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La Orden de los Pobres Caballeros de Cristo – Milicia del Temple, es un instituto totalmente nuevo dentro de la Iglesia Católica, aunque inspirado en la antigua Orden.

1º.- No reivindica ninguna sucesión histórico – jurídica con la antigua Orden del Temple abolida en 1314, como lo hacen otras asociaciones autodenominadas “templarias”, que no es otra cosa que una total falsedad.

2º.- No tiene nada que ver con las creencias esotéricas de todas y cada una de estas asociaciones.

3º.- La Santa Sede ha prohibido a la Milicia del Temple tener contactos con este tipo de asociaciones.

Aprobada por la Santa Iglesia Católica, l a Milicia del Temple – Pobres Caballeros de Cristo, se complace en recibir a hombres y mujeres católicos. Por tal motivo, pedimos que cuando se pongan con nosotros en contacto por primera vez, incluyan los siguientes detalles: Su nombre y apellidos, localidad y provincia donde residen, parroquia a la que pertenecen, edad, si conoce a algún caballero o dama personalmente y si no, como se enteró de nosotros. No buscamos en este primer contacto una biografía completa, pero si un pequeño perfil a través del cual comenzar el proceso para tener en consideración su petición de unirse a nosotros.

Nuestra dirección de contacto es: infomilitiatempli@gmail.com

domingo, 26 de mayo de 2013


SOBRE EL MISTERIO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

   La Trinidad es un dogma central sobre la naturaleza de Dios en la religión cristiana, a través del cual se afirma que Dios es simultáneamente uno y trino (hipóstasis): Padre, Hijo y Espíritu Santo.


Esquema de la Santísima Trinidad

   Fue Tertuliano, alrededor del año 215, el que primero utilizó la palabra trinitas para indicar que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son una unidad:

«Unitatem in trinitatem disponit, tres dirigens patrem et filium et spiritum, tres autem non statu sed gradu, nec substantia sed forma, nec potestate sed specie, unius autem substantiae et unius status et unius potestatis.» (Adversus Praxeam II,4).

«La unidad en la trinidad dispone a los tres, dirigiéndose al padre y al hijo y al espíritu, pero los tres no tienen diferencia de estado ni de grado, ni de substancia ni de forma, ni de potestad ni de especie, pues son de una misma sustancia, y de un grado y de una potestad.» (Contra Práxeas II,4).

   Anteriormente se utilizaba el vocablo griego triás (tríada). A partir de Tertuliano se fue extendiendo trinitas para generalizarse alrededor del s. IV, sobre todo a partir del Concilio de Nicea (año 325), en el que, para luchar contra el arrianismo, se aprobó el Credo, que desde entonces constituye la piedra angular de la fe cristiana. Todo él gira en torno a la Trinidad; así, su primer párrafo, está dedicado al Padre, mientras que el segundo y más extenso —que constituye su núcleo central— se refiere al Hijo, a Nuestro Señor Jesucristo, siendo el tercero el que se ocupa del Espíritu Santo. No vamos a dedicarnos aquí a las polémicas que surgieron en aquella época y que fueron resueltas por el Concilio de Constantinopla del año 381, donde se forjó definitivamente lo que ahora se conoce como el credo niceo-constantinopolitano.

   Muchísimos han sido los autores cristianos que se han ocupado de la Santísima Trinidad. Uno de los más grandes de toda la Cristiandad, san Agustín de Hipona, en su libro Los dogmas de la Iglesia, nos dice así en su capítulo I:

«Creemos en un solo Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Padre porque tiene un Hijo; Hijo porque tiene un Padre; Espíritu Santo porque procede del Padre y del Hijo. Así, pues, el Padre es el principio de la divinidad, y como siempre fue Dios, así también fue siempre Padre. De Él nació el hijo; pero no nació de Él el Espíritu Santo, porque este no es Hijo, y tampoco es ingénito, pero no es Padre; y no es hecho porque no viene de la nada; sino que es Dios procedente de Dios Padre y de Dios Hijo.
»El Padre es eterno, porque tiene un Hijo del que es Padre desde toda la eternidad. El Hijo es eterno, pues es coeterno con el Padre. El Espíritu Santo es eterno, puesto que es coeterno con el Padre y el Hijo.
»La Trinidad no se confunde con una sola persona, como afirma Sabelio; y la divinidad no está separada o dividida en cuanto a naturaleza, como dice blasfemamente Arrio. En cuanto a la persona uno es el Padre, uno es el Hijo y uno es el Espíritu Santo. Así, en cuanto a la naturaleza hay un solo Dios, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo en la Santa Trinidad.»


La Santísima Trinidad

   Actualmente, el Catecismo de la Iglesia Católica, aprobado por la Carta Apostólica Lætamur magnopere, del papa Juan-Pablo II, el 15 de agosto de 1997, proclama de la Santísima Trinidad:

«232. Los cristianos son bautizados "en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo" (Mt 28,19). Antes responden "Creo" a la triple pregunta que les pide confesar su fe en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu: Fides omnium christianorum in Trinitate consistit ("La fe de todos los cristianos se cimenta en la Santísima Trinidad") (San Cesáreo de Arlés, Expositio symboli [sermo 9]).»
«253. La Trinidad es una. No confesamos tres dioses sino un solo Dios en tres personas: “La Trinidad consubstancial” (Concilio de Constantinopla II, año 553). Las personas divinas no se reparten la única divinidad, sino que para cada una de ellas es enteramente Dios: “El Padre es lo mismo que es el Hijo, el Hijo lo mismo que es el Padre, el Padre y el Hijo lo mismo que el Espíritu Santo, es decir, un solo Dios por naturaleza” (Concilio de Toledo XI, año 675). “Cada una de las tres personas es esta realidad, es decir, la substancia, la esencia o la naturaleza divina” (Concilio de Letrán IV, año 1215).»

«254. Las Personas divinas son realmente distintas entre sí. "Dios es único pero no solitario" (Fides Damasi). "Padre", "Hijo", Espíritu Santo" no son simplemente nombres que designan modalidades del ser divino, pues son realmente distintos entre sí: "El que es el Hijo no es el Padre, y el que es el Padre no es el Hijo, ni el Espíritu Santo el que es el Padre o el Hijo" (Concilio de Toledo XI, año 675). Son distintos entre sí por sus relaciones de origen: "El Padre es quien engendra, el Hijo quien es engendrado, y el Espíritu Santo es quien procede" (Concilio de Letrán IV, año 1215). La Unidad divina es Trina.»
«255. Las Personas divinas son relativas unas a otras. La distinción real de las Personas entre sí, porque no divide la unidad divina, reside únicamente en las relaciones que las refieren unas a otras: "En los nombres relativos de las personas, el Padre es referido al Hijo, el Hijo lo es al Padre, el Espíritu Santo lo es a los dos; sin embargo, cuando se habla de estas tres Personas considerando las relaciones se cree en una sola naturaleza o substancia" (Concilio de Toledo XI, año 675). En efecto, "en Dios todo es uno, excepto lo que comporta relaciones opuestas" (Concilio de Florencia, año 1442). "A causa de esta unidad, el Padre está todo en el Hijo, todo en el Espíritu Santo; el Hijo está todo en el Padre, todo en el Espíritu Santo; el Espíritu Santo está todo en el Padre, todo en el Hijo" (Concilio de Florencia, año 1442).»
«261 El misterio de la Santísima Trinidad es el misterio central de la fe y de la vida cristiana. Sólo Dios puede dárnoslo a conocer revelándose como Padre, Hijo y Espíritu Santo.»
   Finalmente y como dato curioso, en el primer texto conocido de la lengua española, su primer vagido, la Glosa 89, Folio 72r, Códice 60, de las Glosas Emilianenses, aparece también la invocación a la Santísima Trinidad:

«Cono aiutorio de nuestro dueno
dueno Christo dueno Salvatore
qual dueno get ena honore
e qual duenno tienent ela mandatione
cono patre cono spiritu sancto
enos sieculos de los sieculos»


Códice 60 de las Glosas Emilianenses
Ldo. Pedro López Martínez