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La Orden de los Pobres Caballeros de Cristo – Milicia del Temple, es un instituto totalmente nuevo dentro de la Iglesia Católica, aunque inspirado en la antigua Orden.

1º.- No reivindica ninguna sucesión histórico – jurídica con la antigua Orden del Temple abolida en 1314, como lo hacen otras asociaciones autodenominadas “templarias”, que no es otra cosa que una total falsedad.

2º.- No tiene nada que ver con las creencias esotéricas de todas y cada una de estas asociaciones.

3º.- La Santa Sede ha prohibido a la Milicia del Temple tener contactos con este tipo de asociaciones.

Aprobada por la Santa Iglesia Católica, l a Milicia del Temple – Pobres Caballeros de Cristo, se complace en recibir a hombres y mujeres católicos. Por tal motivo, pedimos que cuando se pongan con nosotros en contacto por primera vez, incluyan los siguientes detalles: Su nombre y apellidos, localidad y provincia donde residen, parroquia a la que pertenecen, edad, si conoce a algún caballero o dama personalmente y si no, como se enteró de nosotros. No buscamos en este primer contacto una biografía completa, pero si un pequeño perfil a través del cual comenzar el proceso para tener en consideración su petición de unirse a nosotros.

Nuestra dirección de contacto es: infomilitiatempli@gmail.com

lunes, 14 de mayo de 2018

UNA HISTORIA DE FE

Dejamos esta historia de fe contada por el Padre Luis Montes en su página de facebook: 
https://www.facebook.com/amigosdeirak/posts/1622986644487094

Una bendición y un milagro
Cristina Jadaar, una niña iraquí secuestrada durante tres años por el Estado Islámico, fue liberada el pasado 9 de junio y desde entonces se encuentra junto a sus padres y sus familiares.
La liberación se realizó gracias a la colaboración de un musulmán adinerado, que tenía a la pequeña viviendo en su casa junto a sus diez hijos y su familia en Mosul, donde la compró en el mercado de esclavas.
Después de que el Ejército liberó de las huestes de Abu Bakr al Baghdadi la ciudad, este hombre avisó a un amigo suyo cristiano que tenía alojada en su casa a una niña de la Llanura de Nínive. Y así se pusieron en contacto con los Jadaar. Un tío de la pequeña fue hasta Mosul a identificar a la niña por la noche ante el miedo de que esta noticia fuera una trampa de los radicales.
La familia de Cristina fue una de las pocas que se quedaron en Qaraqosh cuando la organización extremista invadió este pueblo el 6 de agosto de 2014. Los cuatro hijos mayores del matrimonio huyeron con otros familiares, pero Aida se quedó en casa junto con su marido y su hija de solo 3 años, demasiado pequeña para huir en mitad de la noche y a pie. El padre de los Jadaar es ciego y se encontraba impedido para marcharse a la desesperada, así que decidieron quedarse.
El 22 de agosto, Cristina y sus padres fueron obligados por los milicianos vestidos de negro a abandonar su casa y subirse a un autobús, para un supuesto reconocimiento médico. Junto con ellos, había un pequeño grupo de cristianos que tampoco habían huido, todos ancianos o enfermos. Una vez dentro del vehículo, un miembro del grupo yihadista arrancó a la niña de los brazos de Aida.
A pesar de las súplicas de la madre, el combatiente se negó a devolverle a la pequeña y amenazó con matar a toda la familia.
Más tarde, los padres de Cristina fueron abandonados en medio del desierto. Consiguieron llegar a Erbil gracias a un conductor que pasaba por allí. Pese al desgarrador testimonio, Aida nunca perdió la fe: “Creo y confío en Dios. Para él nada es imposible. Espero que traiga a Cristina de vuelta conmigo. Sé que me la devolverá”.
Aunque los años pasaban, la familia Jadaar nunca perdió la esperanza. La madre pidió que se rezara por su niña para que pudiera volver algún día a casa.
Los Jadaar y el resto de cristianos desplazados en la capital del Kurdistán iraquí celebraron con gran alegría el regreso de Cristina.
Al principio, la pequeña no reconocía a sus padres. Además, había olvidado el arameo, su lengua materna. Cristina estaba en estado de shock.
Tras pasar varios meses juntos en el barrio de Ankawa, la familia hoy vive en una casa en Qaraqosh.
Hace unos días pudimos visitarles en su nuevo hogar, para ver qué tal están. Cuando el Padre Luis abrazo a Aida, las lágrimas de gozo corrieron por su rostro. Fue maravilloso ver a todos sonreír, comprobar que Cristina ya juega como una niña más y ha logrado integrarse en su comunidad.
Damos gracias a Dios por esta gran bendición y por el milagro que ha concedido a la familia Jadaar.
Iván de Vargas