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La Orden de los Pobres Caballeros de Cristo – Milicia del Temple, es un instituto totalmente nuevo dentro de la Iglesia Católica, aunque inspirado en la antigua Orden.

1º.- No reivindica ninguna sucesión histórico – jurídica con la antigua Orden del Temple abolida en 1314, como lo hacen otras asociaciones autodenominadas “templarias”, que no es otra cosa que una total falsedad.

2º.- No tiene nada que ver con las creencias esotéricas de todas y cada una de estas asociaciones.

3º.- La Santa Sede ha prohibido a la Milicia del Temple tener contactos con este tipo de asociaciones.

Aprobada por la Santa Iglesia Católica, l a Milicia del Temple – Pobres Caballeros de Cristo, se complace en recibir a hombres y mujeres católicos. Por tal motivo, pedimos que cuando se pongan con nosotros en contacto por primera vez, incluyan los siguientes detalles: Su nombre y apellidos, localidad y provincia donde residen, parroquia a la que pertenecen, edad, si conoce a algún caballero o dama personalmente y si no, como se enteró de nosotros. No buscamos en este primer contacto una biografía completa, pero si un pequeño perfil a través del cual comenzar el proceso para tener en consideración su petición de unirse a nosotros.

Nuestra dirección de contacto es: infomilitiatempli@gmail.com

martes, 6 de agosto de 2013


Basílica de la Transfiguración, en el Monte Tabor. Foto del Autor.

LA TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR


El Evangelio de san Marcos (9,2-10) nos dice:

«Seis días después, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús:
-“Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.”
Estaban asustados, y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube:
-“Éste es mi Hijo amado; escuchadlo.”
De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó:
-“No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.”
Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de “resucitar de entre los muertos”.

Nada nos dice san Marcos sobre qué monte sucedieron los hechos. Solamente nos afirma que era “una montaña alta”. En igual sentido se expresa san Mateo (17,1): “los llevó a un monte elevado”. Sin embargo, la tradición, desde el s. II, señala que la escena sucedió en el monte Tabor, localizado en la baja Galilea, a unos 17 km del oeste del mar de Galilea. Tiene una altura de 575 msnm. Si ahora su subida es muy sinuosa, en el tiempo de los hechos sería tal vez la misma pero menos cómoda. En la actualidad, por motivos de seguridad y ecológicos, según afirma la policía local, solamente se permite su subida a través de una cooperativa de taxis, con capacidad para 7-10 personas cada uno de ello, debido a la angostura de la carretera.

La Transfiguración de Jesús representa uno de los acontecimientos centrales en su vida terrenal que se encuentra relatado en los Evangelios. La escena está perfectamente representada en el altar mayor de la Basílica de la Transfiguración, en el monte Tabor:


Altar mayor de la Basílica de la Transfiguración, en el monte Tabor. 

   La escena nos muestra a dos personajes del Antiguo Testamento: uno más viejo, Elías, a la izquierda de Jesús, y otro más joven, Moisés, a su derecha. El primero representa a los profetas, el segundo a la ley. Y Jesús, a los profetas y a la ley. Elías representa, también, a los vivos por cuanto fue elevado vivo al cielo en un carro de fuego, según la tradición bíblica. Moisés representa a los muertos, porque murió como todo humano. Y Jesús a vivos y muertos.

   En una capilla lateral de la citada Basílica, se representa a Elías invocando a Dios entre un altar lleno de leños y una enorme columna de fuego. Después de una sequía de tres años, Dios envió al profeta Elías ante el rey Acab con promesa de enviar las lluvias si dejaban de adorar a Baal. Con la finalidad de que Acab pudiera comprobar quién era el verdadero Dios, Elías le hizo una propuesta: reuniría a todo el pueblo de Israel, junto con los sacerdotes de Baal, en el monte Carmelo. Elevarían dos altares, uno para los sacerdotes de Baal y otro para Elías, que era siervo del verdadero Dios. En ambos altares se ofrecerían sacrificios y aquél altar que antes hiciera el fuego sería reconocido como el Dios verdadero. Los sacerdotes de Baal intentaron encender el fuego, día y noche, sin éxito. Elías ordenó empapar los leños de su altar con agua. A continuación el profeta oró y de repente cayó un gran fuego del cielo que prendió fuego a los leños del altar e hizo evaporar el agua. Siguió orando y los cielos se abrieron y lluvias abundantes cayeron sobre la seca tierra. Tanto el rey Acab como el pueblo de Israel aclamaron como verdadero al Dios de Elías.


Elías. Basílica de la Transfiguración, en el Monte Tabor. Foto del Autor

En el otro extremo de la capilla encontramos a Moisés, sentado en una especie de trono y portando en su mano izquierda las tablas de la Ley que Dios le confirió. De ahí que represente a la Ley.


Moisés. Basílica de la Transfiguración, en el Monte Tabor. Foto del autor.

   El obispo Anastasio Sinaíta (s. VII), en su homilía Sermón en el día de la Transfiguración del Señor, que puede leerse en el Oficio de Lecturas del día de hoy, 6 de agosto, nos expresa con estas palabras el misterio de la Transfiguración:

   «El misterio que hoy celebramos lo manifestó Jesús a sus discípulos en el monte Tabor. En efecto, después de haberles hablado, mientras iba con ellos, acerca del reino y de su segunda venida gloriosa, teniendo en cuenta que quizá no estaban muy convencidos de lo que les ha anunciado acerca del reino, y deseando infundir en sus corazones una firmísima e íntima convicción, de modo que por lo presente creyeran en lo futuro, realizó ante sus ojos aquella admirable manifestación, en el monte Tabor, como una imagen prefigurativa del reino de los cielos. Era como si les dijese: «El tiempo que ha de transcurrir antes de que se realicen mis predicciones no ha de ser motivo de que vuestra fe se debilite, y, por esto, ahora mismo, en el tiempo presente, os aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin haber visto llegar al Hijo del hombre con la gloria del Padre…»



La Transfiguración del Señor. Monasterio de Slătioara (Suceava, Rumanía) Foto del autor.

Autor: dom. Pedro López Martínez.