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La Orden de los Pobres Caballeros de Cristo – Milicia del Temple, es un instituto totalmente nuevo dentro de la Iglesia Católica, aunque inspirado en la antigua Orden.

1º.- No reivindica ninguna sucesión histórico – jurídica con la antigua Orden del Temple abolida en 1314, como lo hacen otras asociaciones autodenominadas “templarias”, que no es otra cosa que una total falsedad.

2º.- No tiene nada que ver con las creencias esotéricas de todas y cada una de estas asociaciones.

3º.- La Santa Sede ha prohibido a la Milicia del Temple tener contactos con este tipo de asociaciones.

Aprobada por la Santa Iglesia Católica, l a Milicia del Temple – Pobres Caballeros de Cristo, se complace en recibir a hombres y mujeres católicos. Por tal motivo, pedimos que cuando se pongan con nosotros en contacto por primera vez, incluyan los siguientes detalles: Su nombre y apellidos, localidad y provincia donde residen, parroquia a la que pertenecen, edad, si conoce a algún caballero o dama personalmente y si no, como se enteró de nosotros. No buscamos en este primer contacto una biografía completa, pero si un pequeño perfil a través del cual comenzar el proceso para tener en consideración su petición de unirse a nosotros.

Nuestra dirección de contacto es: infomilitiatempli@gmail.com

martes, 30 de diciembre de 2014



MENSAJE DE NAVIDAD DEL GRAN MAESTRE DE LA MILICIA DEL TEMPLO 
(Traducido al Español)
   Nunca como en estos tiempos, habíamos sentido tan fuerte la necesidad de intercambiarnos las felicitaciones por una Navidad que recordara a todos su verdadero significado: festejar el nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo por todo lo que ha representado para la humanidad, su redención, para que la Navidad de Nuestro Señor se convierta también en la Navidad de los hombres, de los hombres de buena voluntad.

   ¿Por qué la Navidad es hoy la esencia del Cristianismo y la fiesta más sentida de la civilización que, nacida desde la cuna de Belén, se transmitió a todo el mundo? Por lo menos hasta cuando los cristianos, incluidos los católicos, que deberíamos ser los custodios de la Navidad por legítima e ininterrumpida tradición, no recapitulemos definitivamente ante el enemigo más pérfido y falso, a sus cosas mundanas, a la pérdida de su identidad y de su fuerza (“estamos en el mundo, pero no somos del mundo”).

   Y es propio de la Navidad el que debamos volver a partir para descubrir de nuevo nuestro catolicismo y no permanecer como bautizados indiferentes, para reencontrar totalmente la vocación de la misión que se nos dio por medio de grandes gestas, y sobre todo, de coherente testimonio diario, comenzando por no avergonzarnos de ser y de actuar como católicos; ¿o preferimos arrinconarnos en la sacristía?

   Por ejemplo: hoy tenemos miedo del avance islamista, que verdaderamente es un peligro real e inmediato; sin embargo, no hay que temer a la fuerza del Islam sino a nuestra debilidad, mas ¿por qué podemos temer al Islam, una “religión”  que reivindica su imposición solo por la violencia?

   Naturalmente, esto vale para todo lo que hoy se opone al mensaje de Cristo, desde el materialismo práctico al ideológico, desde el sincretismo religioso al ateísmo de complacencia, unidos bajo la bandera del laicismo, de la imposición de los modales alejados de la propia naturaleza humana, a través de una sociedad donde no está muy claro el concepto de normalidad, así como la frontera entre el bien y el mal.

   Es Navidad, aunque también la Navidad sea: no dejarnos encandilar por las luces y lentejuelas de la vulgar comercialización de esta fiesta, para no arriesgarnos a perder de vista la luz del pesebre de Belén.

  Nosotros, que hemos elegido servir a Cristo bajo el estandarte de la Milicia del Temple, no podemos ocultarnos en la retaguardia de los compromisos y de una vida organizada con proyección horizontal; si “Militia” tiene ahora un sentido, no puede ser otro que el combate de la “buena batalla” para la realización de aquel Reino de Cristo que llama a la unión de todos ya desde los primeros gemidos del Niño y, particularmente nosotros, a través de nuestra específica vocación de “Milites”: fidelidad a la Regla (oración, comunidad, testimonio) en todos los momentos de nuestra vida, porque se es Caballero si sabemos vivir siempre como Caballeros.
Felicidades.
Dom. Marcello A. Cristofani della Magione

Gran Maestre. 

Para ver el mensaje original visitar la página de la sede magistral: http://www.ordo-militiae-templi.org/