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La Orden de los Pobres Caballeros de Cristo – Milicia del Temple, es un instituto totalmente nuevo dentro de la Iglesia Católica, aunque inspirado en la antigua Orden.

1º.- No reivindica ninguna sucesión histórico – jurídica con la antigua Orden del Temple abolida en 1314, como lo hacen otras asociaciones autodenominadas “templarias”, que no es otra cosa que una total falsedad.

2º.- No tiene nada que ver con las creencias esotéricas de todas y cada una de estas asociaciones.

3º.- La Santa Sede ha prohibido a la Milicia del Temple tener contactos con este tipo de asociaciones.

Aprobada por la Santa Iglesia Católica, l a Milicia del Temple – Pobres Caballeros de Cristo, se complace en recibir a hombres y mujeres católicos. Por tal motivo, pedimos que cuando se pongan con nosotros en contacto por primera vez, incluyan los siguientes detalles: Su nombre y apellidos, localidad y provincia donde residen, parroquia a la que pertenecen, edad, si conoce a algún caballero o dama personalmente y si no, como se enteró de nosotros. No buscamos en este primer contacto una biografía completa, pero si un pequeño perfil a través del cual comenzar el proceso para tener en consideración su petición de unirse a nosotros.

Nuestra dirección de contacto es: infomilitiatempli@gmail.com

martes, 28 de enero de 2014

La Via Pulchritudinis.
La Belleza en la Teologia.
Hermano Carlos

La Teología es “Zeos-logos”, la Ciencia sobre Dios, la Doctrina que nos permite entender la Revelación. Lo que conocemos sobre Dios es muy poco, es un Misterio, y lo poco que sabemos lo hacemos a través de la Revelación y el Magisterio de la Iglesia.
Según Von Baltasar, la analogía estética surge  del concepto mismo de Revelación,  ya que el hombre trata de comprender los elementos de la Revelación Divina a través de sus facultades cognoscitivas, evaluar las características que se manifiestan al exterior, y mediante ellas, interesar os por la estructura profunda de su naturaleza  interior.
En otras palabras, la esencia del ser se nos ofrece como un conjunto de efectos y formas que se nos manifiestan; Hay algo atractivo que brilla ante nosotros, su verdad, su bondad y su belleza no son la esencia misma, pero si sus atributos, a través de los cuales, podemos conocer la Verdad que es Cristo. Como diría Santo Tomas:”Omne ens est unim, verum, bomum et pulchrum”, es decir, “la unidad, la verdad, la bondad y la Belleza son distintos aspectos de la misma cosa, del mismo ser.
Los Padres de la Iglesia estudiaron a fondo los llamados Transcendentales, los cuales son siempre inseparables, la Belleza es el resplandor del Bien y de la Verdad, y así se activan los dispositivos interiores del hombre que le permiten acercarse a Dios:
“la Verdad se dirige a la inteligencia, el bien se orienta a la voluntad, y la Belleza a la sensibilidad  y esta correspondencia de mutua atracción desencadena la acción del conocimiento humano”
San Clemente de Alejandría.
Nos cuenta Benedicto XVI que Occidente sobrevaloro el Bonum y el Verum, y en cambio no presto suficiente atención al Pulchrum, esto es, a la sensibilidad de lo bello. Para el Santo Padre el Arte es el encargado de hacer concurrir el Pulchrum a la conjunción de la Razon y la Voluntad. El Cristiano no solo es Bueno y Justo, sino también sensible a la Belleza.
Que nos cuenta la Belleza de Dios? Esa es la gran pregunta que justifica teológicamente la pregunta por la Belleza.
Para Benedicto XVI, la respuesta a esta pregunta se relaciona directamente con la Revelación Divina, la Sabiduría Eterna  proporciona en la naturaleza los elementos que constituyen la forma de los seres creados, así la constitución Dei Verbum afirma
“Dios ofrece a los hombres en la Creación un testimonio perenne de sí mismo”
Pero la Belleza no solo reside en la Naturaleza, sino también en la historia. Dios se revela en la Historia y en sus acontecimientos, siendo la Encarnación Divina el acontecimiento histórico más importante de la Historia, fundante por tanto, de los transcendentales: La Encarnación Divina no solo es Bella, sino que es la Belleza misma encarnada. Nada hay más bello, bueno, ni verdadero que la Encarnación del Hijo de Dios y la Salvación de la Humanidad.

En Cristo Verdad, Bondad y Belleza se encarnan, las ideas platónicas quedan al alcance del Hombre.