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La Orden de los Pobres Caballeros de Cristo – Milicia del Temple, es un instituto totalmente nuevo dentro de la Iglesia Católica, aunque inspirado en la antigua Orden.

1º.- No reivindica ninguna sucesión histórico – jurídica con la antigua Orden del Temple abolida en 1314, como lo hacen otras asociaciones autodenominadas “templarias”, que no es otra cosa que una total falsedad.

2º.- No tiene nada que ver con las creencias esotéricas de todas y cada una de estas asociaciones.

3º.- La Santa Sede ha prohibido a la Milicia del Temple tener contactos con este tipo de asociaciones.

Aprobada por la Santa Iglesia Católica, l a Milicia del Temple – Pobres Caballeros de Cristo, se complace en recibir a hombres y mujeres católicos. Por tal motivo, pedimos que cuando se pongan con nosotros en contacto por primera vez, incluyan los siguientes detalles: Su nombre y apellidos, localidad y provincia donde residen, parroquia a la que pertenecen, edad, si conoce a algún caballero o dama personalmente y si no, como se enteró de nosotros. No buscamos en este primer contacto una biografía completa, pero si un pequeño perfil a través del cual comenzar el proceso para tener en consideración su petición de unirse a nosotros.

Nuestra dirección de contacto es: infomilitiatempli@gmail.com

domingo, 26 de agosto de 2012

      
¿PODRÍAN MANTENERSE EN LA SOCIEDAD ACTUAL LOS VALORES DE LA CABALLERÍA CRISTIANA?

       Para contestar esta pregunta extraemos dos párrafos del  hermoso libro del  escritor, filósofo y teólogo mallorquín Ramón Llull, "El libro de la Orden de Caballería". Es bonita la descripción que hace del nacimiento de la Caballería cristiana y los altas cualidades que debe poseer el caballero. Que necesario sería que hoy día siguiesen vigentes estas nobles cualidades que Ramón Llull atribuye a todo aquel que en su interior quiere entregar su vida a ser un perfecto Caballero de Cristo:
    
"Faltó en el mundo la caridad, la lealtad, la justicia y la verdad; comenzó la enemistad, la deslealtad, la injuria y la falsedad, y de ahí nació el error y la turbación en el pueblo de Dios, que fue creado para que los hombres amasen, conociesen, honrasen, sirviesen y temiesen a Dios.

Al comenzar en el mundo el menosprecio de la justicia por disminución de la caridad, convino que la justicia recobrase su honra por medio del temor; y por eso se partió todo el pueblo en grupos de mil, y de cada mil fue elegido y escogido un hombre más amable, más sabio, más leal y más fuerte, y con más noble espíritu, mayor instrucción y mejor crianza que todos los demás.

Se buscó entre todas las bestias la más bella, la más veloz y la más capaz de soportar el trabajo, la más conveniente para servir al hombre. Y como el caballo es el animal más noble y más conveniente para ser servir al hombre, por eso fue escogido el caballo entre todos los animales y dado al hombre que fue escogido entre mil hombres; y por eso aquel hombre se llama caballero.

Una vez reunido el animal y el hombre más nobles convino que se escogiesen y tomasen de entre todas las armas aquellas que son más nobles y más convenientes para combatir y defenderse de las heridas y de la muerte; y aquellas armas se dieron y se hicieron propias del caballero.

Las tareas del caballero cristiano: defender la fe católica.

Oficio del caballero es mantener y defender la santa fe católica, por la cual Dios Padre envió a su Hijo a tomar carne en la gloriosa Virgen, Nuestra Señora Santa María, y para honrar y multiplicar la fe sufrió en este mundo muchos trabajos y muchas afrentas y penosa muerte. De donde, así como nuestro señor Dios ha elegido a los clérigos para mantener la santa fe con escrituras y probaciones necesarias, predicando aquélla a los infieles con tanta caridad que desean morir por ella, así el Dios de la gloria ha elegido a los caballeros para que por la fuerza de las armas venzan y sometan a los infieles  que cada día se afanan en la destrucción de la Santa Iglesia. Por eso, Dios honra en este mundo y en el otro a tales caballeros, que son mantenedores y defensores del oficio de Dios y de la fe por cual nos hemos de salvar.

Fuente: Ramón Llull. Libro de la orden de caballería