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La Orden de los Pobres Caballeros de Cristo – Milicia del Temple, es un instituto totalmente nuevo dentro de la Iglesia Católica, aunque inspirado en la antigua Orden.

1º.- No reivindica ninguna sucesión histórico – jurídica con la antigua Orden del Temple abolida en 1314, como lo hacen otras asociaciones autodenominadas “templarias”, que no es otra cosa que una total falsedad.

2º.- No tiene nada que ver con las creencias esotéricas de todas y cada una de estas asociaciones.

3º.- La Santa Sede ha prohibido a la Milicia del Temple tener contactos con este tipo de asociaciones.

Aprobada por la Santa Iglesia Católica, l a Milicia del Temple – Pobres Caballeros de Cristo, se complace en recibir a hombres y mujeres católicos. Por tal motivo, pedimos que cuando se pongan con nosotros en contacto por primera vez, incluyan los siguientes detalles: Su nombre y apellidos, localidad y provincia donde residen, parroquia a la que pertenecen, edad, si conoce a algún caballero o dama personalmente y si no, como se enteró de nosotros. No buscamos en este primer contacto una biografía completa, pero si un pequeño perfil a través del cual comenzar el proceso para tener en consideración su petición de unirse a nosotros.

Nuestra dirección de contacto es: infomilitiatempli@gmail.com

sábado, 20 de agosto de 2016

SAN BERNARDO DE CLARAVAL DOCTOR DE LA IGLESIA Y MENTOR  PROTECTOR DEL TEMPLE


     Hoy se celebra la festividad de San Bernardo Abad de Claraval, esta Santo trabajador incansable, Doctor de la Iglesia, cuyas enseñanzas, sermones y cartas fueron la luz de la Iglesia en el siglo XII, mentor y protector de la Orden del Temple, en el cual la Milicia del Temple - Orden de los Pobres Caballeros de Cristo tiene un referente en su código de conducta.

     San Bernardo, a solicitud de Hugo de Payns, primer Maestre de la Orden del Temple, escribe "De laudae novae militiae ad milites Templi: Elogio de la nueva Milicia Templaria. Está documentado que Hugo de Payns le dirige carta a San Bernardo hasta en tres ocasiones solicitándole una pequeña carta de exhortación, San Bernardo se toma su tiempo pero cuando escribe el "Elogio a la nueva Milicia Templaria" acaba de establecer las bases de la caballería cristiana, se puede decir que nace el Temple, se le da el alma a una forma que antes sólo la formaban un grupo de caballeros con ganas de servir a Dios y a la cristiandad pero sin unos principios fundamentales para desarrollar esa misión.
En "De laudae novae militiae ad milites Templi", se distinguen dos partes, en la primera el Santo describe minuciosamente la misión del nuevo monje guerrero, el templario, y justifica la necesidad de esta nueva caballería cristiana donde el caballero libra dos combates, contra la carne y la sangre y contra el espíritu de la malicia, por un lado el monje soldado, el templario lucha contra el pecado y los vicios, es una lucha interior por acercarse a Dios, y por otro lucha contra los enemigos de la cristiandad, destacando la formidable armadura que porta en su combate, que no es otra que la FE. También en esta primera parte San Bernardo hace un elogio del valor templario, valor que le lleva si es necesario al martirio para no renegar de su FE, virtud esta que se ve acompañada por una vida consecuente a los votos que profesará el monje soldado, votos de pobreza, obediencia, disciplina..

     En la segunda parte de "De laudae novae...."San Bernardo centra su atención en Tierra Santa, en los lugares relacionados con la vida de Jesús, lugares estos cuya vigilancia para la protección de los peregrinos que viajan desde Europa para visitarlos será una de las misiones fundamentales de la Orden del Temple.

     En definitiva esta exhortación que realiza el Santo a la nueva caballería cristiana será el referente para los caballeros que la integrarán, personas de una sólida fe, valientes combatientes, disciplinados en la batalla y humildes en el convento con una vida profundamente ascética marcada por el servicio a la idea del servicio a Dios a la Iglesia y a la cristiandad.


La Milicia del Temple.

     La Orden de los Pobres Caballeros de Cristo - Milicia del Temple, hoy día, como bien se determina en la documentación de la misma, no reclama ninguna sucesión de la antigua Orden del Temple, pero de lo que no cabe duda que el San Bernardo de Claraval y su "De laudae novae militiae ad Milites Templi" inspira la Regla y la vida de los que integramos la Milicia. Los objetivos siguen siendo los mismos y de hecho no han perdido ni un ápice de vigencia, el servicio a Dios, el profundizar en la espiritualidad y cultura de la Caballería como testimonio en defensa de los valores humanos y cristianos tradicional, la protección y acogida de peregrinos... entre otros y como objetivo general " promover y establecer comunidades de Fe y vida cristiana para que en plena comunión con la Iglesia Católica Romana, se desarrolle la originalidad de esta vocación ....".

     Hoy día la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo - Militia Templi, asociación cuya regla y su existencia misma cuenta con la aprobación canónica de la Santa Iglesia trabaja por esos ideales, desde el amor a Cristo, su fidelidad inquebrantable a la Santa Iglesia y al Santa Padre, fija sus objetivos en la defensa de la fe cristiana, en la defensa de los peregrinos, entendiéndose por tales todas las personas que buscan a Dios Nuestro Señor y que sufren por el, a todos aquellos que son perseguidos por tal motivo, trabaja sirviendo a la Santa Iglesia a través de la educación de la juventud de acuerdo con el método del Movimiento Scout Católico, existiendo un grupo muy numeroso dentro de la Milicia.

     No debemos olvidar la profunda devoción que San Bernardo sentía hacia la Santísima Virgen María, cuya devoción se mantiene por los Caballeros de la Milicia del Temple, habiendo llevado a cabo alguna conferencia para dar a conocer esa devoción tan pura que el Santo profesaba hacía la Madre de Dios.



     Y para finalizar como se determina al comienzo de nuestra Regla: ... quienquiera que seas, Caballero de Cristo, que eliges una forma de vida tan sagrada, deberás aplicarte en esta tu solemne profesión la pureza en la dedicación y una perseverancia constante ... – Regla


BREVE BIOGRAFÍA DE SAN BERNARDO

Nace en Borgoña, Francia (cerca de Suiza) en el año 1090. Sus padres tuvieron siete hijos y a todos los formaron estrictamente haciéndoles aprender el latín, la literatura y, muy bien aprendida, la religión.

La familia que se fue con Cristo

Esta familia ha sido un caso único en la historia. Cuando Bernardo se fue de religioso, se llevó consigo a sus 4 hermanos varones, y un tío, dejando a su hermana a que cuidará al papá (la mamá ya había muerto) y el hermanito menor para que administrara las posesiones que tenían. Dicen que cuando llamaron al menor para anuanciarle que ellos se iban de religiosos, el muchacho les respondió: "¡Ajá! ¿Conque ustedes se van a ganarse el cielo, y a mí me dejan aquí unicamente en la tierra? Esto no lo puedo aceptar". Y un tiempo después, también él se fue de religioso. Y más tarde llegaron además al convento el papá y el esposo de la hermana (y ella también se fué de monja). Casos como este son más únicos que raros.

La personalidad de Bernardo

Pocos individuos han tenido una personalidad tan impactante y atrayente, como San Bernardo. El poseía todas las ventajas y cualidades que pueden hacer amable y simpático a un joven. Inteligencia viva y brillante. Temperamento bondadoso y alegre, se ganaba la simpatía de cuantos trataban con él. Esto y su físico lleno de vigor y lozanía era ocasión de graves peligros para su castidad y santidad. Por eso durante algún tiempo se enfrió en su fervor y empezó a inclinarse hacia lo mundano y lo sensual. Pero todo esto lo llenaba de desilusiones. Las amistades mundanas por más atractivas y brillantes que fueran lo dejaban vacío y lleno de hastío. Después de cada fiesta se sentía más y más desilusionado del mundo y de sus placeres.

A mal grave, remedio terrible

Como sus pasiones sexuales lo atacaban violentamente, una noche se revolcó entre el hielo hasta quedar casi congelado. Y el tremendo remedio le trajo mucha paz.

Una visión cambia su rumbo: una noche de Navidad, mientras celebraban las ceremonias religiosas en el templo se quedó dormido y le pareció ver al Niño Jesús en Belén en brazos de María, y que la Santa Madre le ofrecía al Niñito Santo para que lo amara y lo hiciera amar mucho por los demás. Desde este día ya no pensó sino en consagrarse a la religión y al apostolado.

Un hombre que arrastra con todo lo que encuentra

Bernardo se fue al convento de monjes benedictinos llamado Cister, y pidió ser admitido. El superior, San Esteban, lo aceptó con gran alegría pues, en aquel convento, hacía 15 años que no llegaban religiosos nuevos.

Bernardo volvió a su familia a contar la noticia y todos se opusieron. Los amigos le decían que esto era desperdiciar una gran personalidad para irse a sepultarse vivo en un convento. La familia no aceptaba de ninguna manera.

Pero aquí sí que apareció el poder tan sorprendente que este hombre tenía para convencer a los demás e influir en ellos y ganarse su voluntad. Empezó a hablar tan maravillosamente de las ventajas y cualidades que tiene la vida religiosa, que logró llevarse al convento a sus cuatro hermanos mayores, a su tío y casi a todos los jóvenes de los alrededores, y junto con 31 compañeros llegó al convento de los Cistercienses a pedir ser admitidos de religiosos. Pero antes en su finca los había preparado a todos por varias semanas, entrenándolos acerca del modo como debían comportarse para ser unos fervorosos religiosos. En el año 1112, a la edad de 22 años, se fue de religioso al convento.

El papá, el hermano Nirvardo, el cuñado y la hermana, ya irán llegando uno por uno a pedir ser recibidos como religiosos.

Formidable poder de atracción. En toda la historia de la Iglesia es difícil encontrar otro hombre que haya sido dotado por Dios de un poder de atracción tan grande para llevar gentes a las comunidades religiosas, como el que recibió Bernardo. Las muchachas tenían terror de que su novio hablara con el santo, porque lo mas probable era que se iría de religioso. En las universidades, en los pueblos, en los campos, los jóvenes al oírle hablar de las excelencias y ventajas de la vida en un convento, se iban en numerosos grupos a que él los instruyera y los formara como religiosos. Durante su vida fundó más de 300 conventos para hombres, e hizo llegar a gran santidad a muchos de sus discípulos. Lo llamaban "el cazador de almas y vocaciones". Con su apostolado consiguió que 900 monjes hicieran profesión religiosa.

Fundador de Claraval. En el convento del Císter demostró tales cualidades de líder y de santo, que a los 25 años (con sólo tres de religioso) fue enviado como superior a fundar un nuevo convento. Escogió un sitio sumamente árido y lleno de bosques donde sus monjes tuvieran que derramar el sudor de su frente para poder cosechar algo, y le puso el nombre de Claraval, que significa valle muy claro, ya que allí el sol ilumina fuerte todo el día.

Supo infundir del tal manera fervor y entusiasmo a sus religiosos de Claraval, que habiendo comenzado con sólo 20 compañeros a los pocos años tenía 130 religiosos; de este convento de Claraval salieron monjes a fundar otros 63 conventos.

La oratoria de santo. Después de San Juan Crisóstomo y de San Agustín, es difícil encontrar otro orador católico que haya obtenido tantos éxitos en su predicación como San Bernardo. Lo llamaban "El Doctor boca de miel" (doctor melífluo) porque sus palabras en la predicación eran una verdadera golosina llena de sabrosura, para los que la escuchaban. Su inmenso amor a Dios y a la Virgen Santísima y su deseo de salvar almas lo llevaban a estudiar por horas y horas cada sermón que iba a pronunciar, y luego como sus palabras iban precedidas de mucha oración y de grandes penitencias, el efecto era fulminante en los oyentes. Escuchar a San Bernardo era ya sentir un impulso fortísimo a volverse mejor.

Su amor a la Virgen Santísima.

Los que quieren progresar en su amor a la Madre de Dios, necesariamente tienen que leer los escritos de San Bernardo, porque entre todos los predicadores católicos quizás ninguno ha hablado con más cariño y emoción acerca de la Virgen Santísima que este gran santo. Él fue quien compuso aquellas últimas palabras de la Salve: "Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María". Y repetía la bella oración que dice: "Acuérdate oh Madre Santa, que jamás se oyó decir, que alguno a Ti haya acudido, sin tu auxilio recibir".

El pueblo vibraba de emoción cuando le oía clamar desde el púlpito con su voz sonora e impresionante. "Si se levantan las tempestades de tus pasiones, mira a la Estrella, invoca a María. Si la sensualidad de tus sentidos quiere hundir la barca de tu espíritu, levanta los ojos de la fe, mira a la Estrella, invoca a María. Si el recuerdo de tus muchos pecados quiere lanzarte al abismo de la desesperación, lánzale una mirada a la Estrella del cielo y rézale a la Madre de Dios. Siguiéndola, no te perderás en el camino. Invocándola no te desesperarás. Y guiado por Ella llegarás seguramente al Puerto Celestial". Sus bellísimos sermones son leídos hoy, después de varios siglos, con verdadera satisfacción y gran provecho.

Viajero incansable. El más profundo deseo de San Bernardo era permanecer en su convento dedicado a la oración y a la meditación. Pero el Sumo Pontífice, los obispos, los pueblos y los gobernantes le pedían continuamente que fuera a ayudarles, y él estaba siempre pronto a prestar su ayuda donde quiera que pudiera ser útil. Con una salud sumamente débil (porque los primeros años de religioso, por imprudente, se dedicó a hacer demasiadas penitencias y se le daño la digestión) recorrió toda Europa poniendo la paz donde había guerras, deteniendo fuertemente las herejías, corrigiendo errores, animando desanimados y hasta reuniendo ejércitos para defender la santa religión católica. Era el árbitro aceptado por todos.

Exclamaba: A veces no me dejan tiempo durante el día ni siquiera para dedicarme a meditar. Pero estas gentes están tan necesitadas y sienten tanta paz cuando se les habla, que es necesario atenderlas (ya en las noches pararía luego sus horas dedicado a la oración y a la meditación).

De carbonero a Pontífice. Un hombre muy bien preparado le pidió que lo recibiera en su monasterio de Claraval. Para probar su virtud lo dedicó las primeras semanas a transportar carbón, y el otro lo hizo de muy buena voluntad. Después llegó a ser un excelente monje, y más tarde fue nombrado Sumo Pontífice: Eugenio III. El santo le escribió un famoso libro llamado "De consideratione", en el cual propone una serie de consejos importantísimos para que los que están en puestos elevados no vayan a cometer el gravísimo error de dedicarse solamente a actividades exteriores descuidando la oración y la meditación. Y llegó a decirle: "Malditas serán dichas ocupaciones, si no dejan dedicar el debido tiempo a la oración y a la meditación".


Despedida gozosa. Después de haber llegado a ser el hombre más famoso de Europa en su tiempo y de haber conseguido varios milagros (como por ej. Hacer hablar a un mudo, el cual confesó muchos pecados que tenía sin perdonar) y después de haber llenado varios países de monasterios con religiosos fervorosos, ante la petición de sus discípulos para que pidiera a Dios la gracia de seguir viviendo otros años más, exclamaba: "Mi gran deseo es ir a ver a Dios y a estar junto a Él. Pero el amor hacia mis discípulos me mueve a querer seguir ayudándolos. Que el Señor Dios haga lo que a Él mejor le parezca". Y a Dios le pareció que ya había sufrido y trabajado bastante y que se merecía el descanso eterno y el premio preparado para los discípulos fieles, y se lo llevó a sus eternidad feliz el 20 de agosto del año 1153. Solamente tenía 63 años pero había trabajado como si tuviera más de cien. El sumo pontífice lo declaró Doctor de la Iglesia.