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La Orden de los Pobres Caballeros de Cristo – Milicia del Temple, es un instituto totalmente nuevo dentro de la Iglesia Católica, aunque inspirado en la antigua Orden.

1º.- No reivindica ninguna sucesión histórico – jurídica con la antigua Orden del Temple abolida en 1314, como lo hacen otras asociaciones autodenominadas “templarias”, que no es otra cosa que una total falsedad.

2º.- No tiene nada que ver con las creencias esotéricas de todas y cada una de estas asociaciones.

3º.- La Santa Sede ha prohibido a la Milicia del Temple tener contactos con este tipo de asociaciones.

Aprobada por la Santa Iglesia Católica, l a Milicia del Temple – Pobres Caballeros de Cristo, se complace en recibir a hombres y mujeres católicos. Por tal motivo, pedimos que cuando se pongan con nosotros en contacto por primera vez, incluyan los siguientes detalles: Su nombre y apellidos, localidad y provincia donde residen, parroquia a la que pertenecen, edad, si conoce a algún caballero o dama personalmente y si no, como se enteró de nosotros. No buscamos en este primer contacto una biografía completa, pero si un pequeño perfil a través del cual comenzar el proceso para tener en consideración su petición de unirse a nosotros.

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jueves, 23 de mayo de 2013






EL EVANGELIO DEL REINO DE DIOS

   Con este título el papa Benedicto XVI dedica el capítulo tercero de su libro Jesús de Nazaret, I Parte, desde el Bautismo a la Transfiguración[1]. Comoquiera que ha sido el impulsor de lo que se ha dado en denominar la reevangelización [2], en el Año de la Fe que nos encontramos, bueno será recordar sus propias palabras sobre el Evangelio del Reino de Dios.

   La palabra evangelio forma parte del lenguaje de los emperadores romanos, que se consideraban señores del mundo, sus salvadores, sus libertadores. Las proclamas que procedían del emperador se llamaban evangelios, independientemente de que su contenido fuera especialmente alegre y agradable.

   Cuando los evangelistas toman esta palabra quieren decir que se trata de un mensaje con autoridad que no es sólo palabra, sino también realidad.

   El contenido central del Evangelio es que el Reino de Dios está cerca, anuncio que constituye realmente el centro de las palabras y la actividad de Jesús. La expresión Reino de Dios aparece en el Nuevo Testamento 122 veces; de ellas 99 se encuentran en los tres Evangelios sinópticos y 90 están en boca de Jesús. En el Evangelio de Juan y en los demás escritos del Nuevo Testamento el término tiene sólo un papel marginal. Se puede decir que, mientras el eje de la predicación de Jesús antes de la Pascua es el anuncio de Dios, la cristología es el centro de la predicación apostólica después de la Pascua.

   ¿Significa esto un alejamiento del verdadero anuncio de Jesús? ¿Es cierto lo que dice Rudolf Bultmann de que el Jesús histórico no tiene cabida en la teología del Nuevo Testamento, sino que por el contrario debe ser tenido aún como un maestro judío que, aunque deba ser considerado como uno de los presupuestos esenciales del Nuevo Testamento, no forma parte personalmente de él?

   Otra variante de estas concepciones que abren una fosa entre Jesús y el anuncio de los apóstoles se encuentra en la afirmación, que se ha hecho famosa, del modernista católico Alfred Loisy: Jesús anunció el Reino de Dios y ha venido la Iglesia. Son palabras que dejan transparentar cierta ironía, pero también tristeza: en lugar del tan esperado Reino de Dios, del mundo nuevo transformado por Dios mismo, ha llegado algo que es completamente diferente —¡y qué miseria!—: la Iglesia.

   ¿Es eso cierto? La formación del cristianismo en el anuncio apostólico, en la Iglesia edificada por él, ¿significa en realidad que se pasa de una esperanza frustrada a otra cosa diversa? El cambio del sujeto Reino de Dios por el de Cristo (y con ello el surgir de la Iglesia), ¿supone verdaderamente el derrumbamiento de una promesa, la aparición de algo distinto?

   La pregunta sobre la Iglesia no es una cuestión primaria; la pregunta fundamental se refiere en realidad a la relación entre el Reino de Dios y Cristo. De ello depende después cómo hemos de entender la Iglesia.

   Antes de profundizar en las palabras de Jesús para comprender su anuncio, puede ser útil considerar brevemente cómo se ha interpretado la palabra reino en la historia de la Iglesia. En la interpretación que los Santos Padres hacen de esta palabra clave podemos observar tres dimensiones.

   En primer lugar la dimensión cristológica. Orígenes ha descrito a Jesús como autobasileía, es decir, como el reino en persona. Jesús mismo es el reino.


Orígenes de Alejandría

   Una segunda línea interpretativa del significado de Reino de Dios, que podríamos definir como idealista o también mística, considera que el Reino de Dios se encuentra esencialmente en el interior del hombre. Esta corriente fue iniciada por Orígenes, que en su tratado Sobre la oración dice: Quien pide en la oración la llegada del Reino de Dios, ora sin duda por el Reino de Dios que lleva en sí mismo, y ora para que ese reino dé fruto y llegue a su plenitud… Puesto que en las personas santas reina Dios [es decir, está el reinado, el Reino de Dios]… Así, si queremos que Dios reine en nosotros [que su reino esté en nosotros], en modo alguno debe reinar el pecado en nuestro cuerpo mortal [Rm 6,12]… Entonces Dios se paseará en nosotros como en un paraíso espiritual [Gn 3,8] y, junto con su Cristo, será el único que reinará en nosotros… La idea de fondo es clara: el Reino de Dios no se encuentra en ningún mapa. Su lugar está en el interior del hombre. Allí crece y desde allí actúa.

   La tercera dimensión en la interpretación del Reino de Dios podríamos denominarla eclesiástica: en ella el Reino de Dios y la Iglesia se relacionan entre sí de diversas maneras y estableciendo entre ellos una mayor o menor identificación.

Esta última tendencia se ha ido imponiendo cada vez más sobre todo en la teología católica de la época moderna, aunque nunca se ha perdido de vista totalmente la interpretación centrada en la interioridad del hombre y en la conexión con Cristo.

   Volvamos, pues, al Evangelio, al auténtico Jesús. Nuestra crítica principal a esta idea secular-utópica del reino era: Dios ha desaparecido. Ya no se necesita e incluso estorba. Pero Jesús ha anunciado el Reino de Dios, no otro reino cualquiera. Es verdad que Mateo habla del reino de los cielos, pero la palabra cielo es otro modo de nombrar a Dios, palabra que en el judaísmo se trataba de evitar por respeto al misterio de Dios, en conformidad con el segundo mandamiento. Por tanto, con la expresión reino de los cielos se habla de Dios que está tanto aquí como allá.

   Podemos decirlo de un modo más explícito: hablando del Reino de Dios, Jesús anuncia simplemente a Dios, es decir, al Dios vivo, que es capaz de actuar en el mundo y en la historia de un modo concreto.

   Pero ahora debemos intentar precisar algo más el contenido del mensaje de Jesús sobre el reino desde el punto de vista de su contexto histórico. El anuncio de la soberanía de Dios se funda —como todo el mensaje de Jesús— en el Antiguo Testamento, que Él lee en su movimiento progresivo que va desde los comienzos con Abraham hasta su hora como una totalidad y que lleva directamente a Jesús.

   El mensaje de Jesús acerca del reino recoge afirmaciones que expresan la escasa importancia de este reino en la historia: es como un grano de mostaza, la más pequeña de todas las semillas. Es como la levadura, una parte muy pequeña en comparación con la masa, pero determinante para el resultado final.


El mensaje de Jesús

   Vemos con más detalle al menos un texto como ejemplo de la dificultad de entender el mensaje de Jesús, siempre tan lleno de claves secretas. Lucas 17,20s nos dice: A unos fariseos que le preguntaban cuándo iba a llegar el Reino de Dios, Jesús les contestó: “El Reino de Dios vendrá sin dejarse ver, ni anunciarán que está aquí o allá; porque mirad, el Reino de Dios está entre vosotros”.

   Hay una interpretación idealista que nos dice: el Reino de Dios no es una realidad exterior, sino algo que se encuentra en el interior del hombre. En ello hay mucho de cierto, pero también desde el punto de vista lingüístico esta interpretación resulta insuficiente.

   El tema del Reino de Dios impregna toda la predicación de Jesús. Por eso sólo podemos entenderlo desde la totalidad de su mensaje.





[1] RATZINGER, Joseph. 2007. Jesús de Nazaret, Primera parte, desde el Bautismo a la Transfiguración. 1.ª edición, septiembre de 2007. Madrid: La Esfera de los Libros, S.L. Páginas 73 a 90.
[2] Sobre ella habló el papa a los periodistas que le acompañaban en su vuelo desde Roma a Santiago de Compostela el día 6 de noviembre del 2007.