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La Orden de los Pobres Caballeros de Cristo – Milicia del Temple, es un instituto totalmente nuevo dentro de la Iglesia Católica, aunque inspirado en la antigua Orden.

1º.- No reivindica ninguna sucesión histórico – jurídica con la antigua Orden del Temple abolida en 1314, como lo hacen otras asociaciones autodenominadas “templarias”, que no es otra cosa que una total falsedad.

2º.- No tiene nada que ver con las creencias esotéricas de todas y cada una de estas asociaciones.

3º.- La Santa Sede ha prohibido a la Milicia del Temple tener contactos con este tipo de asociaciones.

Aprobada por la Santa Iglesia Católica, l a Milicia del Temple – Pobres Caballeros de Cristo, se complace en recibir a hombres y mujeres católicos. Por tal motivo, pedimos que cuando se pongan con nosotros en contacto por primera vez, incluyan los siguientes detalles: Su nombre y apellidos, localidad y provincia donde residen, parroquia a la que pertenecen, edad, si conoce a algún caballero o dama personalmente y si no, como se enteró de nosotros. No buscamos en este primer contacto una biografía completa, pero si un pequeño perfil a través del cual comenzar el proceso para tener en consideración su petición de unirse a nosotros.

Nuestra dirección de contacto es: infomilitiatempli@gmail.com

miércoles, 19 de agosto de 2015

Buen artículo el que dejamos a continuación publicado en Rorate Caeli: Enlace al artículo y publicación.


Esperábamos una nueva Iglesia. Por eso se pusieron a cambiar la Misa. Querían una iglesia con nuevos dogmas y una nueva moral. Ahora han tenido que retocar la Misa católica hasta el punto de reducirla a un esqueleto de sí misma.  Y a una misa esquelética corresponde un esqueleto de Iglesia, constituida por una dogmática y una moral esquelética.

Lo decíamos el mes pasado: la nueva liturgia ha pretendido saltarse dos milenios de historia cristiana, con la ilusión de remontarse a unos míticos principios del cristianismo. Los señores que hicieron la reforma postconciliar dijeron que era necesario simplificarla para sacar a la luz la noble esencialidad del rito católico. Han considerado sustancialmente negativo todo el trabajo que a lo largo de innumerables siglos ha realizado la Iglesia para que el rito católico fuera cada vez más nítido y educativo. Han suprimido cuanto han querido, considerándolo casi todo un añadido negativo, y el resultado es un esqueleto de misa. Una misa llena de vacíos y reticencias. Vacíos y silencios que fueron suplidos con la fantasía del celebrante y de los fieles. Las fantasías se han multiplicado y hay tantas como iglesias en el mundo, porque se sabe que no se puede vivir de un esqueleto: los hombres pondrán la carne de ese esqueleto, pero la carne y la sangre que le dan no son las de Dios sino las de la dictadura de la mentalidad común. De ese modo, dependiendo del momento, hemos conocido misas socialistas, misas comprometidas, misas intimistas, misas alegres, misas verborreicas, misas de curación, misas carismáticas, misas misioneras, misas veloces y todo lo que usted quiera… En resumidas cuentas, uno mismo se hace su propia misa para que se ajuste a su variante particular de cristianismo.

Empobrecida así, la Misa ya no nutre, y ha habido que recurrir a las diversas ideologías del momento para poner lo que faltaba. Al quitársele tanto de Dios,  se ha tenido que reemplazar tomando mucho del hombre para seguir considerándola útil. Es una tragedia, la pérdida del corazón católico, es decir, de la redención realizada por Cristo crucificado.

Y la tragedia se propaga a todo el organismo católico: la misa nueva, esquelética, llena de vacíos, se ha vuelto tan ambigua que produce un cristianismo esquelético, desde el dogma hasta la moral son esqueléticos; un cristianismo ambiguo.

Los sacerdotes, reducidos a celebrar un esqueleto de misa, han dejado de nutrirse y de estar defendidos por la propia misa, con lo que a su vez no pueden nutrir y defender al pueblo.

Hemos hablado de un cristianismo esquelético en sus dogmas:

¿Qué queda en la mayoría de los cristianos de hoy del dogma católico que nace de la revelación divina? Casi nada. Tal vez que Dios existe, y que al final nos salvará. No se puede negar que, de toda la Revelación, todo el el dogma, todo el catecismo no queda casi nada a la vista de la mayoría de los cristianos; pero entonces, ¿por qué se ha revelado Dios, porque ha hablado en el Antiguo y en el Nuevo Testamento, porque ha cumplido la Revelación en Jesucristo? Ciertamente no lo ha hecho para verse “simplificar” horrendamente en el cristianismo moderno.

Alguno dirá que nos olvidamos de la riqueza bíblica de la reforma litúrgica. Cierto, la Biblia se lee mucho, pero también la misa esquelética se ha impuesto a la Escritura, hasta el punto de que nunca han sido los cristianos tan ignorantes como hoy de la Historia Sagrada y de las Sagradas Escrituras. Aunque la leen en algunas ocasiones, se los ha instruido con la mentalidad de la ideología de turno, la que en ese momento servía de relleno a la misa esquelética.

Hemos hablado de un cristianismo esquelético en la moral:
¿Qué queda en la mayoría de los cristianos de hoy de la riqueza moral católica? Quizás sepan que Dios es amor, que debemos amarnos los unos a los otros, y poco más: es innegable que queda bastante poco. De la Moral Católica, de la ley y de la gracia no se sabe casi nada más. Por eso estamos tan terriblemente indefensos ante la inmoralidad que nos inunda y, sobre todo, ante la ideología de la inmoralidad, que quiere admitirlo todo con la excusa del amor. Asistiremos al cumplimento de la apostasía: se promulgarán las leyes más inmorales en medio del silencio de los católicos, con el aplauso de algunos y con la falsa prudencia de los pastores, que callarán en nombre de la libertad y del respeto humano. Más que una moral esquelética es su mismísima muerte.
Y todo empezó por el vaciamiento de la Misa, cuando se la privó de defensas dogmáticas en las palabras y los gestos.

Y el resurgir sólo se iniciará con el retorno a una misa verdadera y totalmente católica.

Los reformadores postconciliares querían un nuevo cristianismo más libre, humanamente más cautivador, y para lograrlo derribaron las murallas que protegían a la Misa, y no han querido defender el cristianismo fundado por Dios.

Es posible que Pablo VI no hubiera previsto esta tragedia. Es posible que fuera tan iluso como para reducir la simplificación y la modernización al puro lenguaje. Es posible, pero el lenguaje es contenido; y los vacíos del lenguaje son vacíos de contenido que el mundo se apresura a rellenar como le parece.


Es posible que Pablo VI no hubiera imaginado tanto, pero es indudable que hoy en día un Papa no podrá ya contener la deriva sin aceptar el martirio. En efecto: tendrá que aceptar el martirio, porque ciertamente si intenta poner remedio será objeto de los ataques del mundo, de ese mundo que se ha infiltrado en la casa de Dios. Pero si no acepta el martirio, corre el riesgo de no cumplir su misión de Papa.