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La Orden de los Pobres Caballeros de Cristo – Milicia del Temple, es un instituto totalmente nuevo dentro de la Iglesia Católica, aunque inspirado en la antigua Orden.

1º.- No reivindica ninguna sucesión histórico – jurídica con la antigua Orden del Temple abolida en 1314, como lo hacen otras asociaciones autodenominadas “templarias”, que no es otra cosa que una total falsedad.

2º.- No tiene nada que ver con las creencias esotéricas de todas y cada una de estas asociaciones.

3º.- La Santa Sede ha prohibido a la Milicia del Temple tener contactos con este tipo de asociaciones.

Aprobada por la Santa Iglesia Católica, l a Milicia del Temple – Pobres Caballeros de Cristo, se complace en recibir a hombres y mujeres católicos. Por tal motivo, pedimos que cuando se pongan con nosotros en contacto por primera vez, incluyan los siguientes detalles: Su nombre y apellidos, localidad y provincia donde residen, parroquia a la que pertenecen, edad, si conoce a algún caballero o dama personalmente y si no, como se enteró de nosotros. No buscamos en este primer contacto una biografía completa, pero si un pequeño perfil a través del cual comenzar el proceso para tener en consideración su petición de unirse a nosotros.

Nuestra dirección de contacto es: infomilitiatempli@gmail.com

lunes, 27 de enero de 2014

Habitualmente, suelo interesarme por las noticias relativas a la persecución que sufren nuestros hermanos cristianos en todo el mundo, es una lectura que aparte de la información que me aporta, me produce una situación de impotencia muy grande. De entre los artículos que he leído recientemente, uno de ellos publicado por la asociación francesa Portes Ouvertes France, traducido y publicado por ACI/EWTN Noticias me ha llamado poderosamente la atención, en él, se  da cuenta de un listado de países donde nuestros hermanos en la fe son especialmente perseguidos, entre ellos Corea del Norte, donde la terrible dictadura comunista que gobierna el país ejecuta a personas por el hecho de estar en posesión de un biblia, Pakistán donde en más de una ocasión hemos podido ver como se utiliza contra los cristianos la acusación de blasfemar contra alguno de los principios del Islam, tenemos el ejemplo de Asia Bibi, o en otros muchos, Irán, Arabia Saudi, donde el hecho de convertirse al catolicismo puede suponer castigos que pueden llegar a la pena de muerte.
Esta es la situación, hoy mismo he visto en un periódico de tirada nacional un ataque llevado a cabo contra  cristianos durante la celebración de una misa en Nigeria en el cual han muerto 22 hermanos nuestros, y no hablemos de Tierra Santa donde un puñado de cristianos, cada vez menos, luchan por mantener la presencia en los lugares donde Nuestro Señor vivió. Mientras,  en nuestro país,  todavía nos cuesta decir que somos cristianos, católicos, nos escondemos la cruz lo mejor posible, eso el que se atreve a llevarla,  para que en nuestro vivir diario este símbolo no  delate nuestra creencia.
No hace mucho, escuche a un conocido mío  muy dado a externalizar verbalmente su ideología, de forma que todo el mundo se entere lo más posible, hecho este que me lleva a pensar que simplemente trata de ser aceptado en el grupo al que ahora defiende, como hacía un comentario ante un grupo de amigos en el que se refería a la  religión como el mayor cáncer que tenía la sociedad, yo, muy dado a la historia y a las historietas, por lo de la edad, pensé que había llegado el momento de contrarrestar esa ignorancia propia del que simplemente odia, para ello le conté un poquito lo que había supuesto la religión católica para Europa, por qué hoy día tenemos en Europa Occidental los sistemas democráticos más avanzados y las mayores cotas de bienestar y derechos de todo el mundo, le conté también como en los países de Europa Occidental, gente como él, puede expresar libremente sus opiniones sobre la religión, y sobre lo que quiera, y le puse el ejemplo de los países arriba mencionados y en todo eso la contribución del Cristianismo y la Iglesia ha sido esencial. También le conté como desde hace cientos de años nuestros monjes en sus monasterios, han sido los faros desde donde la cultura ha iluminado todos los países de la vieja Europa, también le hice una breve referencia a como el humanismo Cristiano ha impregnado todo el tejido social de nuestra civilización. De cómo la doctrina social de la Iglesia antes de que existiesen los sindicatos en el formato que los conocemos hoy, ya defendía los derechos de los trabajadores, y también de como una de las principales fuentes de las que han bebido estos mismos sindicatos, ha sido de esa doctrina social que procede de ese cáncer que llama Iglesia. Si, en una charla sin estridencias pero con toda la firmeza que la indignación e impotencia contenida me daba en ese momento, le expuse todas esas razones y para acabar simplemente le señale que  mientras países como los arriba señalados y muchos otros más utilizan todo el aparato del Estado para destruir al hombre y crear un pensamiento único, el cristianismo tiene en la dignidad del hombre uno de sus pilares fundamentales, el cristianismo tiene la dignidad y la vida de la persona como un valor supremo puesto que esa vida y esa dignidad procede de Dios, Él es el que nos ha dado ese alma que nos hace sentir, amar, pensar, que nos hace distintos a los demás seres de la tierra y nos ha dado también la libertad de elegir entre el mal y el bien. Querido conocido, y esto te lo digo ahora a través de estas letras, como buen cristiano espero que tras haber leído esto,  mires de otra forma a Nuestra Iglesia, pues Iglesia somos todos los cristianos, los que de vez en cuando escondemos nuestra cruz por si nos encontramos con personas como tú, y también son Iglesia, y seguro que la más querida por Dios, los que están muriendo simplemente por haber elegido el camino que señalo Él, por ser fieles a su mensaje, principalmente por “amar al prójimo como Él nos ama”, creo que este mensaje no lo encontrarás en ninguna ideología de ningún grupo de los países que te he mencionado, pero ese es el mensaje de Dios que ha transmitido la Santa Iglesia Católica durante muchos cientos de años.

 Un Pobre Caballero de Cristo.