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La Orden de los Pobres Caballeros de Cristo – Milicia del Temple, es un instituto totalmente nuevo dentro de la Iglesia Católica, aunque inspirado en la antigua Orden.

1º.- No reivindica ninguna sucesión histórico – jurídica con la antigua Orden del Temple abolida en 1314, como lo hacen otras asociaciones autodenominadas “templarias”, que no es otra cosa que una total falsedad.

2º.- No tiene nada que ver con las creencias esotéricas de todas y cada una de estas asociaciones.

3º.- La Santa Sede ha prohibido a la Milicia del Temple tener contactos con este tipo de asociaciones.

Aprobada por la Santa Iglesia Católica, l a Milicia del Temple – Pobres Caballeros de Cristo, se complace en recibir a hombres y mujeres católicos. Por tal motivo, pedimos que cuando se pongan con nosotros en contacto por primera vez, incluyan los siguientes detalles: Su nombre y apellidos, localidad y provincia donde residen, parroquia a la que pertenecen, edad, si conoce a algún caballero o dama personalmente y si no, como se enteró de nosotros. No buscamos en este primer contacto una biografía completa, pero si un pequeño perfil a través del cual comenzar el proceso para tener en consideración su petición de unirse a nosotros.

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domingo, 19 de mayo de 2013


Interesante artículo del Diario El Mundo sobre los problemas que padecen los Cristianos en un país como Pakistan de mayoría musulmana. 

Enlace:

Fuente: Diario el Mundo 19/05/2013

Los cristianos de Pakistán

Pakistaníes, en la misa del domingo en la iglesia de la Resurrección en Lahore. | M. B.

Pakistaníes, en la misa del domingo en la iglesia de la Resurrección en Lahore. | M. B.
     Comulgan y rezan el Credo como en un país cristiano, pero son pakistaníes y viven en Lahore, la capital de la provincia del Punjab, la más poblada de Pakistán, en el este del país. Las calles de la ciudad están casi desiertas el domingo a las ocho y media de la mañana, el día de descanso semanal en el país, pero ya hay fieles en la iglesia de la Resurrección, una catedral edificada por los británicos en 1877, que ahora se levanta mastodóntica en medio de las mezquitas en Lahore.

"El cristianismo existe en esta zona desde el siglo primero. Comerciantes armenios lo trajeron aquí", explica el obispo emérito de Lahore, Alexander John Malik, como diciendo que ellos no son unos intrusos, hace centurias que están ahí, aunque Pakistán se declare ahora una república islámica y los cristianos sean minoría.

Cada domingo por la mañana hay misa en la iglesia de la Resurrección. Primero en inglés, y después en urdú, la lengua oficial de Pakistán. La catedral está rodeada de un muro, y un policía con pose de holgazán hace guardia en la entrada, sin molestarse demasiado a registrar a aquellos que acceden al recinto.

Dentro de la iglesia, la misa es como en un país cristiano, si no fuera por el calor sofocante y el sermón del sacerdote que recuerdan que aquello es Pakistán. "Hay gente que es civilizada y condena a los terroristas que matan cada día", explica el cura. Las oraciones son por las elecciones parlamentarias que se celebraron el pasado 11 de mayo en el país. Y por la paz, tan efímera a veces en Pakistán.

"Los estudiantes universitarios obtienen veinte puntos extra si saben recitar de memoria el Corán", el obispo Malik empieza enumerando algunos de los agravios que sufren los cristianos en el país. Aunque sean alumnos brillantes, sus calificaciones siempre serán inferiores por no estudiar el libro sagrado del islam.

"Tampoco podemos recibir ayudas sociales", añade, y pone un ejemplo. "Cuando hay un terremoto o cualquier otro desastre natural, no tenemos derecho a ayuda porque nos dicen que proviene del zakah", se queja, en referencia a la aportación a la comunidad que los musulmanes hacen por prescripción coránica para en teoría ayudar a los necesitados, sea cual sea su religión, pero que en Pakistán sólo reparten entre sus iguales, según el obispo Malik.

Sin embargo, lo peor es la ley de blasfemia, asegura. Aprobada durante el régimen del general Zia-ul Haq en los años ochenta, establece que nadie puede decir nada en contra del Corán y el profeta Mahoma y, cuando se pronuncia su nombre, todo el mundo debe contestar "la paz esté con él". "Ése no es el problema, sino el mal uso de la ley", lamenta el religioso. Es decir, que acusen a los cristianos de haber blasfemado, cuando no lo hicieron, algo que ha ocurrido en múltiples ocasiones.

El gobernador de la provincia de Punjab, Salman Tasir -del Partido del Pueblo de Pakistán, de la desaparecida Benazir Bhutto-, fue asesinado en 2011 por proponer una revisión de la ley. Ahora es impensable que ningún otro partido ni político se meta en camisa de once varas, planteando una modificación legislativa. Ni tan siquiera la Liga Musulmana del ex primer ministro Nawaz Sharif, dice el obispo, aunque haya ganado holgadamente las elecciones legislativas. A los cristianos en Pakistán les queda la misa de los domingos por la mañana, y la fe que, dicen, mueve montañas.