, en realidad, no debería haber entrañado ningún recelo por parte de ningún sector de la Iglesia. Hoy día, cuando en nuestra querida España estamos hasta la saciedad de decir y defender que la pluralidad de lenguas es una riqueza; hoy día, cuando se protegen lenguas y dialectos hablados por pequeñas comunidades en la Amazonia, en peligro de extinción, no es una riqueza para la Iglesia tener dos liturgias que en ningún caso se contraponen; hoy, cuando con muchos menos méritos se declaran ciertos actos culturales como bienes inmateriales de la humanidad, y si los que seguimos esta Liturgia promoviésemos como un primer paso su reconocimiento o declaración por la UNESCO como bien inmaterial de la humanidad, posiblemente no se le hiciese el honor ni de lejos a todo lo que ha significado y lo que ha aportado. Un día me comentó mi profesor de Derecho Romano que los tres pilares de la civilización occidental eran la filosofía griega, el derecho romano y el cristianismo. Pues bien, todos estos pilares tienen una argamasa que los mantiene unidos y de lo que no me cabe ninguna duda es que la argamasa que ha mantenido el pilar del cristianismo ha sido la Liturgia Tradicional y todo lo que significa. Pero vuelvo a desviarme, pido disculpas al lector.

        He hablado brevemente del inicio del La Abadía pero, ¿cuál es su situación en la actualidad? Según las noticias que he podido recabar, actualmente tiene unos 52 monjes con una media de edad  que se encuentra alrededor de los 46 años y a estos hay que añadir otros 13 que forman una nueva comunidad fundada en el suroeste de Francia.

        Fieles a su regla, estos monjes benedictinos viven de lo que trabajan y de este modo, con su trabajo, su laboriosidad y el amor que ponen en cada cosa de las que hacen, producen todo tipo de productos de primera calidad  como aceite, vino, galletas, etc., también en su imprenta imprimen misales por el rito romano tradicional.

        También tienen hospedería y todos los años alrededor de un centenar de sacerdotes llegan procedentes de varios países para normalmente aprender a celebrar la misa según el rito tradicional.

        Por otro lado las vocaciones no paran de llegar a Le Barroux, cada año son dos o tres jóvenes y no tan jóvenes los que solicitan ser admitidos.  Como  dice el Padre Abad, “Los jóvenes se sienten atraídos a Le Barroux precisamente por la radicalidad de la opción por Dios y además de por la belleza de la liturgia que se celebra aquí”.

        Y siguiendo con las  frases del Padre Abad  Louis Marie “la experiencia de la belleza que procede de la liturgia tradicional no es de exclusiva pertenencia a este monasterio [...] La liturgia tradicional es más rica en signos que nos recuerdan de dónde procede la fe, y nos enseña que nosotros no somos más grandes que nuestros Padres, sino que solamente transmitimos lo que hemos recibido”.

Estas últimas palabras resumen el  sentimiento que he expresado en las primeras páginas de este artículo sobre la Misa Tradicional, y sobre esos oasis (Abadías, Monasterios, Fraternidades, asociaciones de laicos, etc.) que han mantenido esa argamasa que une  uno de los tres pilares de la civilización occidental, el del cristianismo.



Orden de los Pobres Caballeros de Cristo – Militia Templi
PRECEPTORÍA DE ESPAÑA