CONTACTA CON NOSOTROS

La Orden de los Pobres Caballeros de Cristo – Milicia del Temple, es un instituto totalmente nuevo dentro de la Iglesia Católica, aunque inspirado en la antigua Orden.

1º.- No reivindica ninguna sucesión histórico – jurídica con la antigua Orden del Temple abolida en 1314, como lo hacen otras asociaciones autodenominadas “templarias”, que no es otra cosa que una total falsedad.

2º.- No tiene nada que ver con las creencias esotéricas de todas y cada una de estas asociaciones.

3º.- La Santa Sede ha prohibido a la Milicia del Temple tener contactos con este tipo de asociaciones.

Aprobada por la Santa Iglesia Católica, l a Milicia del Temple – Pobres Caballeros de Cristo, se complace en recibir a hombres y mujeres católicos. Por tal motivo, pedimos que cuando se pongan con nosotros en contacto por primera vez, incluyan los siguientes detalles: Su nombre y apellidos, localidad y provincia donde residen, parroquia a la que pertenecen, edad, si conoce a algún caballero o dama personalmente y si no, como se enteró de nosotros. No buscamos en este primer contacto una biografía completa, pero si un pequeño perfil a través del cual comenzar el proceso para tener en consideración su petición de unirse a nosotros.

Nuestra dirección de contacto es: infomilitiatempli@gmail.com

viernes, 5 de octubre de 2012


LAS TÉMPORAS DE ACCIÓN DE GRACIAS

        Según el diccionario de la R.A.E. la palabra témporas significa tiempo de ayuno en el comienzo de cada una de  las cuatro estaciones del año. Etimológicamente se deriva de quattuor tempora (cuatro veces).

        La INSTRUCCIÓN GENERAL DEL MISAL ROMANO[1] las define como días de acción de gracias y de petición que  la comunidad cristiana ofrece a Dios, terminadas las vacaciones y la recolección de las cosechas, al reemprender la actividad habitual. También nos dice que en la elaboración del calendario de la nación indíquense los días de las Rogativas y de las Cuatro Témporas del año, y las formas y los textos para celebrarlas… (Ibidem, § 394, párr. 3.º). Siguiendo tal instrucción, la Conferencia Episcopal española acordó que las antiguas cuatro Témporas se oficiasen una sola vez al año: el 5 de octubre con la posibilidad de celebrarlas en uno o en tres días.

        Las Témporas son instituciones antiquísimas ligadas a las cuatro estaciones del año, a las diversas etapas anuales de la vida de los hombres. En la comunidad cristiana, a través del ayuno y de la oración, en estos días se daban gracias a Dios por los frutos recogidos al mismo tiempo que se rogaba la bendición por los trabajos de los hombres. En un principio eran tres y se celebraban tras la recolección de los productos más importantes: el trigo (junio), la vid (septiembre) y el aceite (diciembre). Después se añadieron las de primavera, coincidiendo con la Cuaresma, que les dio un carácter marcadamente penitencial; de ahí que los miércoles y viernes de la semana de su celebración, además de la asistencia a la eucaristía, se guardase ayuno. Terminaban bien entrada la noche del sábado con una misa, que era la celebración eucarística del domingo.

        Hoy en día, al no ser nuestra sociedad marcadamente agrícola, no tienen el mismo sentido que en la antigüedad, aunque en algunos sitios (sobre todo en monasterios) se siguen celebrando para dar gracias a Dios por los dones recibidos de la tierra y por el esfuerzo del hombre para conseguirlos, pero su finalidad es sobretodo mantener la fe en Dios.

        Para terminar, veamos que nos dice sobre ellas el actual Papa, a la sazón, cardenal Ratzinger[2]:

«Según la tradición de la Iglesia, la primera semana de Cuaresma es la semana de las Cuatro Témporas de primavera. Las Cuatro Témporas representan una tradición peculiar de la Iglesia de Roma; sus raíces se encuentran, por una parte, en el Antiguo Testamento ―donde, por ejemplo, el profeta Zacarías habla de cuatro tiempos de ayuno a lo largo del año―, y por otra, en la tradición de la Roma pagana, cuyas fiestas de la siembra y de la recolección han dejado su huella en estos días. Se nos ofrece así una hermosa síntesis de creación y de historia bíblica, síntesis que es un signo de la verdadera catolicidad. Al celebrar estos días, recibimos el año de manos del Señor; recibimos nuestro tiempo del Creador y Redentor, y confiamos a su bondad siembras y cosechas, dándole gracias por el fruto de la tierra y de nuestro trabajo. La celebración de las Cuatro Témporas refleja el hecho de que “la expectación ansiosa de la creación está esperando la manifestación de los hijos de Dios” (Rom 8,19). A través de nuestra plegaria, la creación entra en la Eucaristía, contribuye a la glorificación de Dios.
»Las Cuatro Témporas recibieron en el siglo V una nueva dimensión significativa; pasaron a ser fiestas de la recolección espiritual de la Iglesia, celebración de las ordenaciones sagradas. Tiene un sentido profundo el orden de las estaciones correspondientes a estos tres días: miércoles, Santa María la Mayor; viernes, los doce Apóstoles; sábado, San Pedro. En el primer día, la Iglesia presenta los ordenandos a la Virgen, a la Iglesia en persona. Al meditar en este gesto, nos viene a la memoria la plegaria mariana del siglo III: “Sub tuum praesidium confugimus”. La Iglesia confía sus ministros a la Madre: “He ahí a tu madre”. Estas palabras del Crucificado nos animan a buscar refugio junto a la Madre. Bajo el manto de la Virgen estamos seguros. En todas nuestras dificultades podemos acudir siempre, con una confianza sin límites, a nuestra Madre. Este gesto del miércoles de las Cuatro Témporas se refiere a nosotros. Como ministros de la Iglesia, somos “asumidos” en virtud de este ofrecimiento que representa el verdadero principio de nuestra ordenación. Confiando en la Madre, nos atrevemos a abrazar nuestro servicio.
»El viernes es el día de los Apóstoles. En calidad de “conciudadanos de los santos y familiares de Dios” somos “edificados sobre el fundamento de los apóstoles y de los profetas” (Ef 2,19-20). Sólo hay verdadero sacerdocio, sólo podemos construir el templo vivo de Dios en el contexto de la sucesión apostólica, de la fe apostólica y de la estructura apostólica. Las ordenaciones mismas tienen lugar en la noche del sábado hasta la mañana del domingo en la basílica de San Pedro. Así expresa la Iglesia la unidad del sacerdocio en la unidad con Pedro, del mismo modo que Jesús, al principio de su vida pública, llama a Pedro y a sus “socios” (Lc 5,10), luego de haber predicado desde la barca de Simón. La primera semana de Cuaresma es la semana de la siembra. Confiamos a la bondad de Dios los frutos de la tierra y el trabajo de los hombres, para que todos reciban el pan cotidiano y la tierra se vea libre del azote del hambre. Confiamos también a la bondad de Dios la siembra de la palabra, para que reviva en nosotros el don de Dios, que hemos recibido por la imposición de las manos del obispo (2 Tim 1,6) en la sucesión de los Apóstoles, en la unidad con Pedro. Damos gracias a Dios porque nos ha protegido siempre en las tentaciones y dificultades, y le pedimos, con las palabras de la oración de la comunión, que nos otorgue su favor, es decir, su amor eterno, Él mismo, el don del Espíritu Santo, y que nos conceda también el consuelo temporal que nuestra frágil naturaleza necesita:
“Perpetuo, Domine, favore prosequere, quos reficis divino mysterio, et quos imbuisti caelestibus institutis, salutaribus comitare solaciis”.
Oramos “por Cristo nuestro Señor”. Oramos bajo el manto de la Madre. Oramos con la confianza de los hijos. Permanecen vigentes las palabras del Redentor: “Confiad; yo he vencido al mundo” (Jn 16,33).»
 

[2] RATZINGER, Joseph, 1990. El camino pascual. 1.ª ed. Madrid: BAC POPULAR, págs. 59-65.