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La Orden de los Pobres Caballeros de Cristo – Milicia del Temple, es un instituto totalmente nuevo dentro de la Iglesia Católica, aunque inspirado en la antigua Orden.

1º.- No reivindica ninguna sucesión histórico – jurídica con la antigua Orden del Temple abolida en 1314, como lo hacen otras asociaciones autodenominadas “templarias”, que no es otra cosa que una total falsedad.

2º.- No tiene nada que ver con las creencias esotéricas de todas y cada una de estas asociaciones.

3º.- La Santa Sede ha prohibido a la Milicia del Temple tener contactos con este tipo de asociaciones.

Aprobada por la Santa Iglesia Católica, l a Milicia del Temple – Pobres Caballeros de Cristo, se complace en recibir a hombres y mujeres católicos. Por tal motivo, pedimos que cuando se pongan con nosotros en contacto por primera vez, incluyan los siguientes detalles: Su nombre y apellidos, localidad y provincia donde residen, parroquia a la que pertenecen, edad, si conoce a algún caballero o dama personalmente y si no, como se enteró de nosotros. No buscamos en este primer contacto una biografía completa, pero si un pequeño perfil a través del cual comenzar el proceso para tener en consideración su petición de unirse a nosotros.

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sábado, 10 de febrero de 2018

LA ORDEN DEL TEMPLE EN EL CAMINO DE SANTIAGO

Como señala Ángel Almazán Soria los diversos investigadores que han investigado sobre la Orden del Temple suelen discrepar respecto a en qué lugares estuvieron concretamente a lo largo del Camino de Santiago Francés a su paso por Castilla y León. Así, si nos basamos en documentos conocidos hasta el momento que no arrojen duda alguna, habría que echar mano del libro Los templarios en la Corona de Castilla escrito por Gonzalo Martínez Díez, que reduce su presencia a las encomienda de Villalcázar de Sirga y Ponferrada, desconociéndose exactamente el entorno territorial que abarcaban y en el que tenían diversas posesiones templarias, desde iglesias a casas, granjas y molinos, aunque sí se sabe que tenían una casa en Rabanal del Camino.
Otros investigadores estiman que los templarios estuvieron en otros enclaves. Así, Javier Castán Lanaspa, en su libro Arquitectura templaria castellano-leonesa los sitúa en la iglesia leonesa de San Fiz do Seo, la iglesia de Santiago en Carrión de los Condes la iglesia del Castillo en Támara y posesiones en la burgalesa Villafrandovínez.

A su vez, Juan García Atienza amplía aún más los enclaves templarios, destacando, al comienzo y al final del tramo castellano leonés jacobeo un hospital y granja en Villafranca de Montes de Oca y la iglesia de San Juan en Villafranza del Bierzo.

Igualmente, los conventos cluniacenses y cistercienses atendieron a peregrinos, destacando por ejemplo el Hospital del Rey en Burgos, dependiente de las monjas de Las Huelgas, o el imponente convento antoniano de Castrojeriz.

¿Por qué estaban los templarios en el Camino de Santiago? Porque era una Orden con una doble función: monacal y militar. Esta doble vertiente de caballeros-monjes inevitablemente les hace estar en esta gran senda de peregrinación a Compostela, tanto para proteger inicialmente a la cristiandad de posibles ataques de los musulmanes, como para facilitar el paso de peregrinos y, también, para sus funciones religiosas y, en algunos casos, iniciáticas.

En este orden, Danie G. Rojo ha publicado un interesante texto en la web de Jacobeo 2010  dedicado a examinar la presencia del temple en el Camino de Santiago. Se recogen seguidamente sus contenidos:

Una orden también dedicada a facilitar el paso a los peregrinos

Los Caballeros Templarios, igual que otras órdenes militares, tuvieron una fuerte presencia en la ruta jacobea. Sólo en la región, diversos investigadores localizan diez enclaves como Villalcázar de Sirga y Ponferrada.

Aunque la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo o del Templo de Salomón se creó en Tierra Santa poco después de la Primera Cruzada, hacia el 1118, no tardó en extender su poder e influencia a territorios franceses, supuestamente su lugar de origen, y de la Península Ibérica, entre los que no podía faltar la ruta del Camino Francés a Santiago de Compostela, que en ese siglo XII comenzaba a despuntar como auténtico fenómeno de masas.

Dada su doble función “monacal y militar”, el Temple se situó en la zona norte de España no sólo para “facilitar el paso de peregrinos”, sino “para proteger a la cristiandad de posibles ataques de la morisma” y “para sus funciones religiosas y, en algunos casos.

Fortalezas, iglesias, hospitales, casas, granjas, molinos... La orden se estableció de Oriente a Occidente de la península, Camino de Santiago y en otras zonas, gracias en buena parte a las “donaciones”.

Diversos historiadores e investigadores, entre ellos el propio Riesco, localizan, con la seguridad que permiten las fuentes relativas a una orden desaparecida hace casi 700 años, hasta una decena de enclaves del Temple en la región, entre los que destacan los de Villalcázar de Sirga (Palencia) y Ponferrada (León), las “mayores encomiendas templarias del Camino” junto a la de San Fiz de Ermo (Lugo), según Riesco.

Villafranca Montes de Oca

La ruta comenzaría en Villafranca Montes de Oca (Burgos), donde el historiador Juan García Atienza identifica en su libro ‘Los enclaves templarios’ (Martínez Roca) una granja que “fue casa y hospital de templarios”, fundamentales para la protección de los peregrinos en unos montes en los que “se ocultaban numerosos bandidos”. Al sur de la capital burgalesa, en Frandovínez, los Pobres Caballeros de Cristo también tenían posesiones, según escribe Javier Castán Lanaspa en su libro ‘Arquitectura templaria castellano-leonesa’ (Universidad de Valladolid).

Ya en la provincia de Palencia, Gonzalo Martínez Díez localiza en ‘Los templarios en la Corona de Castilla’, un volumen basado en documentos que “no arrojan duda alguna”, según Almazán, la iglesia de Santa María la Blanca de Villalcázar de Sirga, una imponente construcción de 17 metros de altura en su interior y tres naves cistercienses, en la que “aparecen esculpidos los caballeros templarios, con sus mantos albos, cruces en gules y escudos”, escribe Riesco Martínez.

En Palencia, Castán Lanaspa también asigna al Temple el antiguo hospital de peregrinos de Támara de Campos, hoy sede del Ayuntamiento y de un museo etnográfico, y la iglesia de Santiago, en Carrión de los Condes. “El friso de su fachada recuerda sospechosamente al pórtico de Villalcázar”, apunta Riesco, quien también reconoce como templario “un molino en la población, derruido en 1432”. El último enclave de la provincia tiene un nombre inequívoco, Terradillos de Templarios, donde la orden de freires tuvo “heredades” donadas por Alfonso VIII en 1191.

El castillo de Ponferrada

Bajo el dominio de la poderosa encomienda de Ponferrada (León) se encontraba la casa de Rabanal del Camino, situada frente a la parroquia de Santa María de la Asunción, primera parada leonesa de una ruta que tuvo su centro neurálgico en la citada fortaleza berciana, con su triple muralla, muy del gusto templario, y sus doce torres, que diversos investigadores, como Juan Pedro Morín, Jaime Cobreros y Luis San Juan, identifican con las siluetas de las constelaciones zodiacales. Por esta razón, el castillo podría considerarse un gran observatorio astronómico.

La iglesia de San Juan de San Fiz, a las afueras de Villafranca del Bierzo, también perteneció a los Pobres Caballeros, según García Atienza, así como la iglesia de San Fiz do Seo, consagrada a San Pelayo y la Virgen de los Dolores. “Tanto dominio a las puertas de Santiago, en la última concentración urbana, junto a Villafranca, testimonia el control y protección de los templarios en el Camino”, puntualiza Raúl Riesco Martínez, quien también recuerda que “ninguna orden militar desempeñó funciones de protección en exclusiva”.

Así, y como recalca Ángel Almazán de Gracia, “hubo otras órdenes militares que tuvieron mayor dedicación a atender a los peregrinos que los templarios en Castilla y León, como la famosa Orden de Santiago”, con hospitales en Villalcázar de Sirga, Santa María de las Tiendas (Palencia), San Marcos, en León, y su hospital dependiente de San Miguel del Camino; “los Sanjuanistas u Orden de los Hospitalarios de San Juan”, conocida posteriormente como Orden de Malta; y “los conventos cluniacenses y cistercienses”, que igualmente asistieron a los romeros.

El Temple, entre iglesias y hospitales

En torno al Camino Francés a Santiago de Compostela se ubican seis enclaves templarios en Burgos y Palencia, entre los que brilla con luz propia Santa María la Blanca de Villalcázar de Sirga.

Protectores de la cristiandad en su conjunto antes que simplemente de los peregrinos a Compostela, la Orden del Temple no tardó en instalarse en el Camino de Santiago y sus alrededores por cuestiones estratégicas. La vía se había convertido en un eje europeo religioso, comercial y social, en el que las actuales provincias de Burgos, Palencia y León jugaban un papel importante.

Los historiadores localizan en las dos primeras seis enclaves pertenecientes a los Pobres Caballeros de Cristo, pero, al tratarse de una orden disuelta en 1312, apenas queda nada de su memoria en muchos de los lugares donde vivieron, como una casa y hospital de Villafranca Montes de Oca (Burgos), borradas de la historia y del recuerdo de los actuales habitantes.

Las huellas del invierno todavía se palpan en la fuente cercana a la Iglesia de Santiago, en Villafranca, congelada y con carámbanos colgantes. “No sé nada de ningún hospital templario aquí. A lo mejor, mi hijo, que se conoce de memoria la historia del pueblo”, afirma Teresa Sanz, que desde hace seis años se encarga de mantener, con una joven, el albergue municipal del pueblo. “Tenemos las ruinas de San Félix de Oca, donde se dice que está enterrado el fundador de Burgos, pero de los templarios...”, añade Sanz, quien no duda de que el Camino de Santiago “da vida al pueblo, al bar, a la panadería...”. “Hay días que hay más peregrinos que habitantes”.

Hito fundamental en la ruta jacobea, Villafranca se sitúa en plena etapa de Belorado a San Juan de Ortega y sus Montes de Oca fueron siempre un paso peligroso para los peregrinos, tanto por los lobos como por los bandidos. Por esa razón, el Temple se situó en la zona, como afirma Juan García Atienza en su libro ‘Los enclaves templarios’ (Martínez Roca). Sin embargo, de esa presencia sólo queda un rastro de papel en los libros.

Lo mismo ocurre en Frandovínez, situada al sur de la ciudad de Burgos, donde el profesor titular de Historia del Arte Antiguo y Medieval de la Universidad de Valladolid, Javier Castán Lanaspa, localiza posesiones templarias hoy imposibles de identificar, ni siquiera si uno se encarama al promontorio donde se alza la iglesia de San Miguel Arcángel. No obstante, ya en 1352 el ‘Becerro de las Behetrías’ califica la Villa de Frandovínez como lugar de abadengo en el cual tienen parte “el Monasterio de Huelgas, el Hospital del Rey y la Orden del Temple”.

Palencia

La huella de los Caballeros del Templo de Salomón comienza a hacerse más tangible al cruzar la frontera de Palencia, que alberga una de las tres encomiendas templarias más importantes del Camino de Santiago, la iglesia de Santa María la Blanca, en Villalcázar de Sirga, y un pueblo de nombre inequívoco, Terradillos de Templarios.

La primera parada de la ruta palentina se encuentra a la vereda del Camino de Santiago, en Támara de Campos, en cuyo punto más alto descansa un antiguo hospital de peregrinos de la Orden del Temple, según Castán Lanaspa, del que hoy sólo queda la iglesia, cuya bella espadaña roza el cielo palentino con la recia y serena majestuosidad del románico. Tras la disolución del Temple, el hospital pasó a manos de la Orden de San Juan y su claustro pervivió, en ruinas, hasta bien entrado el siglo XX, como recuerda Concha Gallardo, alcaldesa desde hace dos décadas, que jugaba allí “de pequeña”. Hoy, es la sede del Ayuntamiento y de un museo etnográfico.

A pocos kilómetros de allí, el peregrino puede maravillarse con uno de los hitos más monumentales de la ruta jacobea, la iglesia de Santa María la Blanca, de Villalcázar de Sirga, cuyo párroco, Jesús Fernández, cuenta siempre “la leyenda del tesoro templario escondido tras una figura de un cerdo, en la fachada”.

Ese cerdo, como recuerda el sacerdote, sustituyó misteriosamente al buey o toro de San Lucas en el tetramorfos del templo, una bella muestra de la transición del románico al gótico, entre cuyas joyas figura la talla de la Virgen de las Cantigas o los sepulcros del infante don Felipe, su segunda esposa -Leonor Ruiz de Castro y Pimentel- y el caballero Juan Pérez.

En los dos primeros, como explica Jesús Fernández a quien quiera que visite el templo, se pueden contemplar varios relieves que representan a caballeros templarios, con sus mantos, cruces y escudos. Un retablo dedicado a los milagros de Santiago Apóstol rubrica la unión del Camino con la iglesia y la orden militar nacida en Tierra Santa.

Un molino, desaparecido en 1432, y la iglesia de Santiago de Carrión de los Condes pertenecieron también a la Orden del Temple, que tiene en Terradillos de Templarios uno de sus lugares más representativos, al menos nominalmente, y también por el hostal que allí existió en la Alta Edad Media, dedicado a San Juan y del que sólo quedan algunas piedras y enterramientos. Para preservar su memoria, el albergue de peregrinos lleva el nombre del último gran maestre del Temple, Jacques de Molay, quemado en la hoguera frente a la catedral de Nôtre Dame en 1314.

La provincia más templaria de Castilla y León

La sombra de la orden templaria, desaparecida hace siete siglos, se convierte en una impresionante realidad en el Castillo de Ponferrada, pero en tierras leonesas, al paso del Camino de Santiago, se localizan tres enclaves más de los monjes guerreros.

La primavera está a un tiro de piedra y el sol de marzo brilla con fuerza, pero la nieve ha vuelto a cubrir, con un manto inmaculado imposible de igualar en la ciudad, Rabanal del Camino y sus alrededores. En este pueblo leonés se situaba antaño un enclave templario -hospital, según unos; casa relacionada con la explotación de las minas de Las Médulas, según otros-, el primero de la orden en el Camino Francés a Compostela a su paso por León, provincia que cuenta con una de las huellas más impresionantes de la presencia del Temple: el Castillo de Ponferrada.

El secretario de la junta vecinal de Rabanal, Juan José Prieto, presume de pueblo y de iglesia (la de Santa María de la Asunción) y con razón. “Tenemos cuatro albergues, dos hostales y cuatro bares, por aquí pasan muchos peregrinos, aunque el nombre lo tenga Foncebadón”, aseguró. A la sombra de los muros de la iglesia, sobre un suelo de piedra helado y resbaladizo, no oculta su admiración por el templo: “Tiene una de las mejores y más bonitas espadañas de la zona”.

A poca distancia, Prieto señala una casa que a los ojos de un visitante no destacaría del resto: “Es la casa de las cuatro esquinas, donde supuestamente pasó una noche Felipe II”. Unos pocos metros después, el secretario vuelve a detenerse ante otra vivienda: “Aunque no quede nada de la original, ésta era una casa de los templarios, un hospital”, afirma. Así es la sombra del Temple; se proyecta, desdibujada, en muchos puntos del Camino de Santiago, donde su presencia se pierde entre la historia y la leyenda, gracias en parte a contribuciones literarias como la famosa novela romántica ‘El señor de Bembibre’, del berciano Enrique Gil y Carrasco.

A veces, como para recordar que muchas tradiciones tienen una base de realidad, esa sombra se torna inequívocamente real, inmensa. Es el caso del Castillo del Ponferrada, que la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo ocupó, reformó y amplió “entre 1178 y 1308”, como recuerda su director, Francisco Javier García Bueso. El viento ulula entre los sillares de piedra de la fortaleza y en él resuenan los ecos de tiempos pasados.

Los templarios, el Conde de Lemos, los Reyes Católicos... Todos dejaron su huella en un edificio que “ha evolucionado de forma compleja, como un juego de construcción, como un castillo con muchos castillos dentro”, explica García Bueso, quien no tiene reparos a la hora de referirse a la historia más “esotérica” de la fortaleza. Ubicada en pleno casco antiguo de la villa, domina Ponferrada desde un promontorio, sobre “un eje de fuerzas, en la confluencia de los ríos Sil y Boeza”. Algo que, tratándose de los templarios, no fue casual.

A partir de 1994, con la redacción y posterior ejecución de un plan director -financiado por el Ministerio de Cultura, la Junta de Castilla y León, la Diputación de León y el Ayuntamiento de Ponferrada-, el castillo ha recuperado su antiguo esplendor. Prácticamente toda su estructura se ha consolidado y la zona conocida como ‘palacial’, levantada por el Conde de Lemos, se ha rehabilitado para albergar salones de congresos, cafetería, restaurante, salas de exposiciones y una biblioteca.

El Camino de Santiago bordea parte del perímetro del castillo, cuya muralla exterior fue “reforzada y ampliada” por los templarios, que en 1308, un año después de que Felipe IV de Francia y el Papa Clemente V comenzaran su persecución, tuvieron que huir de la capital berciana, “primero al norte de Badajoz, a Albuquerque, y luego a Portugal”.

San Juan de San Fiz

Construida entre finales del siglo XII y principios del XIII, la iglesia de San Juan de San Fiz, en Villafranca del Bierzo, también estuvo vinculada con “las órdenes del Temple y de los hospitalarios”, según afirman historiadores como Juan García Atienza y tal y como se indica en un cartel informativo colocado junto al templo, exponente del románico rural de El Bierzo y ubicado a las afueras de Villafranca, en la carretera hacia Corullón.

Las imágenes de San Juan Bautista y María Magdalena presiden la iglesia, restaurada en 1987 y construida sobre unas ruinas romanas que pueden verse bajo las escaleras de acceso al altar. “Santo Tomas de Ollas, Santiago y San Juan de San Fiz, de Villafranca, y San Esteban de Corullón representan el románico más característico de El Bierzo”, recalca el párroco de Villafranca, Tomás Alija, para luego resaltar que San Juan de San Fiz ya era “un lugar emblemático en tiempos romanos y un lugar sagrado en el medievo”.

En la localidad de San Fiz do Seo, a la sombra de la Peña del Seo, donde “los alemanes sacaban wolframio en la II Guerra Mundial”, según relata su alcalde pedáneo, Antonio Abad, se sitúa la más humilde iglesia de San Pelayo y la Virgen de los Dolores, relacionada también con los templarios. Su exterior se ha transformado mucho desde aquella época, pero el interior, restaurado el verano pasado, permite apreciar la solera de la construcción, último rastro templario en el Camino Francés a su paso por León.