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La Orden de los Pobres Caballeros de Cristo – Milicia del Temple, es un instituto totalmente nuevo dentro de la Iglesia Católica, aunque inspirado en la antigua Orden.

1º.- No reivindica ninguna sucesión histórico – jurídica con la antigua Orden del Temple abolida en 1314, como lo hacen otras asociaciones autodenominadas “templarias”, que no es otra cosa que una total falsedad.

2º.- No tiene nada que ver con las creencias esotéricas de todas y cada una de estas asociaciones.

3º.- La Santa Sede ha prohibido a la Milicia del Temple tener contactos con este tipo de asociaciones.

Aprobada por la Santa Iglesia Católica, l a Milicia del Temple – Pobres Caballeros de Cristo, se complace en recibir a hombres y mujeres católicos. Por tal motivo, pedimos que cuando se pongan con nosotros en contacto por primera vez, incluyan los siguientes detalles: Su nombre y apellidos, localidad y provincia donde residen, parroquia a la que pertenecen, edad, si conoce a algún caballero o dama personalmente y si no, como se enteró de nosotros. No buscamos en este primer contacto una biografía completa, pero si un pequeño perfil a través del cual comenzar el proceso para tener en consideración su petición de unirse a nosotros.

Nuestra dirección de contacto es: infomilitiatempli@gmail.com

lunes, 3 de septiembre de 2012




LA MISA TRIDENTINA Y LA DEL RITO ORDINARIO.



Traducción al español realizada por Pedro López.

Vetus ordo


Novus ordo (tal como es)



Novus ordo (tal como debería ser)



COMPARACIONES ENTRE AMBOS RITOS

                A continuación encontraréis un cuadro sinóptico de las dos formas del rito romano o, dicho de otra forma, de la Misa gregoriana y de la que está en vigor desde 1970. Lo expuesto no tiene la más mínima pretensión científica, siendo muchas las omisiones y, tal vez, también las imprecisiones. Pero sí nos permite de un vistazo distinguir las similitudes y diferencias incluso para el que sea profano en liturgia y conozca, tal vez demasiado bien, solamente la Misa que se celebra ordinariamente en su parroquia.

                A las diferencias de los textos, tal como se muestra a continuación,  hay que tener en cuenta que las dos Misas se distinguen también por otros aspectos adicionales (siempre limitándonos a los aspectos principales):

·         La forma tradicional dedica su mayor atención al aspecto sacrificial de la Santa Misa; el sacerdote, in persona Christi, renueva incruentamente el sacrificio de Jesucristo en el Calvario (no en el sentido de que la Misa sea una nueva crucifixión: la que se ritualiza es siempre la misma que se realizó hace veinte siglos); sacrificio no sólo de alabanza y agradecimiento, sino también de satisfacción a Dios, ofendido por nuestros pecados, y de propiciación por los vivos y por los muertos. Así pues, como los sacrificios en el Templo, el rito se concluye con la comida comunitaria: El altar representa al mismo tiempo el Gólgota (y por eso está normalmente sobre elevado) y la mesa de la Última Cena. La Misa en forma ordinaria, sin negar, por supuesto, ninguno de estos aspectos esenciales, pone más bien en relieve el aspecto de la Cena del Señor.

·         En la Misa extraordinaria sólo está permitido usar el latín, mientras que en la Misa Ordinaria casi nunca se utiliza (aunque el Misal de 1970 sea en esa lengua).

·         En la Misa extraordinaria el celebrante está siempre mirando hacia Dios (o sea, hacia la Cruz); en la Misa Ordinaria casi siempre lo hace hacia el pueblo.

·         En la Misa extraordinaria sólo se admite el canto gregoriano o polifónico, mientras que los cantos populares en lengua vernácula se pueden hacer sólo al principio o al final y en cada uno de estos casos se canta a cappella (sin instrumentos) o con órgano. Por el contrario, en la Misa Ordinaria se hace uso ante todo de los cantos populares y se admiten otros instrumentos (especialmente la guitarra, aunque también los banyos y similares).

·         En la Misa Tradicional hay dos lecturas (Evangelio incluido) y se repiten de año en año, mientras que en la Misa de forma Ordinaria las lecturas son tres y el leccionario está organizado en un ciclo trienal, siendo mayor la amplitud de los pasajes de las escrituras.

·         En la Misa antigua no está prevista la concelebración: En las ocasiones solemnes el celebrante es ayudado por un diácono y un subdiácono (comúnmente se la denomina Misa in terzo).

·          En principio, en la Misa extraordinaria las vestiduras del sacerdote y ministro son más clásicas y cuidadas: El celebrante usa el amito y el manípulo (banda de tela que pende del brazo izquierdo como símbolo de fatiga y de dolor, como si sirviese para secarse el sudor de la frente); los monaguillos van, por lo general, con sotana y sobrepelliz y son siempre del género masculino. Entre los colores litúrgicos está previsto también el negro para los funerales. Por el contrario, en la nueva Misa las vestiduras son más… ordinarias: El amito es frecuentemente sustituido por la casulla y el manípulo está obsoleto. El color negro no se utiliza (aunque está permitido: Cfr. Institutio generalis Missalis Romani, n. 346).

Y he aquí la comparación entre los dos Misales:
 


FORMA EXTRAORDINARIA

FORMA ORDINARIA

1.       MISA DE LOS CATECÚMENOS

1.       RITO INTRODUCTORIO

In nomine Patris… (señal de la cruz)

Introibo ad altare Dei… (Me acercaré al altar de Dios…)

     El sacerdote a los pies del altar departe con los ministros o los fieles la antífona y el salmo IUDICA ME, con los cuales se vuelve hacia Dios “que alegra mi juventud” y a cuyo altar va a subir: “Tu luz y Tu verdad me han guiado y conducido a Tu monte santo y a Tus tabernáculos”.
   
Adiutorum nostrum… (Nuestro auxilio es en nombre del Señor).
   
Confiteor… (Yo confieso…)

El sacerdote y después los fieles confiesan haber pecado mucho.

 Subida al altar

      El sacerdote y los fieles giran de nuevo hacia el Altísimo diciendo algunos versículos de la Biblia; entonces el sacerdote sube al altar (normalmente sobre elevado por tres gradas y cubierto de tres manteles bendecidos) y lo besa en honor de los santos cuyas reliquias allí se conservan.

 Introito

Breve antífona y comienza un salmo, del propio de la Misa del día, generalmente cantando.

 Kyrie (repetido 3 veces)

Breve admonición

     El Misal prevé que el sacerdote, que ya se encuentra en el altar (en la práctica siempre vuelto hacia el pueblo), pueda volverse hacia los fieles para introducir y explicar la ceremonia del día.

  





Confiteor… (Yo confieso…)

     Lo dice el sacerdote junto con los fieles, sin ninguna referencia a san Miguel Arcángel y a los santos Juan Bautista, Pedro y Pablo, pero con la feliz adición de los pecados por omisión.
A menudo el Confiteor se sustituye por una nueva fórmula penitencial.
  
Kyrie (repetido 2 veces).

A menudo es sustituido por otra fórmula.

Gloria
 

Colecta (Oración propia del día)
 

Epístola (normalmente de las cartas de san Pablo)
   
Gradual (generalmente cantado)
   
Tracto o aleluya (generalmente cantados)
   
Munda cor meum et labia mea… (Purifica mi corazón y mis labios…)

Primera lectura (por lo común, del Antiguo Testamento)
   
Salmo responsorial
   
Segunda lectura (normalmente de las cartas de san Pablo)
  
Aleluya (generalmente cantado)

Evangelio
  

Homilía
  

2.       MISA DE LOS FIELES

2. LITURGIA DE LA PALABRA

     Antiguamente los catecúmenos, o sea, aquéllos que no habían recibido el bautismo, se salían en este momento al atrio de la iglesia porque se consideraban indignos de participar en los sublimes misterios del Sacrificio renovado de Nuestro Señor.
 Ofertorio (Versículo propio del día, generalmente cantado)
   
Suscipe Sancte Pater

     El sacerdote ofrece en sacrificio a Dios “la víctima inmaculada”, o sea, Jesucristo, “por mis innumerables pecados, ofensas y negligencias y por todos los presentes y también por todos los fieles cristianos vivos y difuntos, a fin de que a mí y a ellos nos aproveche para conseguir la salvación eterna”.
     Ruega también para que seamos partícipes, a través del misterio del pan y del vino, de la divinidad de Jesucristo, que se dignó participar de nuestra humanidad ennobleciéndola hasta tal punto.

 Veni sanctificator

El sacerdote invoca al Santificador.
  
Lavabo… (Lavaré mis manos entre los inocentes)

Mientras recita ese salmo, el sacerdote se purifica las manos.
  
Suscipe Sancta Trinitas

Invocación a la Trinidad y a los santos.
 

Oración de los fieles

Te rogamos, Señor…

Escúchanos, Señor…


  1. LITURGIA EUCARÍSTICA
   

Presentación de las ofrendas

Los fieles llevan las ofrendas al altar.


Bendito seas, Señor

Fórmula hebrea (pero no bíblica) de bendecir los alimentos.


   




  
  
Lávame Señor de toda culpa

El sacerdote se purifica las manos.

Orate frates

(Orad, hermanos, para que este sacrificio mío y vuestro…)
  

Secreta o Super oblata

(Oración propia del día)
  

Prefacio
  

Sanctus o TRISAGHION

(Santo, Santo, Santo)
  

Consagración

     La liturgia tradicional conoce sólo el canon romano, usado al menos desde el siglo V y modificado únicamente por Juan XXIII con la adición de la mención a san José. Es una gran fórmula de consagración (o anáfora) atestiguada desde finales del siglo IV (amplios extractos se contienen en De sacramentis, de san Ambrosio, con la cual, junto con la iglesia universal militante (“dípticos”), el sacerdote, en voz baja intercede por los vivos y por los muertos (los dos “memento”), invoca a los apóstoles y a los mártires de la Iglesia de Roma (“communicantes”), pide a Dios para hacer la oblación “bendita, aprobada, confirmada, razonable y agradable” (anamnesis) , ofreciéndole la víctima (hostia pura, hostia santa, hostia inmaculada, el pan santo de la vida eterna y el cáliz de la eterna salvación), rogándole que la acepte como se dignó aceptar los dones del justo Abel y el sacrificio del patriarca Abrahán; y el que ofreció el sumo sacerdote Melquisedec,  con la finalidad de que estos dones, por las manos del Santo Ángel, sean llevados al sublime altar de Dios y a la presencia de Su Divina Majestad (“supplices te rogamus”); finalmente suplica al Padre, a través del Hijo, que también nos admita a nosotros, pecadores e indignos, en la compañía de sus santos (“nobis quoque peccatoribus”).

     El rito reformado prevé la elección entre múltiples oraciones eucarísticas (o anáforas), la primera de las cuales, muy raramente usada, es el canon romano de la tradición con algunas modificaciones significativas. La más usada (aunque también la más breve) es la segunda anáfora, conocida como de Hipólito, que en realidad sólo está inspirada libremente en una antiquísima oración citada en el siglo III. En particular, las nuevas oraciones eucarísticas se caracterizan por pronunciarse en voz alta, por la presencia de la epíclesis (expresa invocación del Espíritu Santo) y por el hecho de ser intercaladas por “aclamaciones” de los fieles; la más común es: “Proclamamos tu muerte, Señor, y esperamos tu resurrección”. Múltiples y sucesivas “aclamaciones” hay prescritas en las oraciones de consagración para las Misas de los niños, compuestas en un lenguaje bastante llano (“Gloria a ti, Señor, que nos quieres bien”; “un solo corazón, una sola alma, por tu gloria, Señor”). Según lo que ha anunciado la Conferencia Episcopal de Estados Unidos, la Santa Sede tiene la intención de abolir estas infantiles Misas de los niños. Otras oraciones eucarísticas están previstas en la Misa “de la reconciliación” y todavía hay otras en determinados sitios particulares.

Per ipsumo DOXOLOGÍA

Por Cristo, con Cristo y en Cristo…
  


4.       RITOS DE COMUNIÓN

Pater Noster u ORACIÓN DOMINICAL

(Padre Nuestro…)
   
Libera nos o EMBOLISMO

(Líbranos, Señor, de todos los males…)


     El pueblo responde con las palabras: “Tuyo es el reino, el poder y la gloria, por los siglos de los siglos”, fórmula que los protestantes añaden al Padrenuestro.

Pax Domini sit semper vobiscum

(La paz del Señor esté siempre con vosotros)


Daos la paz.

Agnus Dei

(Cordero de Dios)
  
Ecce Agnus Dei

(He aquí el Cordero de Dios)

     El pueblo responde: “Domine non sum dignus…” (Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme) repetido 3 veces.

     El pueblo responde: “Domine non sum dignus…” una sola vez.

Comunión

     La comunión se recibe de rodillas y en la lengua, de manos del sacerdote y con la fórmula: “Corpus Domini nostri Iesu Christi custodiat animam tuam in vitam aeternam. Amen” (El Cuerpo de nuestro Señor Jesucristo guarde tu alma en la vida eterna. Amen)
  
     En la comunión, generalmente se cantan los versículos propios del día.

     La comunión se recibe generalmente de pie, en la lengua o en las manos. Puede ser distribuida también por los laicos “ministros extraordinarios de la Eucaristía” y se usa la fórmula: El Cuerpo de Cristo, respondiéndose: Amén.

Postcomunión

(Oración propia del día)
  

Ite missa est



5.       RITOS DE CONCLUSIÓN

Placeat tibi Sancta Trinitas

     El sacerdote invoca a la Santísima Trinidad para que acoja favorablemente el sacrificio ofrecido.

Avisos y anuncios

     El nuevo Misal permite incluir en este punto avisos y otras comunicaciones.

Bendición
  

Último Evangelio

     El sacerdote lee el prólogo del Evangelio de san Juan, excepto en el Domingo de Ramos.

Ite missa est (Podéis ir en paz).