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La Orden de los Pobres Caballeros de Cristo – Milicia del Temple, es un instituto totalmente nuevo dentro de la Iglesia Católica, aunque inspirado en la antigua Orden.

1º.- No reivindica ninguna sucesión histórico – jurídica con la antigua Orden del Temple abolida en 1314, como lo hacen otras asociaciones autodenominadas “templarias”, que no es otra cosa que una total falsedad.

2º.- No tiene nada que ver con las creencias esotéricas de todas y cada una de estas asociaciones.

3º.- La Santa Sede ha prohibido a la Milicia del Temple tener contactos con este tipo de asociaciones.

Aprobada por la Santa Iglesia Católica, l a Milicia del Temple – Pobres Caballeros de Cristo, se complace en recibir a hombres y mujeres católicos. Por tal motivo, pedimos que cuando se pongan con nosotros en contacto por primera vez, incluyan los siguientes detalles: Su nombre y apellidos, localidad y provincia donde residen, parroquia a la que pertenecen, edad, si conoce a algún caballero o dama personalmente y si no, como se enteró de nosotros. No buscamos en este primer contacto una biografía completa, pero si un pequeño perfil a través del cual comenzar el proceso para tener en consideración su petición de unirse a nosotros.

Nuestra dirección de contacto es: infomilitiatempli@gmail.com

viernes, 5 de abril de 2013





SAN BERNARDO DE CLARAVAL. EL PADRE ESPIRITUAL DE LOS TEMPLARIOS.
SU DEVOCIÓN POR LA VIRGEN MARÍA







El Acordaos -oración atribuida a San Bernardo de Clarava!- es la mejor oración para mostrar nuestra confianza en la Virgen María, pues Ella es Madre clementísima; una Madre que está siempre pendiente de todos, y cada uno, de sus hijos. Es la súplica de un hijo que se ve necesitado de los cuidados maternales de María para vencer las tentaciones del enemigo. Un hijo que ruega e implora humildemente, reconociéndose indigno y pecador, la protección siempre poderosa de la Madre de Dios, para que en ningún momento le deje solo. Un hijo que sabe que sin la ayuda de la Virgen no es capaz de salir victorioso en las batallas que tiene que luchar durante esta vida para alcanzar la gloria del Cielo,
En esta oración el alma recuerda a Santa María el motivo de su inquebrantable confianza: jamás la Virgen ha dejado de Socorrer a los que han acudido a Ella buscando su protección, Y Ella presenta ante el trono de la Divina majestad de su Hijo Jesús todas las súplicas y ruegos que se le hacen.

Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestro auxilio, haya sido desamparado. Animado por esta confianza, a Vos acudo, oh Madre, Virgen de las vírgenes, y gimiendo bajo el peso de mis pecados me atrevo a comparecer ante Vos. Oh madre de Dios, no desechéis mis súplicas, antes bien, escuchadlas y acogedlas benigna mente. Amén.
Memoráre, o piisima Virgo María, non esse auditum a saéculo, quemquam ad tua curréntem praesídia, tua implorántem auxilia, tua peténtem suffrágia esse derelíctum. Ego tali animátus confidéntia ad te, Virgo Vírginum, Mater, curro; ad te vénio; coram te gemens peccátor assísto. Noli, Mater Verbi, verba mea despícere, sed audi propítia et exáudi. Amen

Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestro asistencia, y reclamando vuestro socorro, haya sido nunca abandonado de vos. Animado por esta confianza, a Vos acudo, ¡Oh Madre, Virgen de las vírgenes!, y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a comparecer ante Vuestra presencia soberana. ¡Oh madre de Dios!, no desechéis mis súplicas, antes bien, escuchadlas y acogedlas benignamente. Amén.