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La Orden de los Pobres Caballeros de Cristo – Milicia del Temple, es un instituto totalmente nuevo dentro de la Iglesia Católica, aunque inspirado en la antigua Orden.

1º.- No reivindica ninguna sucesión histórico – jurídica con la antigua Orden del Temple abolida en 1314, como lo hacen otras asociaciones autodenominadas “templarias”, que no es otra cosa que una total falsedad.

2º.- No tiene nada que ver con las creencias esotéricas de todas y cada una de estas asociaciones.

3º.- La Santa Sede ha prohibido a la Milicia del Temple tener contactos con este tipo de asociaciones.

Aprobada por la Santa Iglesia Católica, l a Milicia del Temple – Pobres Caballeros de Cristo, se complace en recibir a hombres y mujeres católicos. Por tal motivo, pedimos que cuando se pongan con nosotros en contacto por primera vez, incluyan los siguientes detalles: Su nombre y apellidos, localidad y provincia donde residen, parroquia a la que pertenecen, edad, si conoce a algún caballero o dama personalmente y si no, como se enteró de nosotros. No buscamos en este primer contacto una biografía completa, pero si un pequeño perfil a través del cual comenzar el proceso para tener en consideración su petición de unirse a nosotros.

Nuestra dirección de contacto es: infomilitiatempli@gmail.com

domingo, 23 de octubre de 2016

Padre Giuseppe Leombruni, un franciscano valiente

“La Custodia no olvidará lo que usted hizo en Caná, y si Caná todavía hoy es cristiana, se lo debe a su abnegación y a riesgo de su misma vida”.





     “La Custodia no olvidará lo que usted hizo en Caná, y si Caná todavía hoy es cristiana, se lo debe a su abnegación y a riesgo de su misma vida”. De este modo, en 1972, escribía el padre Herminio Roncari. Destinatario del “gracias” del Custodio de entonces era el padre Giuseppe Leombruni, párroco por años de la ciudad galilea que con valentía y determinación el 22 de julio de 1948 persuadió a los soldados de Haganah, convenciéndolos para no atacar a la población.

     Un idéntico gracias, formulado precisamente con estas palabras, fue aquel que desde Caná se eleva en relación al franciscano en la lápida, recientemente inaugurada a pocos metros de la Iglesia latina.

     Fue el padre Michele Piccirillo, poco antes de su fallecimiento, quien dictó la inscripción y encargó al escultor Vincenzo Bianchi, la reproducción en bajorrelieve del retrato de fray Leombruni.

     Fue original de Ferentino, clase 1917, el franciscano llega a Tierra Santa con solo 11 años. Bautizado con el nombre de Luigi, se vuelve fray Giuseppe en 1934, después se hace sacerdote en 1942. Por muchos años, fue capellán militar, después fue destinado a Caná como párroco. El episodio recordado por la lápida se remonta a los meses inmediatamente sucesivos a la división de Palestina entre árabes y judíos y a la proclamación del Estado de Israel, en correspondencia con la primera de las guerras árabe-israelitas.

     Durante su encargo como capellán militar conoció a muchos oficiales ingleses y judíos.

     En las invasiones que hacía la Haganá, (las tropas judías) para tomar la tierra, él, junto al sacerdote ortodoxo de su tiempo, el Projorós y el alcalde árabe -cristiano-, vinieron y llevaron la bandera blanca, lo que significa que Caná fue encomendada pacíficamente, como San Francisco nos enseñó a ser pacíficos. Muchas familias, cristianas y musulmanes vinieron a nuestro convento, a nuestra iglesia, para ser protegidos por varios días. Ahora, en el 2011, hemos reconocido verdaderamente su favor, su amor por esta población.