CONTACTA CON NOSOTROS

La Orden de los Pobres Caballeros de Cristo – Milicia del Temple, es un instituto totalmente nuevo dentro de la Iglesia Católica, aunque inspirado en la antigua Orden.

1º.- No reivindica ninguna sucesión histórico – jurídica con la antigua Orden del Temple abolida en 1314, como lo hacen otras asociaciones autodenominadas “templarias”, que no es otra cosa que una total falsedad.

2º.- No tiene nada que ver con las creencias esotéricas de todas y cada una de estas asociaciones.

3º.- La Santa Sede ha prohibido a la Milicia del Temple tener contactos con este tipo de asociaciones.

Aprobada por la Santa Iglesia Católica, l a Milicia del Temple – Pobres Caballeros de Cristo, se complace en recibir a hombres y mujeres católicos. Por tal motivo, pedimos que cuando se pongan con nosotros en contacto por primera vez, incluyan los siguientes detalles: Su nombre y apellidos, localidad y provincia donde residen, parroquia a la que pertenecen, edad, si conoce a algún caballero o dama personalmente y si no, como se enteró de nosotros. No buscamos en este primer contacto una biografía completa, pero si un pequeño perfil a través del cual comenzar el proceso para tener en consideración su petición de unirse a nosotros.

Nuestra dirección de contacto es: infomilitiatempli@gmail.com

jueves, 30 de agosto de 2012

UN BONITO CUENTO.


Bonito cuento el que he encontrado en Internet, en el blog “reflexiones católicos,  en él, el autor (anónimo), se refiere a la forma de afrontar el trabajo por parte de tres obreros y lo asemeja a Jesús antes de ser crucificado y a sus dos acompañantes y de que forma cada uno afronta este destino, creo que el ejemplo de Jesús es extrapolable a todos los actos de nuestra vida, a la forma de encajar las distintas situaciones que se nos presentan, a la forma de relacionarnos con nuestros semejantes tanto a nivel personal, laboral, familiar. Ante las adversidades podemos tomar varios caminos, el más fácil normalmente es el de maldecir, abandonar, etc, pero  realmente conseguimos algo maldiciendo nuestra mala suerte, pensando al momento que Dios nos ha abandonado y planteándonos si porque algo no nos ha salido como queríamos es que Dios ya no está con nosotros.

Si hay algo de lo que debemos estar seguros es que Dios Nuestro Señor, siempre está a nuestro lado, y de algo que estoy convencido es que está ahí, siempre, el que intenta buscarlo siempre lo encuentra, pero también es cierto, y es un pensamiento personal , que Dios no lo pone fácil, no quiere al católico por necesidad, al que cuando truena se acuerda de Santa Bárbara y después gracias y hasta luego, no, es algo más. Dios en su grandeza nos ha dado una vida y una libertad para que recorramos un camino muchas veces lleno de baches, de situaciones difíciles, en ese camino tenemos muchas opciones para saltar los baches que se nos presenten, tenemos la opción de intentar esquivarlos (al final se nos presentarán mas grandes y será más difícil), también la de maldecir nuestra mala suerte cuando se nos presente la dificultad, la de considerarnos unos desgraciados que nos ha tocado todo lo malo del mundo y no merece la pena que sigamos el camino, en fin, dentro de ese regalo que Dios nos hizo, el de ser seres racionales, el darnos un alma, y con ello la libertad para recorrer el camino de la forma que queramos, nos dejó el mensaje claro de que siempre estaría a nuestro lado, cuando Jesús muere en la cruz, lo hace por todos, por los que llevan el camino recto y confían en él, y también lo hace por los que pecan continuamente, maldiciendo cada vez que tropiezan. Todos en esta vida llevamos una cruz, unos tal como decía en el artículo anterior, en el de “Cristianos de Pata Negra”, la llevan muy grande, muy pesada, pero la llevan con una fuerza inmensa sin maldecir, sin abandonar su fe, la llevan a sabiendas que esa cruz le  puede provocar la muerte, pero en el convencimiento de que Jesús los acogerá como hijos predilectos, otros en esta civilización que llamamos occidental, la llevamos mucho más liviana y continuamente estamos quejándonos de lo que pesa, si podemos se la intentaremos dar al de al lado para que la lleve él, y en el peor de los casos la tiraremos justificándonos a nosotros mismos de nuestro abandono y cogeremos el camino fácil el que al final no nos lleva a ningún sitio, el que se separa del camino de Jesús.


Este cuento trata de tres obreros que día a día trabajan en el puesto que día a día ocupan en una hacienda.

Daniel, quien se encargaba de cuidar los caballos se pasaba todo el
día lamentándose de cuan duras eran sus tareas y que poca paga
recibía. A Ramón le tocaba ordeñar y llevar a pastar las vacas.
Siempre se le escuchaba maldecir, y en ocasiones muy frecuentes
estallaba en cólera dándole punta pies a todo lo que encontraba a su
alrededor. Por último, estaba Carlos quien se encargaba de cuidar los
cerdos.

             Carlos, lo primero que hacia antes de comenzar sus labores era darle
los buenos días a cada uno de sus compañeros de trabajo, y de paso le
obsequiaba la mejor de sus sonrisas. El trabajo de Carlos era bastante
pesado, al igual que el de Daniel y el de Ramón, pero a diferencia de
estos últimos dos, Carlos nunca maldecía, ni se quejaba. cuando la
cólera amenazaba con dominarlo. Carlos suavemente desliza su mano
hasta introducirla en uno de los bolsillos de su pantalón donde
guardaba una cruz de madera, la sacaba, la contemplaba por un
instante, luego la guardaba y continuaba su labor con una gran calma.
Esta acción llenó de mucha curiosidad a sus compañeros de trabajo.

             Un día, mientras estaban todos los empleados almorzando, Daniel tomó
la palabra y dirigiéndose a Carlos le dice: - ¡Oye Carlos! ¿Por qué
siempre llevas una cruz de madera en el bolsillo de tus pantalones?
Ramón entra en la conversación y de forma burlona comenta lo
siguiente: - De seguro que es su amuleto de buena suerte. Carlos
introduce la mano en el bolsillo de sus pantalones, saca la cruz y
sosteniéndola en sus manos dice: - Esta cruz que yo fabriqué con mis
propias manos y que esta vacía (o sea que no tiene un Cristo), tiene
un gran significado para mí. Esta cruz representa la cruz que a mi me
ha tocado cargar en esta vida. Cada vez que la miro, a mi mente llega
el recuerdo del calvario y veo en ese recuerdo a tres personas llevar
sus respectivas cruces. La primera persona que veo es a Dimas llevando
su cruz obligado, porque no le queda mas remedio; la otra persona que
veo es a Gestas (el mal ladrón) que la lleva maldiciendo y renegando;
por ultimo veo a Jesús que se abraza a su cruz mientras camina. Cuando
la cólera amenaza con robarme la paz, tomo esta cruz en mis manos y me
hago la siguiente pregunta: ¿cómo quiere Dios que lleve esta cruz que
me ha dado? ¿Cómo Dimas? ¿Cómo Gestas? ¿O cómo Jesús?

De ti dependen de cómo quieres llevar esa cruz, la llevarás como Gestas, como Dimas o como Jesús.