CONTACTA CON NOSOTROS

La Orden de los Pobres Caballeros de Cristo – Milicia del Temple, es un instituto totalmente nuevo dentro de la Iglesia Católica, aunque inspirado en la antigua Orden.

1º.- No reivindica ninguna sucesión histórico – jurídica con la antigua Orden del Temple abolida en 1314, como lo hacen otras asociaciones autodenominadas “templarias”, que no es otra cosa que una total falsedad.

2º.- No tiene nada que ver con las creencias esotéricas de todas y cada una de estas asociaciones.

3º.- La Santa Sede ha prohibido a la Milicia del Temple tener contactos con este tipo de asociaciones.

Aprobada por la Santa Iglesia Católica, l a Milicia del Temple – Pobres Caballeros de Cristo, se complace en recibir a hombres y mujeres católicos. Por tal motivo, pedimos que cuando se pongan con nosotros en contacto por primera vez, incluyan los siguientes detalles: Su nombre y apellidos, localidad y provincia donde residen, parroquia a la que pertenecen, edad, si conoce a algún caballero o dama personalmente y si no, como se enteró de nosotros. No buscamos en este primer contacto una biografía completa, pero si un pequeño perfil a través del cual comenzar el proceso para tener en consideración su petición de unirse a nosotros.

Nuestra dirección de contacto es: infomilitiatempli@gmail.com

domingo, 29 de septiembre de 2013


MUTISMO DEL ISLAM ANTE LA MATANZA DE CRISTIANOS
La indiferencia del clero musulmán tras la masacre en la iglesia de Todos los Santos en Pakistán es la regla habitual en Irak, Siria y Egipto

¿Vale más un musulmán agraviado que un cristiano muerto a la salida de la iglesia? La indiferencia del clero musulmán tras la matanza de fieles en la iglesia de Todos los Santos, en la ciudad paquistaní de Peshawar, apunta en esa dirección. Ninguna muestra de luto en las máximas instancias del islam paquistaní. Ninguna convocatoria de manifestaciones de protesta o de solidaridad en minaretes y sermones el pasado viernes. Nadie responde por la minoría más perseguida en Oriente, después de la mayor matanza de cristianos desde la creación del estado de Pakistán en 1947.
La crítica situación que viven los más de tres millones de cristianos paquistaníes se repite en muchos países de mayoría musulmana, donde se registra un incremento de ataques contra las minorías no mahometanas. La llamada Primavera Árabe no se ha traducido en más tolerancia religiosa en ninguno de los países donde prendió hace dos años. Al contrario, los prejuicios y el discurso de la ira han generado más episodios de ataques contra la comunidad cristiana árabe en Egipto y en Siria, y han diezmado literalmente la de Irak.
En El Cairo, la predicación de imanes fanáticos, cercanos a losHermanos Musulmanes, condujo a la quema y saqueo a finales de agosto de más de 60 iglesias coptas. «En pueblos de 50.000 habitantes, solo unos mil apoyaban esos ataques, pero bastan y sobran porque los demás se quedan en casa», relató entonces a las agencias uno de los responsables de la comunidad copta.
Fuente: Diario ABC. Para ver artículo completo seguir enlace.


sábado, 28 de septiembre de 2013


VIDA DE LA ORDEN

A las 18:00 horas del día de hoy sábado  28 de septiembre ha tenido lugar en la Iglesia Magistral, la ordenación como Caballero por S.E el Gran Maestre del novicio dom. Gianluca Arcuri. Desde la Preceptoria de España estamos felices por tener un nuevo hermano entre nosotros y le mandamos nuestros mejores deseos y felicitaciones.

domingo, 22 de septiembre de 2013

GRAVE ATENTADO CONTRA UNA IGLESIA EN PAKISTÁN


     Ante estas noticias mi pregunta es ¿estamos haciendo algo desde occidente por ayudar a nuestros hermanos en la fe? No, rotundamente no. Hace tiempo que los dejamos solos, totalmente solos ante el fundamentalismo, ante la persecución religiosa, ante la locura de los que matan en nombre de su Dios. Eso sí, somos cristianos de pura cepa, los domingos, y no todos, asistimos a Misa más como un acto social que como una necesidad de hablar con Dios y escuchar su palabra, es un acto social que en la mayoría de los casos se compone de la asistencia a la Santa Misa y después a tomar algo en el bar al que solemos ir siempre con el grupo de amigos y con eso hasta la semana siguiente. Comparemos ahora la situación de estas seiscientas personas que estaban escuchando la Palabra de Dios, sí, he dicho seiscientas (600), en un país donde ser cristiano es un estigma, donde el islam es la fuente del derecho, y donde ir a escuchar la Santa Misa  puede ser lo último que hagas ese día y sí, ese día había 600 personas, SEISCIENTOS CRISTIANOS que como cada día que van a la Iglesia se juegan la vida y aun así van y la llenan y la próxima semana después de haber perdido 78 hermanos y hermanas en la fe volverán otra vez y esta vez puede que sean más de seiscientos. Mientras, nosotros nos habremos olvidado de esta tragedia y estaremos esperando que llegue el domingo para ir a Misa y tomarnos nuestros vinos después y tendremos la conciencia tranquila en el convencimiento de que somos cristianos ejemplares. Por último, una simple reflexión, que locura es la que lleva a pensar a una persona que puede llegar a estar en el paraíso   por matar a 78 inocentes que estaban pacíficamente rezando en un templo.
     Desde este blog de la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo - Militia Templi, pedimos a todos nuestros hermanos de la Militia y a todos los hermanos en la fe que nos leen que recen por estos CRISTIANOS, que los tengan en sus oraciones todos los días, que en sus grupos parroquiales propongan iniciativas cuyo fin sea ayudarlos y que si este humilde blog es leído por alguna autoridad eclesiástica, eleve una petición para que por el estamento a quien corresponda en nuestra Santa Madre Iglesia se pida a ese gobierno pakistaní que proteja a nuestros hermanos.

Recemos:

Pater Noster, qui es in caelis, 
sanctificétur nomen Tuum, 
adveniat Regnum Tuum, 
fiat volúntas tua, sicut in caelo et in terra. 

Panem nostrum cotidiánum da nobis hódie, 
et dimitte nobis débita nostra, 
sicut et nos dimittímus debitóribus nostris; 
et ne nos indúcas in tentationem, 
sed libera nos a malo. 

Amén

A continuación les dejamos la portada de la noticia: 


Mueren al menos 78 personas en un atentado contra una iglesia abarrotada en Pakistán

Imagen de una víctima del atentado
Una niña es trasladada en brazos al hospital. | Epa

     Al menos 78 personas han muerto, entre ellas siete niños y 34 mujeres, y más de un centenar han resultado heridas en un doble atentado suicida perpetrado junto a una iglesia de la ciudad noroccidental paquistaní de Peshawar, según fuentes policiales.
Fuente: diario El Mundo. Para ver noticia completa pinchar en el enlace: 




miércoles, 18 de septiembre de 2013

MÁS SOBRE UN DECRETO INJUSTO

Roma, 17 de septiembre del 2013.

Reproducimos un artículo publicado en Chiesa online. Cuatro expertos han enviado al Vaticano una exposición contra la prohibición aplicada a los frailes de la Inmaculada de celebrar la Misa en rito antiguo. "Es una sanción en evidente contradicción con el Motu Proprio Summorum pontificum de Benedicto XVI".

Los autores de este análisis crítico son cuatro renombrados expertos católicos: Roberto de Mattei, historiador y autor de una relevante reconstrucción en clave tradicionalista del Concilio Vaticano II; Mario Palmaro, filósofo del Derecho; Andrea Sandri, experto en Derecho Constitucional, y Giovanni Turco, filósofo. Los dos primeros enseñan en la Universidad Europea de Roma, el tercero en la Universidad Católica de Milán, y el cuarto en la Universidad de Udine.

Los cuatro —constituidos en una comisión de estudio denominada "Bonum Veritatis"— han enviado el 14 de setiembre su exposición al cardenal Joao Braz de Aviz, prefecto de la Congregación que ha emitido el decreto, a la de los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, y a otros funcionarios vaticanos, para que tengan conocimiento de ella: al secretario de Estado entrante, Pietro Parolin; al cardenal Raymond L. Burke, presidente del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica; al arzobispo Guido Pozzo, secretario de la Pontificia Comisión "Ecclesia Dei".

En la carta con la que acompañan su exposición, los cuatros dan razones de su iniciativa:

"El análisis, coordinado por nosotros, ha sido redactado por un grupo de expertos, de diversas disciplinas, que han advertido en conciencia el deber de ofrecer una reflexión sobre la cuestión, en consideración de su interés universal, conscientes del derecho de los fieles, sancionado por el Código de Derecho Canónico (canon 212), de proponer a los pastores sus opiniones respecto a la vida de la Iglesia. Ellos encuentran en el decreto una serie de graves problemas que se refieren al cumplimiento de la ley natural y del derecho canónico, inclusive de la 'lex credendi', y que tienen relevancia para todo el mundo católico. Su gravedad merece ser considerada en su alcance y en sus consecuencias".

En la conclusión de la carta, los firmantes piden "una intervención intempestiva de la Santa Sede para reconsiderar la cuestión a la luz de la justicia y de la equidad, inclusive del bien espiritual de sacerdotes y fieles".

ANALISIS DEL DECRETO EN EL QUE SE DESIGNA UN COMISARIO APOSTÓLICO PARA LA CONGREGACIÓN DE LOS FRAILES FRANCISCANOS DE LA INMACULADA, por Roberto de Mattei, Mario Palmaro, Andrea Sandri, Giovanni Turco

El decreto del 11 de julio de 2013, emitido por la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (prot. 52741/2012), […] es un acto de tal gravedad que no puede ser considerado de simple relevancia interna para los exclusivos destinatarios. […]
El decreto impone a los frailes franciscanos de la Inmaculada —contrariamente a lo dispuesto por la Bula "Quo primum" de san Pío V y por el Motu Proprio "Summorum pontificum" de Benedicto XVI— la prohibición de celebrar la Misa tradicional.

Al  hacer  esto priva de un bien de valor inconmensurable —la Misa (celebrada según el rito romano antiguo)— tanto a los frailes como a los fieles que a través del ministerio de los frailes han podido participar en la Misa tridentina, así como también a todos los que habrían podido participar eventualmente en el futuro.

Por eso, el decreto no se refiere sólo a un bien —y con ello, “al” bien— del que están privados (salvo expresa autorización) los frailes, sino también a un bien —y con ello, "al" bien— espiritual de los fieles, quienes deseaban y desean acceder a la Misa tradicional mediante el ministerio de los frailes.

Ellos están próximos a sufrir —a su pesar y más allá de cualquier culpa, en consecuencia sin motivo— una sanción en evidente contraste con el espíritu y con la letra tanto del indulto "Quattuor abhinc annos", de la Carta Apostólica "Ecclesia Dei" de Juan Pablo II, como del Motu Proprio "Summorum pontificum" de Benedicto XVI.

Efectivamente, esos documentos fueron evidentemente emitidos con la finalidad de satisfacer la exigencia de participación en la Misa según el rito romano clásico, por parte de todos los fieles que tienen deseo de ella.

Por lo tanto, el decreto evidencia una relevancia objetiva para todos aquéllos que —por las razones más diversas— aprecian y aman la Misa latino-gregoriana. Esos fieles constituyen actualmente una parte conspicua, y ciertamente no despreciable, de los católicos diseminados por todo el mundo. Potencialmente, ellos podrían coincidir con la totalidad misma de los miembros de la Iglesia. El decreto golpea objetivamente también a ellos.

En forma paralela golpea a todos aquéllos que, inclusive no siendo católicos —por diversos motivos, como históricamente ya surgió en ocasión de la apelación presentada a Pablo VI en 1971— desean fervientemente la continuidad de la Misa tradicional. El decreto (mucho más allá, en consecuencia, de la vida propia de un Instituto religioso) pone en evidencia una preeminencia universal también bajo este perfil.
[…]
En lo que se refiere a la prohibición de la celebración de la Misa en rito romano antiguo (denominado también “forma extraordinaria”) se ponen de manifiesto numerosos y graves problemas planteados por el decreto en cuestión, que ponen objetivamente en evidencia otras tantas notorias anomalías lógicas y jurídicas.

Ante todo, a causa de esta prohibición impuesta a los frailes franciscanos de la Inmaculada, derivada del hecho que se les impuso a ellos la facultad única de celebrar en forma exclusiva según el nuevo Misal (denominado también “forma ordinaria”) salvo expresa autorización, no se puede poner de manifiesto sino que esa prohibición está evidentemente en contraste con todo lo dispuesto por la Iglesia universal, tanto por la Bula "Quo primum" de san Pío V (1570) como por el Motu Proprio "Summorum pontificum" de Benedicto XVI (2007).

Evidentemente, la Bula de san Pío V establece universalmente y en forma perpetua: “en virtud de la autoridad apostólica nosotros concedemos, a todos los sacerdotes, en virtud de la presente, el indulto perpetuo de poder seguir, en forma general, en cualquier Iglesia, sin escrúpulo alguno de conciencia o peligro de incurrir en alguna pena, juicio o censura, este mismo Misal, del que tendrán la plena facultad de servirse libre y lícitamente, de tal forma que prelados, administradores, canónigos, capellanes y todos los otros sacerdotes seculares, cualquiera sea su condición, o regulares, cualquiera sea la orden a la que pertenecen, no sean llevados a celebrar la Misa en forma diferente de la que nosotros hemos prescrito ni por otra parte puedan ser obligados e impulsados por alguien a cambiar este Misal”.

A su vez, el Motu Proprio de Benedicto XVI establece que “es lícito celebrar el Sacrificio de la Misa según la edición típica del Misal Romano, promulgado por el beato Juan XXIII en 1962 y nunca abrogada”. Y precisa que “para dicha celebración, siguiendo uno u otro misal, el sacerdote no necesita permiso alguno, ni de la Sede Apostólica ni de su Ordinario”.

Del mismo modo, el Motu Proprio afirma que “las comunidades de los Institutos de vida consagrada y de las Sociedades de vida apostólica, tanto de derecho pontificio como diocesano, que deseen celebrar la Santa Misa según la edición del Misal Romano promulgado en 1962 en la celebración conventual o 'comunitaria' en sus oratorios propios, pueden hacerlo”. En forma análoga, declara que “a los clérigos constituidos 'in sacris' es lícito usar el Breviario Romano promulgado por el Beato Juan XXIII en 1962”.

El mismo Motu Proprio fija inequívocamente que “todo lo que hemos establecido con esta Carta Apostólica en forma de Motu Proprio, ordenamos que se considere 'establecido y decretado' y que se observe desde el 14 de setiembre de este año [2007], sin que obste nada en contrario”.

Como surge claramente de los dos textos antes mencionados y por sus connotaciones esenciales, la libertad de celebración de la Misa tridentina pertenece a la legislación universal de la Iglesia y configura un derecho para cada sacerdote.

En forma análoga, se deriva un derecho para los fieles que adhieren a esa “tradición litúrgica”. Efectivamente, respecto a ellos el Código de Derecho Canónico reconoce que “los fieles tienen el derecho de tributar culto a Dios según las prescripciones del propio ritual aprobado por los legítimos Pastores de la Iglesia” (can. 214).

Por eso la prohibición, salvo por autorización, dispuesta por el decreto desconoce objetivamente esa legislación universal de la Iglesia, resolviendo – mediante un acto que evidentemente tiene que subordinarse a aquélla (tanto en cuanto a la materia como en cuanto a la forma) – en forma contrastante con la disciplina universal y permanente. Ésta última, en razón de sus orígenes apostólicos, goza – como argumentan ilustres expertos – del carácter de irreformabilidad.

La prohibición de la celebración de la Misa tridentina por parte del decreto resulta injustamente discriminador respecto al rito latino-gregoriano, el cual no solamente se remonta desde el Concilio de Trento a san Gregorio Magno y de ellos a la tradición apostólica, sino que según la inequívoca apreciación del Motu Proprio "Summorum pontificum" de Benedicto XVI "debe gozar del respeto debido por su uso venerable y antiguo". Esa celebración, efectivamente, es expresión de la "lex orandi" de la Iglesia. Por eso es un bien que hay que custodiar, no un mal que hay que alejar.

Además, la imposición a los frailes de la única celebración del nuevo Misal, supone una normativa de autorización especial respecto al Misal latino-gregoriano, la cual es objetivamente inexistente. O de otra manera introduce la aplicación, frente a una legislación de contenido evidentemente distinto y opuesto.

Efectivamente, es claro que el régimen de autorización de un acto o actividad particular presupone una prohibición ordinaria, la que eventualmente se puede derogar en casos extraordinarios (particulares y determinados). Pero esto (la interdicción ordinaria) está excluido explícitamente de la ley de la Iglesia, la cual declara como facultad del sacerdote el ejercer libremente y sin ninguna autorización la celebración de la Misa tridentina.

Se pone en evidencia, además, que la interdicción (salvo expresa autorización) de esa celebración exterioriza tres ulteriores anomalías objetivas del decreto.

En efecto, éste último establece un régimen de autorización para la Misa tradicional, indicando genéricamente como titular de la potestad de autorización a las “autoridades competentes”. Pero, al resultar prohibida la normativa prevista por el indulto "Quattuor abhinc annos" y por la Carta Apostólica "Ecclesia Dei", no se entiende cuál es precisamente la autoridad competente que ha de emitir la autorización en cuestión. Tanto más que la competencia en esa materia prescinde ciertamente de la Congregación de los Institutos de Vida Consagrada, y a lo sumo habrá de referirse a la comisión pontificia "Ecclesia Dei".

Por otra parte, resulta llamativo que la autorización que provee el decreto haya de concederse “para cada religioso y/o comunidad”, de tal modo que para celebrar la Misa no sea autorizado sólo el sacerdote en particular, sino también una comunidad en su conjunto (incluidos eventualmente los frailes no sacerdotes). De este modo la comunidad autorizada podría autorizar a su vez, transmitiendo (¿cómo?) la autorización (¿por parte de quién?), mediante un procedimiento (¿en qué condiciones?) al celebrante particular.

Hay que señalar una ulterior anomalía del decreto en el hecho que ese régimen de autorización no está determinado temporalmente. Es decir, no se indican los términos de aplicabilidad del régimen de autorización impuesto exclusivamente a los frailes franciscanos de la Inmaculada. ¿Hasta cuándo les será impuesto el pedido de autorización? ¿Hasta un día determinado? ¿Hasta alcanzar un objetivo certero? ¿En forma perpetua?

Al respecto, nada dice el texto del decreto, lo cual se opone a la necesidad de determinación – ciertamente de racionalidad y de justicia – de cualquier tipo de disposición (efectivamente, también una pena que coincida con todo el arco de la vida o que sea perpetua tiene su determinación). Se trata de una instancia de derecho natural y de derecho canónico (cfr. canon 1319). Si se ignora esa necesidad, se manifiesta un evidente deterioro tanto del carácter retributivo como del carácter medicinal de cualquier tipo de disposición restrictiva (en este caso, de una facultad propia de cada sacerdote).

Por otra parte, la prohibición de la celebración de la Misa latino-gregoriana —también referida por el decreto como decidida por el Papa— permanece objetivamente circunscrita en el ámbito de un decreto de una Congregación romana.

Resulta de ello que —al menos en cuanto a su forma y al vínculo que se deriva de ella— no puede más que compartir los límites del decreto mismo y su necesaria sumisión a la legislación universal de la Iglesia. Efectivamente, a diferencia  de  cualquier  deliberación disciplinar pontificia —que en cuanto "ex professo" se cumple en el ámbito de su potestad de jurisdicción, es decir del "munus gubernandi", y según en cuanto es legítimamente posible en conformidad al derecho divino positivo y a las definiciones solemnes referidas a él— la disposición en cuestión no puede más que quedar circunscrita al decreto mismo, en los límites de las facultades de una de las Congregaciones romanas.

En  todo  caso,  la  imposición  que  se  deriva del decreto —como cualquier otra deliberación disciplinar— no puede no  ser  mensurada  objetivamente por el derecho natural —es decir, por la justicia— y por el derecho divino positivo, a los que el Derecho Canónico, la disciplina y la jurisprudencia eclesiástica deben conformarse necesariamente.

Efectivamente, como ha recordado Benedicto XVI en el discurso pronunciado el 21 de enero de 2012 en ocasión de la inauguración del año judicial del tribunal de la Rota Romana, “la 'lex agendi' no puede sino reflejar la 'lex credendi'”.


Fuente: Chiesa online

martes, 17 de septiembre de 2013



LA VALENTÍA DE SER CRISTIANO.

     Es el título que se me ocurre para este artículo que inserto a continuación, ante la cobardía de muchos que se les llena la boca de llamarse cristianos cuando así conviene, hay hermanos nuestros que dan ese testimonio a costa de su propia vida. Que magnífico ejemplo de valentía.

Maalula (Lunes, 16-09-2013, Gaudium Press) Los fieles de Maalula, Siria, un pequeño pueblo que aún habla en la lengua de Jesús (el arameo) celebraron la Exaltación de la Santa Cruz el pasado 14 de septiembre con un sentido particular: su propia cruz de la guerra y la ocupación de su tierra por fuerzas extremistas que ya ocasionaron los primero martirios una semana atrás. "Este año la fiesta fue dedicada a nuestros mártires", comentó un fiel al informativo Asia News.

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Maalula, vista desde un monasterio en la montaña. 
La cruz de los católicos sirios en Maalula se hizo más pesada el pasado 05 de septiembre, cuando se registró un ataque por parte de grupos rebeldes que tomaron el control de la población. Dos días después, ya se registraban los primeros casos de martirio: tres jóvenes asesinados por odio a la fe. Uno de ellos, Sarkis el Zakhm, según relató una sobreviviente a la agencia Fides, contestó a los hombres que invadieron su casa para obligarlos a renunciar a su fe católica: "Yo soy cristiano y si quieres matarme porque soy cristiano, hazlo".
"Lo que le ha pasado a Sarkis es un verdadero martirio, una muerte en odium fidei", comentó a Fides Sor Carmel,una religiosa que asiste en Damasco a refugiados provenientes de Maalula. Con esta consciencia, los fieles del lugar vivieron intensamente la celebración litúrgica que enaltece la Cruz del Señor, si bien las expresiones de fe tuvieron que ser menos notorias por cuanto los rebeldes extremistas aún permanecen en la población.

Así lo explicó una fuente anónima a Asia News: "Los preparativos (de este año) han sido muy sobrios", comentó. "Este es un grito por un tiempo de paz cuando todo el pueblo de Maalula, ahora en la manos de extremistas islámicos, se engalanó con hogueras que ardieron hasta el amanecer".

La tradición de encender fuego en esta fiesta se remonta al año 320 de nuestra era cuando fueron descubiertas las reliquias de la Santa Cruz y se encendieron hogueras en todos los montes desde Jerusalén hasta Constantinopla para anunciar el hallazgo al emperador Constantino y su madre, Santa Helena.
Con información de agencias Fides y Asia News.


Contenido publicado en es.gaudiumpress.org, en el enlace http://es.gaudiumpress.org/content/50792#ixzz2fAlXIlMn

domingo, 15 de septiembre de 2013

SOBRE LA EUCARISTÍA.

     Las celebraciones litúrgicas, en especial la de la Eucaristía, constituyen el cerne de la experiencia de lo transcendente. Ellas engloban elementos humanos y divinos en una síntesis de belleza que nos eleva a Dios.

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Algo curioso ocurre cuando reflexionamos sobre los episodios de la vida de Nuestro Señor relatados en los Evangelios. A medida que la narración se desdobla, ellos comienzan a germinar en nuestro espíritu y acabamos por percibir experimentalmente cómo todo cuanto Cristo hizo en la Tierra, hace dos milenios, transciende la frontera del tiempo.


En efecto, el Verbo Encarnado no predicaba apenas para las multitudes que se aglutinaban en torno suyo en las aldeas de Judea. Las verdades sobrenaturales contenidas en sus adorables enseñanzas se presentan actualmente a nosotros mucho más claras de lo que fueron para sus conterráneos. Así sucede, por ejemplo, cuando leemos en la Sagrada Escritura: "Yo vine para que tengan vida, y la tengan en abundancia" (Jo 10, 10) o "Yo estaré siempre con vosotros, hasta el fin del mundo" (Mt 28, 20).

Ahora, es uno de los elementos esenciales de la divina didáctica de Jesús servirse de las realidades visibles para elevarnos a las invisibles. Apuntando para los lirios del campo, Él incitó a los cristianos de todas las eras a reflexionar sobre la providencia amorosa de Dios. Se sentó junto a un pozo y habló de agua viva... Partió el pan y aludió al alimento del alma...

Esa reversibilidad entre la esfera temporal y la espiritual forma parte de la vida cotidiana de la Iglesia. Es en ella que los ritos del culto divino, especialmente la Celebración Eucarística, encuentran su sentido y fundamento.

Armoniosa sucesión de palabras y signos

Analicemos, en esa perspectiva, lo que sucede al entrar en una iglesia para participar de la Santa Misa.

Luego en la entrada, sumergimos la mano en el agua bendita, hacemos la Señal de la Cruz y doblamos la rodilla, dirigidos al tabernáculo. A seguir, nos acomodamos en un banco mientras el órgano inunda con sus melodiosos acordes el recinto sagrado y una luz suave fluye a través de los vitrales.

En cierto momento, al toque de una pequeña campana, inicia la celebración. Un cortejo se dirige al presbiterio, precedido por la cruz acompañada de dos velas encendidas, un turíbulo y una naveta. Al final, avanzan solemnes los diáconos y el sacerdote, revestidos de paramentos que refuerzan el significado de la ceremonia que se realizará, suben los escalones del presbiterio y, llegando al altar, se inclinan para besarlo.
Y así, en la armoniosa sucesión de palabras y signos dictada por las sagradas rubricas, la Celebración Eucarística se desarrolla hasta el momento ápice de la Consagración. Entonces, actuando en nombre del único y verdadero Sacerdote, el celebrante pronuncia sobre el pan y el vino la fórmula enseñada por Cristo y, en seguida, levanta alto el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor, tan presente allí como cuando caminó por las estradas de Galilea o derramó su Sangre en el Calvario.

Los símbolos como puente entre lo espiritual y lo corporal

El uso de signos materiales en la Liturgia permite crear un sólido puente entre lo corporal y lo espiritual, lo visible y lo invisible, lo humano y lo divino.

Nuestro espíritu, enseña Santo Tomás, "para unirse con Dios, necesita ser conducido por las cosas sensibles, porque ‘las cosas invisibles de Dios son conocidas por intermedio de las criaturas' (Rm 1, 20)".1 Y, en el mismo sentido, el Pseudo-Dionísio afirma: "Los seres celestes, debido a su naturaleza intelectual, van a Dios directamente. Nosotros, al contrario, nos elevamos hasta donde podemos en la contemplación de lo divino por medio de imágenes sensibles". 

Luego, concluye el Doctor Angélico, "el culto divino precisa usar de cosas corpóreas para que, por ellas, que son como señales, la mente humana despierte para actos espirituales, mediante los cuales nos unimos con Dios". 

Ellas no son un fin, sino un medio para tornar accesible lo que es transcendente e invitar a los fieles a una actitud de admiración, entrega y gratitud. Es por eso que se ha afirmado que es a partir del ‘homo simbolicus' que se visualiza el ‘homo religiosus'. 

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Riqueza de aspectos de la Celebración Eucarística

Pero el lenguaje simbólico, al alimentar con amplitud el intelecto por medio de todos los sentidos, principalmente de la vista y del oído, no solo pone al hombre en contacto con lo Absoluto, sino que hace eso de modo atrayente. Porque, enseña el Papa Benedicto XVI, "la Liturgia, por su naturaleza, posee una tal variedad de niveles de comunicación, que le permiten cautivar al ser humano en su totalidad". 

Ahora, siendo la celebración litúrgica del Sacramento de la Eucaristía el punto alto del culto cristiano, los ritos que la componen son síntesis y ápice de la expresión religiosa en sus más diversos aspectos. La conjugación de todos ellos produce una experiencia al mismo tiempo artística y mística que nos invita a considerar el desarrollo de la Santa Misa en su dupla dimensión estética y transcendente.

Cristo como centro de la Liturgia

Una primera reflexión nos lleva a considerar más de cerca el centro en torno al cual se articulan ese conjunto de palabras, silencios, gestos y símbolos que componen una Celebración Eucarística. ¿Cuál es su esencia? ¿Qué ellos representan?
La respuesta nos la da el Catecismo al afirmar: "Por la Liturgia, Cristo, nuestro Redentor y Sumo Sacerdote, continua en su Iglesia, con ella y por ella, la obra de nuestra Redención". 

Afirma el Concilio Vaticano II: "Con razón se considera la Liturgia como el ejercicio de la función sacerdotal de Cristo. En ella, las señales sensibles significan y, cada uno a su manera, realizan la santificación de los hombres; en ella, el Cuerpo Místico de Jesucristo - cabeza y miembros - presta a Dios el culto público integral. Por tanto, cualquier celebración litúrgica es, por ser obra de Cristo sacerdote y de su Cuerpo que es la Iglesia, acción sagrada por excelencia, cuya eficacia, con el mismo título y en el mismo grado, no es igualada por ninguna otra acción de la Iglesia". 

Una comunidad reunida para un banquete

Ahora, "además de ser obra de Cristo, la Liturgia es también una acción de su Iglesia. Ella realiza y manifiesta la Iglesia como señal visible de la comunión entre Dios y los hombres por medio de Cristo. Empeña a los fieles en la vida nueva de la comunidad, implica una participación consciente, activa y fructífera de todos". 

En ese sentido podemos afirmar que la Celebración Eucarística es una oración social. El hombre precisa del apoyo de sus semejantes, y la reunión e interacción de una comunidad de fieles es, en sí misma, una señal sensible de la relación invisible existente entre ellos como un cuerpo místico.

Cristo está presente en la comunidad en virtud de su promesa: "Cuando dos o tres estuvieren reunidos en mi nombre, entonces estaré en medio de ellos" (Mt 18, 20). La Verdadera unidad, pues, solo es alcanzada con relación a un principio más elevado: "Solamente [...] cuando el hombre tiene un relacionamiento correcto con Dios es que todos sus otros relacionamientos -con sus semejantes y su conducta con el resto de la creación- pueden estar en buen orden". 

La unión que tiene lugar entre Dios y el alma en el Sacrificio Eucarístico es espiritual, pero también física, ya que el hombre es un compuesto de cuerpo y alma. El sacrificio es expresado por señales tangibles, como una comida. La propia estructura de la Eucaristía emerge de su institución por Cristo en la última Cena, con su orden: "Haced esto es memoria mía". (Lc 22, 19)

Compartir una comida fortalece la unidad y la armonía entre los participantes. En efecto, la palabra latina ‘convivium' significa comida, banquete. La Celebración Eucarística es por excelencia el ‘sacrum convivium' en el cual los fieles comparten el Cuerpo y la Sangre de Cristo, tornándose uno en Él.

Por la Hermana Mónica Erin MacDonald, EP
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1 SÃO TOMÁS DE AQUINO. Suma Teológica, II-II, q.81, a.7, resp.
2 DIONÍSIO AREOPAGITA. De ecclesiastica hierarchia .c.1, 2.
3 SÃO TOMÁS DE AQUINO, op. cit., II-II, q.81, a.7, resp.
4 Cf. RIES, Julien. Tratado de antropología de lo sagrado. Madrid: Trotta, 2005, p.9-14.
5 BENTO XVI. Sacramentum caritatis, n.40.
6 CIC 1069.
7 CONCÍLIO VATICANO II. Sacrosanctum concilium, n.7.
8 CIC 1071.
9 RATZINGER, Joseph. The Spirit of the Liturgy. San Francisco: Ignatius, 2000, p.21. ".


Contenido publicado en es.gaudiumpress.org, en el enlace http://es.gaudiumpress.org/content/50669#ixzz2ezjn0NBX 

miércoles, 4 de septiembre de 2013

FIESTA EN LA MAGIONE CON MOTIVO DEL 25º ANIVERSARIO DEL RECONOCIMIENTO CANÓNICO DE LA MILITIA TEMPLI

         El próximo domingo, 8 de septiembre, a las 9.30 h, en la Iglesia Magistral del Castello della Magione, tendrá lugar una solemne Santa Misa en acción de gracias con motivo del 25º aniversario del reconocimiento canónico de la Militia Templi – Christi pauperum Militum Ordo; como consecuencia del mismo la Penitenciaría Apostólica, en nombre del Sumo Pontífice, concederá indulgencia plenaria a todos los presentes al sagrado rito.



         Después de nueve años de vigilada experiencia, el 8 de septiembre de 1988, en efecto, el amadísimo Arzobispo Monseñor Mario Jsmaele Castellano concedía la personalidad jurídica canónica a la Militia Templi, admitiendo la nueva institución entre aquellas que la Iglesia, tras verificar su seriedad, hace propias, las protege y las guía; la Militia se fundó el 17 de mayo de 1979 y el siguiente 21 de septiembre obtuvo el reconocimiento civil de acuerdo con el artículo 12 del Código Civil italiano.


         Fue sin duda alguna un acto de valentía debido a las reacciones negativas que el término “templario” suscita todavía hoy en los ambientes eclesiásticos, y particularmente en la Santa Sede, pero Monseñor Castellano estaba entusiasmado con la nueva fundación templaria de Poggibonsi desde su inicio, hasta el punto de ser considerado por nosotros como cofundador, aunque se tomó el tiempo necesario para verificar nuestra valía, durando su prudencia nueve años.



         Durante ese tiempo la Militia se fue extendiendo poco a poco por la Toscana, por Italia y, después, por el extranjero, comenzando por Polonia, estando hoy presente y actuando en media Europa, en los Estados Unidos y en alguna que otra región de América del Sur.


         Han sido muchas las personalidades que han visitado el Castello della Magione de Poggibonsi, sede central de la Militia Templi: los Cardenales Oddi, Stickler, Gagnon, Innocenti, Mejía, Paskai, Piovanelli y, cuando era Obispo de Grosseto, Angelo Scola; Nuncios Apostólicos, Arzobispos y Obispos; y dentro del mundo civil y político Gobernadores Civiles, Alcaldes y, últimamente en varias ocasiones, el Príncipe Amadeo de Savoya con la Princesa Consorte.