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La Orden de los Pobres Caballeros de Cristo – Milicia del Temple, es un instituto totalmente nuevo dentro de la Iglesia Católica, aunque inspirado en la antigua Orden.

1º.- No reivindica ninguna sucesión histórico – jurídica con la antigua Orden del Temple abolida en 1314, como lo hacen otras asociaciones autodenominadas “templarias”, que no es otra cosa que una total falsedad.

2º.- No tiene nada que ver con las creencias esotéricas de todas y cada una de estas asociaciones.

3º.- La Santa Sede ha prohibido a la Milicia del Temple tener contactos con este tipo de asociaciones.

Aprobada por la Santa Iglesia Católica, l a Milicia del Temple – Pobres Caballeros de Cristo, se complace en recibir a hombres y mujeres católicos. Por tal motivo, pedimos que cuando se pongan con nosotros en contacto por primera vez, incluyan los siguientes detalles: Su nombre y apellidos, localidad y provincia donde residen, parroquia a la que pertenecen, edad, si conoce a algún caballero o dama personalmente y si no, como se enteró de nosotros. No buscamos en este primer contacto una biografía completa, pero si un pequeño perfil a través del cual comenzar el proceso para tener en consideración su petición de unirse a nosotros.

Nuestra dirección de contacto es: infomilitiatempli@gmail.com

jueves, 10 de octubre de 2013

La custodia franciscana de Tierra Santa
Los franciscanos custodian los santuarios cristianos, manteniendo el servicio litúrgico en los mismos y acogiendo espiritualmente a los peregrinos que llegan de todo el mundo
La custodia franciscana de Tierra Santa
La custodia franciscana de Tierra Santa

San Francisco de Asís viajó ciertamente a Oriente, donde permaneció varios meses de la segunda mitad de 1219 y la primera de 1220. En Damieta (Egipto) se encontró con el sultán Malek-el-Kamel. Aquel encuentro significó el comienzo de un nuevo espíritu en las relaciones de la Cristiandad con el Islam, el espíritu de diálogo y comprensión que el Santo inculcó en su Regla a los frailes que eran enviados a la misión entre infieles: misión con el testimonio de la propia vida, antes que con la palabra.

La tradición quiere que San Francisco, en dicho viaje, llegara a la misma Tierra Santa. Sin entrar en indagaciones de crítica histórica, lo que cabe decir es que el Santo no pudo ver satisfecho su ardiente deseo de visitar los Santos Lugares que Cristo santificó en su vida y su muerte: Jerusalén, Belén, Nazaret, etc. En cualquier caso, el amor especial de la Orden Franciscana a Tierra Santa se remonta al mismo Fundador, quien supo infundir sus propios sentimientos en los frailes sus hermanos. De hecho, aún en vida del Santo, el Capítulo general de 1217, que dividió la Orden en Provincias, ya instituyó, como expresión de su voluntad y de su ilusión misionera respecto a los Santos Lugares, la Provincia de Tierra Santa, confirmada en 1263 por el Capítulo general de Pisa. La presencia franciscana en Tierra Santa, que con diversas vicisitudes se ha mantenido siempre, adquirió estabilidad y carácter oficial de parte de la Iglesia en 1342, año en que el papa Clemente VI promulgó dos Bulas: la «Gratias agimus» y la «Nuper carissimae», en las que encomendó a la Orden Franciscana la «custodia de los Santos Lugares». Cuando recientemente, en 1992, se cumplieron los 650 años de tales Bulas, Juan Pablo II envió al Ministro General de la Orden un mensaje de felicitación a la vez que de exhortación a perseverar en el encargo recibido de la Iglesia.

Desde 1333 los frailes estaban establecidos en el Cenáculo, junto al que habían fundado un convento, y oficiaban en la basílica del Santo Sepulcro. Todo ello había sido posible gracias a la generosa ayuda de los reyes de Nápoles, Roberto de Anjou y Sancha de Mallorca, que habían comprado a los musulmanes el lugar del Cenáculo en el Monte Sión y pagado por el derecho a oficiar en el Santo Sepulcro.


Fuente Catholic.net. Para ver el articulo completo seguir el enlace: