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La Orden de los Pobres Caballeros de Cristo – Milicia del Temple, es un instituto totalmente nuevo dentro de la Iglesia Católica, aunque inspirado en la antigua Orden.

1º.- No reivindica ninguna sucesión histórico – jurídica con la antigua Orden del Temple abolida en 1314, como lo hacen otras asociaciones autodenominadas “templarias”, que no es otra cosa que una total falsedad.

2º.- No tiene nada que ver con las creencias esotéricas de todas y cada una de estas asociaciones.

3º.- La Santa Sede ha prohibido a la Milicia del Temple tener contactos con este tipo de asociaciones.

Aprobada por la Santa Iglesia Católica, l a Milicia del Temple – Pobres Caballeros de Cristo, se complace en recibir a hombres y mujeres católicos. Por tal motivo, pedimos que cuando se pongan con nosotros en contacto por primera vez, incluyan los siguientes detalles: Su nombre y apellidos, localidad y provincia donde residen, parroquia a la que pertenecen, edad, si conoce a algún caballero o dama personalmente y si no, como se enteró de nosotros. No buscamos en este primer contacto una biografía completa, pero si un pequeño perfil a través del cual comenzar el proceso para tener en consideración su petición de unirse a nosotros.

Nuestra dirección de contacto es: infomilitiatempli@gmail.com

sábado, 21 de mayo de 2016



DEJAMOS ESTE BONITO ARTÍCULO, TITULADO "EL ROSTRO ÁRABE DE LA IGLESIA", ALGUNOS TODAVÍA PIENSAN QUE EL CRISTIANISMO ES ALGO OCCIDENTAL, PERO NO, LA CUNA DE LA IGLESIA ESTÁ EN ORIENTE MEDIO Y POCO A POCO PERDEREMOS NUESTRAS RAÍCES.

El rostro árabe de la Iglesia

¡Sí, mis queridos Hermanos! La Iglesia tiene también un rostro árabe ¿Desde cuándo? Desde los inicios. Desde su cuna, cuando en ese bendito día de Pentecostés el Espíritu Santo descendió sobre judíos piadosos y prosélitos de la región de Judea y sobre otros muchos venidos de todas partes, también había árabes:
“Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar. (…) De repente (…) quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse.
Había en Jerusalén hombres piadosos, que allí residían, venidos de todas las naciones que hay bajo el cielo. Al producirse aquel ruido la gente se congregó y se llenó de estupor al oírles hablar cada uno en su propia lengua.
Estupefactos y admirados decían: «¿Es que no son galileos todos estos que están hablando? Pues ¿cómo cada uno de nosotros les oímos en nuestra propia lengua nativa? (…) Árabes, todos les oímos hablar en nuestra lengua las maravillas de Dios.»[1]
(…) Entonces Pedro (…) les dijo: (…) “Todo el que invoque el nombre del Señor se salvará.” «Convertíos y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para remisión de vuestros pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo; pues la Promesa es para vosotros y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos, para cuantos llame el Señor Dios nuestro.»”
Los que acogieron su Palabra fueron bautizados. Aquel día se les unieron unas 3.000 almas.
Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones.

Alababan a Dios y gozaban de la simpatía de todo el pueblo. El Señor agregaba cada día a la comunidad a los que se habían de salvar.” (Hechos de los Apóstoles 2)

Artículo Publicado en el blog Familia religiosa del Verbo Encarnado, para leer el artículo completo seguir el enlace a la Fuente: EL ROSTRO ÁRABE DE LA IGLESIA