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La Orden de los Pobres Caballeros de Cristo – Milicia del Temple, es un instituto totalmente nuevo dentro de la Iglesia Católica, aunque inspirado en la antigua Orden.

1º.- No reivindica ninguna sucesión histórico – jurídica con la antigua Orden del Temple abolida en 1314, como lo hacen otras asociaciones autodenominadas “templarias”, que no es otra cosa que una total falsedad.

2º.- No tiene nada que ver con las creencias esotéricas de todas y cada una de estas asociaciones.

3º.- La Santa Sede ha prohibido a la Milicia del Temple tener contactos con este tipo de asociaciones.

Aprobada por la Santa Iglesia Católica, l a Milicia del Temple – Pobres Caballeros de Cristo, se complace en recibir a hombres y mujeres católicos. Por tal motivo, pedimos que cuando se pongan con nosotros en contacto por primera vez, incluyan los siguientes detalles: Su nombre y apellidos, localidad y provincia donde residen, parroquia a la que pertenecen, edad, si conoce a algún caballero o dama personalmente y si no, como se enteró de nosotros. No buscamos en este primer contacto una biografía completa, pero si un pequeño perfil a través del cual comenzar el proceso para tener en consideración su petición de unirse a nosotros.

Nuestra dirección de contacto es: infomilitiatempli@gmail.com

viernes, 15 de noviembre de 2013

UN GRAN TEMPLARIO: RAMÓN SA GUARDIA

       Perteneciente a la nobleza del Rosellón, Ramón Sa Guardia era hermano de Pons, señor de Canet-en-Roussillon, y de Berenguer, obispo de Vich, en Cataluña, al mismo tiempo que una hermana suya era abadesa de Santa María del Valdaura, al otro lado de los Pirineos.
      
Admitido en la Orden del Temple en Zaragoza en 1274 por Pedro de Moncada, llegó a ser preceptor de Masdéu (1292), después de Peñíscola (desde julio de 1295 hasta marzo de 1298) y de nuevo de Masdéu.

Después del arresto de Exemen de Lenda, maestre de Aragón, Ramón, en su calidad de lugarteniente, asume el mando de los templarios de la región. Como soldado de Cristo, no reconociendo otra autoridad que no fuese la del papa, Ramón ordena a sus compañeros atrincherarse en sus castillos y resistir a ultranza con las armas en la mano. Él mismo se encierra en el castillo de Miravet. En diciembre de 1307, Ramón escribe una carta al rey Jaime II de Aragón y a la reina Blanca de Anjou, en la que recuerda a los soberanos que sus conquistas en España, así como las de sus antecesores, son consecuencia del sacrificio y abnegación de la Orden. Jaime responderá, en enero de 1308, obligándole a someterse a la Inquisición, pero la respuesta de Ramón será una invitación a todos los templarios supervivientes a defenderse con toda energía.

A la enésima advertencia, Ramón se declara dispuesto a responder ante el papa, pero si las acusaciones son de herejía, él y sus caballeros estarán preparados para morir con las armas en la mano en los castillos conquistados a los moros con el precio de su sangre. Incluso, algunos meses más tarde, Ramón repite que aceptará las decisiones del papa siempre que sean canonicas et legitimas ya que, en otro caso, serán las armas las que decidan. En noviembre, el rey de Aragón redacta una recapitulación de Miravet a través de un documento que establece una modalidad de rendición templaria de la forma más honorable posible, pero Ramón no acepta, quiere una respuesta de la única autoridad que reconoce: la del papa. Antes del verano de 1309, los castillos en poder de los templarios caen uno tras otro bajo la persecución de las superiores fuerzas reales, pero sobre todo para evitar derramamiento de sangre cristiana. El rey concede a Ramón permanecer en Miravet pero el preceptor, que había sido conducido antes a Lérida y después a Barcelona, pide al papa autorización para entrar en Masdéu para compartir la suerte de sus compañeros.

El 20 de enero de 1310, el preceptor de Masdéu comparece ante la comisión que debe juzgar a los templarios. Después de haber aconsejado a sus propios compañeros para que dijeran solamente la verdad, responde a las preguntas generales: Me llamo Ramón Sa Guardia, caballero, preceptor de la casa de Masdéu, de la Orden de la Caballería del Temple, en la diócesis de Elna; después responde a las preguntas planteadas por los inquisidores.

A la primera pregunta: Si mantiene que la Orden del Temple ha sido instituida santamente y aprobada por la Sede Apostólica y si, a pesar de eso, cada uno de sus miembros, en el momento de su admisión o poco después, sin motivo alguno, con el crucifijo vuelto, niega a Cristo Jesús como Dios, a la Virgen y a todos los santos de Dios, según las instrucciones o las órdenes de los que le han admitido. Ramón respondió: Todos esos crímenes son horribles y extraordinariamente espantosos y diabólicos.

Otra pregunta: ¿No se afirma que Cristo es un falso profeta? Respuesta: No creo que me pueda salvar si no es a través de Nuestro Señor Jesucristo, que es la verdadera salvación de todos los fieles, que sufrió la pasión por la redención del género humano y por nuestros pecados y no por los suyos, porque jamás pecó y su boca jamás mintió.

Pregunta: ¿Acaso no se escupe sobre la cruz y no se la pisotea? Respuesta: Jamás. Es para honrar y glorificar la Santísima Cruz de Cristo y la pasión que Cristo se dignó sufrir en su gloriosísimo cuerpo por mí y por todos los fieles cristianos, que yo llevo puesto, al igual que los demás caballeros hermanos de mi Orden, un manto blanco sobre el cual está cosida y fijada la venerable imagen de una cruz roja, en sempiterna memoria de la sagrada sangre que Jesucristo derramó por sus discípulos y por nosotros sobre el madero de la cruz que nos da la vida. Y añado que cada año, por Viernes Santo, los templarios van sin armas, con la cabeza descubierta y los pies desnudos, para adorar la cruz, de rodillas ante ella. Y esto es lo que cada año todos los hermanos de la Orden, con ocasión de la fiesta de la Santa Cruz, en mayo y en septiembre, dicen: “Nosotros te adoramos, Cristo, y te bendecimos a Ti, que con tu santa cruz redimiste al mundo”.

A la enésima pregunta, respecto a la corrupción de las costumbres sobre las que la Orden estaba siendo acusada, Ramón la rebate con la máxima energía: Según los Estatutos de la Orden del Temple, aquél de nuestros hermanos que cometiere un pecado contra natura perdería el hábito de nuestra Orden y, con grilletes en los pies, con una cadena al cuello y con las manos esposadas sería arrojado a prisión de por vida, alimentado con el pan de la tristeza y bebido con el agua de la tribulación para el resto de su existencia.

Preguntado acerca de su recibimiento en la Orden, precisó: Fue el hermano Pedro de Moncada, ahora maestre y preceptor de Aragón y Cataluña, quien me acogió como un hermano en la Orden del Temple, en la capilla de la Casa de Zaragoza, el domingo siguiente a la fiesta de san Martín, hace ya casi 35 años, en presencia y con la asistencia de Guillermo de Miravet, de G. de Montesquiou, de Arnaldo de Timor, de Ramón de Monpavo, hermanos todos ellos de la Orden del Temple, así como otros varios de la misma Orden que ya han fallecido.

En marzo del 1314, el procurador del rey de Mallorca, por orden del Arzobispo de Tarragona, que absolvió a los templarios de todos los delitos imputados, decretó que Ramón Sa Guardia pudiera residir de por vida en Masdéu con fines no comerciales. A partir del mes de octubre de ese mismo año, se fijó la asignación de una cantidad de dinero, que se abonada cada cuatro meses, a beneficio de todos los templarios residentes en la antigua preceptoría de Masdéu. Un censo prioral, realizado por los caballeros de la Orden de San Juan en noviembre de 1319, confirma que en Masdéu viven dieciséis templarios con derecho a pensión. Ramón Sa Guardia debió de morir en el primer semestre de 1320 porque no figura en un documento datado el 13 de junio de ese mismo año, en el cual nueve templarios supervivientes firman un recibo de todo cuanto les corresponde. Es éste el último documento en que aparecen los hermanos de Masdéu.

Publicado en Tradizione Templare el 9-11-13
Traducido al español por dom. Pedro López