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La Orden de los Pobres Caballeros de Cristo – Milicia del Temple, es un instituto totalmente nuevo dentro de la Iglesia Católica, aunque inspirado en la antigua Orden.

1º.- No reivindica ninguna sucesión histórico – jurídica con la antigua Orden del Temple abolida en 1314, como lo hacen otras asociaciones autodenominadas “templarias”, que no es otra cosa que una total falsedad.

2º.- No tiene nada que ver con las creencias esotéricas de todas y cada una de estas asociaciones.

3º.- La Santa Sede ha prohibido a la Milicia del Temple tener contactos con este tipo de asociaciones.

Aprobada por la Santa Iglesia Católica, l a Milicia del Temple – Pobres Caballeros de Cristo, se complace en recibir a hombres y mujeres católicos. Por tal motivo, pedimos que cuando se pongan con nosotros en contacto por primera vez, incluyan los siguientes detalles: Su nombre y apellidos, localidad y provincia donde residen, parroquia a la que pertenecen, edad, si conoce a algún caballero o dama personalmente y si no, como se enteró de nosotros. No buscamos en este primer contacto una biografía completa, pero si un pequeño perfil a través del cual comenzar el proceso para tener en consideración su petición de unirse a nosotros.

Nuestra dirección de contacto es: infomilitiatempli@gmail.com

sábado, 19 de mayo de 2018


¿Dónde vivió María después de la Resurrección?

La Escritura y la tradición nos dan unas cuantas posibilidades.

Después de que Jesús volviera de entre los muertos y ascendiera al Cielo, ¿adónde fue su madre? Aunque la Escritura no nos da una dirección exacta, sí deja varias pistas.


Por lo general, se acepta que en el momento de la muerte de Jesús su padre adoptivo José ya había fallecido. Esto dejaría a Jesús como el único familiar principal al cargo de su madre ya mayor.
Cuando estaba a punto de morir en la cruz, Jesús designó a uno de sus discípulos para cuidar de ella.
Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: “Mujer, aquí tienes a tu hijo”. Luego dijo al discípulo: “Aquí tienes a tu madre”. Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa. (Juan 19,26-27)
La mayoría de expertos en la Escritura coincide con una tradición que dice que el “discípulo a quien él amaba” era san Juan el Evangelista.
En principio, parece que Juan cuidó de María en Jerusalén, tal y como se menciona en el libro de Hechos.
Los Apóstoles regresaron entonces del monte de los Olivos a Jerusalén: la distancia entre ambos sitios es la que está permitida recorrer en día sábado. Cuando llegaron a la ciudad, subieron a la sala donde solían reunirse. Eran Pedro, Juan, Santiago, Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé, Mateo, Santiago, hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas, hijo de Santiago. Todos ellos, íntimamente unidos, se dedicaban a la oración, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos. (Hechos 1,12-14)
Esto implica que, al menos tras la muerte, resurrección y ascensión de Jesús, María vivió con los apóstoles en Jerusalén. Según mantiene una tradición, aquí vivió María el resto de su vida, andando el “camino de la cruz” todos los días, rememorando los pasos de su hijo. En esta tradición, la asunción de María tuvo lugar en Jerusalén y los apóstoles fueron testigos del hecho.
En la actualidad existe una iglesia construida cerca del Monte de los Olivos que se dice fue el lugar de enterramiento de María y es venerado por la Iglesia ortodoxa oriental. También hay otra ubicación en Jerusalén, la iglesia de la Dormición, conservada por monjes benedictinos. Ambos lugares aseguran ser el lugar de la asunción de María al Paraíso.


Por otro lado, existe una tradición que ubica a Juan el Evangelista en la ciudad de Éfeso. Muchos creen que, puesto que Juan vivía en esta ciudad, la Virgen María vivió con él y que su asunción tuvo lugar allí también. Este relato se vio reforzado más tarde por ciertas revelaciones privadas de la beata Ana Catalina Emmerick en el siglo XIX, que localizaban la casa de María en Éfeso.

En 1891, la hermana Marie de Mandat-Grancey descubrió en Éfeso una casa del siglo I, junto con las ruinas de una iglesia construida sobre ella en el siglo IV. El lugar ha sido un destino popular de peregrinación para muchas personas, incluyendo varios papas del siglo anterior.

En definitiva, fuera donde fuera que viviera María durante aquellos días finales de su vida, cuando fue asumida al Cielo se convirtió en nuestra madre y sigue siendo la Madre de la Iglesia, siempre intercediendo por nosotros ante su Hijo.