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La Orden de los Pobres Caballeros de Cristo – Milicia del Temple, es un instituto totalmente nuevo dentro de la Iglesia Católica, aunque inspirado en la antigua Orden.

1º.- No reivindica ninguna sucesión histórico – jurídica con la antigua Orden del Temple abolida en 1314, como lo hacen otras asociaciones autodenominadas “templarias”, que no es otra cosa que una total falsedad.

2º.- No tiene nada que ver con las creencias esotéricas de todas y cada una de estas asociaciones.

3º.- La Santa Sede ha prohibido a la Milicia del Temple tener contactos con este tipo de asociaciones.

Aprobada por la Santa Iglesia Católica, l a Milicia del Temple – Pobres Caballeros de Cristo, se complace en recibir a hombres y mujeres católicos. Por tal motivo, pedimos que cuando se pongan con nosotros en contacto por primera vez, incluyan los siguientes detalles: Su nombre y apellidos, localidad y provincia donde residen, parroquia a la que pertenecen, edad, si conoce a algún caballero o dama personalmente y si no, como se enteró de nosotros. No buscamos en este primer contacto una biografía completa, pero si un pequeño perfil a través del cual comenzar el proceso para tener en consideración su petición de unirse a nosotros.

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viernes, 11 de agosto de 2017

EL CISTER Y SU VINCULACIÓN CON EL TEMPLE.

Tanto la Orden del Císter como la del Temple coinciden en sus orígenes impregnados de una misma ambientación de Cruzada, como así también en hombres de una idéntica área geográfica dedicados al servicio divino.

Entrega de San Bernado de la Regla del Temple a Hugo de Payns.
Entrega de San Bernado de la Regla del Temple a Hugo de Payns.
M. Sarlat – Mundiario – 110316.- La Historia nos marca que en el año 1112 y habiendo transcurrido catorce años desde la fundación de la Orden del Císter, un joven de la Borgoña de tan sólo 22 años de edad acompañado de unos treinta compañeros, golpeó a las puertas de la nueva institución cenobítica pidiendo ser admitido en ella. Estamos refiriéndonos a quien más tarde sería ampliamente conocido como San Bernardo de Claraval.
La Orden se hallaba en una época de expansión prodigiosa; de tal fecundidad monástica brotaría un puñado de abadías en los cuatro años que siguieron al ingreso de Bernardo y sus discípulos.
Hacia el año 1136, a la muerte de Esteban Harding, (tercer abad del Císter), las abadías fundadas habían alcanzado el número de setenta y cinco, trepando, diecisiete años más tarde, a la cifra insólita de 350 estos monasterios Cístercienses.
En tanto, más de dos años de tenaces combates serían necesarios para alcanzar las murallas de Jerusalén, la cuales, luego de un mes de asedio, fueron tomadas por asalto el 15 de julio de 1099. A modo de comentario, vale la pena añadir que cinco días antes de esta toma, moría en Valencia el guerrero castellano Rodrigo Díaz de Vivar, más conocido como el Cid Campeador.
Mientras el ejército cruzado batallaba allá lejos, en marzo de 1098, un monje gentilhombre de Borgoña se trasladaba con un grupo de seguidores a un lugar inaccesible por lo salvaje, llamado Citeaux, (Císter en nuestra lengua) situado a unos 22 kilómetros al sur de Dijon, en búsqueda de mayor pobreza y una más estricta observancia de la regla de San Benito. Se trataba del que fuese abad de San Miguel de Tonnerre primero y luego abad-fundador del monasterio de Molesme.
Alrededor del año 1100, al año siguiente al de la conquista de Jerusalén, Hugo de Payns integraba el séquito caballeresco de otro Hugo, el conde de Champagne, al que todo parece señalar que acompañó en 1104 en su peregrinación a Tierra Santa.
Será este mismo conde Hugo I de Champagne quien generosamente, en julio de 1114, donará al Císter “el lugar de Claraval con todas sus pertenencias: Campos, prados, viñas, bosques y aguas”, donde se instalará el monasterio que tendrá por primer abad al joven Bernardo.
Tanto la Orden del Císter como la del Temple coinciden en sus orígenes impregnados de una misma ambientación de Cruzada, como así también en hombres de una idéntica área geográfica dedicados al servicio divino, sin dejar de mencionar los vínculos familiares que unían por sangre a san Bernardo y Hugo de Payns.
Tenemos entonces que el primer contacto de Bernardo con la nueva Orden está dado a través del conde Hugo I de Champagne, a quien para mas datos en el año 1125, dirige una carta felicitándole por profesar en la recientemente creada Orden del Temple, habiéndose  convertido en un pobre soldado a través de sus votos de pobreza, obediencia y castidad, votos por los cuales el noble se desligara de todas sus posesiones y repudiara su matrimonio.
La inequívoca toma de posición de san Bernardo a favor de la Nueva Milicia resonó en toda la cristiandad como un gran clarinazo de alistamiento, levantando oleadas de entusiasmo y provocando que muchos jóvenes ansiosos de servir, acudieran a enrolarse a las filas templarias.
También numerosos caballeros se fueron alistando, mientras otros tantos luchaban en calidad de cruzados; hubo, asimismo, no pocos que debido a su edad o condición física estaban impedidos de cabalgar largas distancias y por ende, se sintieron impulsados a contribuir financieramente a tan colosal empresa mediante la entrega de bienes y heredades.  Con el producto de estos donativos administrados celosamente por el Temple, se sostenía a los ejércitos que luchaban en Palestina.
Luego del contundente apoyo de Bernardo con su De Nova Militia Christi sumado al respaldo del Concilio de Troyes, brotaron centenares de encomiendas templarias en toda Francia, Flandes, Inglaterra, Escocia y la Península Ibérica.
Es inconmensurable lo que el Temple debe a Bernardo de Claraval. Sin su poderosa ayuda, es probable que éste nunca hubiese pasado del grupo formado por los primeros nueve caballeros a cuya cabeza cabalgara Hugo de Payns.
Fuente: Artículo publicado en Vox Templi. http://www.voxtempli.org/