CONTACTA CON NOSOTROS

La Orden de los Pobres Caballeros de Cristo – Milicia del Temple, es un instituto totalmente nuevo dentro de la Iglesia Católica, aunque inspirado en la antigua Orden.

1º.- No reivindica ninguna sucesión histórico – jurídica con la antigua Orden del Temple abolida en 1314, como lo hacen otras asociaciones autodenominadas “templarias”, que no es otra cosa que una total falsedad.

2º.- No tiene nada que ver con las creencias esotéricas de todas y cada una de estas asociaciones.

3º.- La Santa Sede ha prohibido a la Milicia del Temple tener contactos con este tipo de asociaciones.

Aprobada por la Santa Iglesia Católica, l a Milicia del Temple – Pobres Caballeros de Cristo, se complace en recibir a hombres y mujeres católicos. Por tal motivo, pedimos que cuando se pongan con nosotros en contacto por primera vez, incluyan los siguientes detalles: Su nombre y apellidos, localidad y provincia donde residen, parroquia a la que pertenecen, edad, si conoce a algún caballero o dama personalmente y si no, como se enteró de nosotros. No buscamos en este primer contacto una biografía completa, pero si un pequeño perfil a través del cual comenzar el proceso para tener en consideración su petición de unirse a nosotros.

Nuestra dirección de contacto es: infomilitiatempli@gmail.com

lunes, 2 de diciembre de 2019


CUERPO VOLUNTARIOS DE LA ORDEN POBRES CABALLEROS DE CRISTO – MILITIA TEMPLI EN EL CAMINO DE SANTIAGO


 Dentro del carisma propio de la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo  – Militia Templi, este verano pasado comenzamos nuestra presencia en el Camino de Santiago basada principalmente en el compromiso de aportar nuestros esfuerzos a que el Camino vuelva a ser una ruta de peregrinación en busca de Dios, no en lo que se está convirtiendo poco a poco que nada tiene que ver con lo anterior.

La actuación se materializó con nuestra presencia en la localidad de Redecilla del Camino (Burgos) el primer pueblo del Camino Francés de la provincia de Burgos. En este bello pueblo establecimos nuestra casa y desde ella y desde la Iglesia parroquial dedicada a Nuestra Señora la Virgen de la Calle,  estuvimos dándoles la acogida cristiana que se merecen, intentando dar testimonio de  los valores que se deben perseguir, recordándoles que están en una ruta de peregrinación de tradición cristiana, en definitiva acompañándoles.
Dada la experiencia tan positiva y profunda que supuso para todos los componentes de la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo – Militia Templi que estuvieron presentes y con la idea de poder atender de forma más eficiente a los cientos de peregrinos que pasan a diario, se pensó hace un tiempo establecer un grupo de voluntariado de la Militia Templi para colaborar en principio en esta misión.


A QUIEN VA DIRIGIDO:

Personas que profesen la fe católica y deseen tener una experiencia de voluntariado dirigida al apoyo y acogida al peregrino.
Asociaciones católicas del Camino de Santiago cuyos miembros deseen participar en la experiencia.
Serán personas mayores de 18 años  de ambos sexos.

FUNCIONES:

Las funciones serán las que conlleva la acogida cristiana al peregrino, en ningún caso será un cometido de albergue u hospederos.

FECHAS:

Las fechas a desarrollar en principio serían desde la segunda quincena de junio hasta la primera quincena de septiembre.
Lo recomendable para el voluntariado es el compromiso de una semana mínimo y un máximo de 15 días.
El contacto en principio se realizará a través del correo electrónico de la Preceptoría de España:     infomilitiatempli@gmail.com

TE ANIMAMOS A QUE VIVAS UNA EXPERIENCIA INOLVIDABLE DEDICANDO PARTE DE TU TEMPO A LOS DEMÁS.

lunes, 25 de noviembre de 2019


TEMPLARIOS EN ESPAÑA. ¿ES LÍCITO PELEAR POR CRISTO? (II entrega)

Las Cruzadas: un movimiento popular

Autor: P. Javier Olivera Ravasi. Pero volvamos a nuestro tema; los musulmanes habían irrumpido violentamente al punto de hacer peligrar a la misma Europa en su asalto. Se trataba de ir a la reconquista de Tierra Santa. El hombre medieval conocía esa tierra hasta en sus más ínfimos detalles, ya que había sido espiritualmente alimentado desde su más tierna infancia con las Sagradas Escrituras. Todo le resultaba familiar, la cueva de Belén, el pozo de Jacob, el Calvario, los lugares por los que viajó San Pablo, los salmos que narraban la belleza de aquellos parajes…, todo le hablaba de los Santos Lugares. Por otra parte, en la época feudal, montada toda ella sobre el fundamento de posesiones concretas, parecía obvio que la Tierra del Señor fuese considerada como el feudo de la Cristiandad; pensar lo contrario hubiese implicado en cierta manera una injusticia.
Algunos historiadores modernos, influenciados por la ideología marxista, han asignado a las Cruzadas razones únicamente de índole económica. Pero, como bien señala Régine Pernoud, semejante interpretación no es sino el fruto de una extraña transposición del pasado a la mentalidad de nuestra época, que todo lo ve a la luz de ese prisma. Mucho más cerca de la realidad estaba Guibert de Nogent, abad benedictino del primer cuarto del siglo XII, cuando en su “Historia de las Cruzadas” aseguraba que los caballeros se habían impuesto la tarea de reconquistar la Jerusalén terrena con el fin de poder gozar de la Jerusalén celestial, de la que aquella era imagen. Es de él la célebre frase que se repetía en Francia para mostrar la valentía de los hijos de Clovis: “Gesta Dei per francos” (“los hechos memorables de Dios a través de los franceses”).
Las Cruzadas iban a durar casi hasta fines del siglo XIII, y durante su entero transcurso estarían en el telón de fondo de todos los acontecimientos de la época, fueran estos políticos o religiosos, económicos o artísticos. Se suele hablar de ocho cruzadas, pero de hecho no hubo un año en que no partiesen de Europa contingentes más o menos numerosos de «Cruzados», a veces sin armas, conducidos sea por señores de la nobleza, sea por monjes. Por eso parece acertada la opinión de Daniel-Rops de que no es adecuado hablar de «las Cruzadas», sino más bien de «la Cruzada», único y persistente ímpetu de fervor, ininterrumpido durante dos siglos, que arrojó a lo mejor de Occidente de rodillas ante el Santo Sepulcro.
La primera oleada de la marea fue tan incontenible que la jerarquía de la Iglesia no pudo mayormente influir sobre ella. Fue la Cruzada “popular”, convocada por un religioso de Amiens, Pierre l’Ermite (Pedro el Ermitaño), hombre carismático y austero, a quien siguió toda clase de gente: algunos caballeros, por cierto, pero también numerosos mendigos, ancianos, mujeres y niños. Esa caravana de gente humilde que se ponía en camino para reconquistar un pedazo de tierra entrañable, ha sido un fenómeno único en la historia. Recordemos que en la Edad Media la guerra era prerrogativa de la nobleza y de los caballeros, y por eso resultaba tan exótico que aquellos aldeanos apodados paradojalmente «manants», es decir, los que «se quedan», se transformasen súbitamente en guerreros. La historia empezaba a convertirse en epopeya. Militarmente hablando, el proyecto de Pedro el Ermitaño acabó en un resonante fracaso, como era de esperar. Sin embargo no lo consideraron así sus contemporáneos. Porque, según señala con acierto Pernoud, en aquellos tiempos no se esperaba necesariamente que el héroe fuese eficaz:
“Para la antigüedad, el héroe era el vencedor, pero, como se ha podido comprobar, las canciones de gesta ensalzan no a los vencedores sino a los vencidos heroicos. Recordemos que Roldán, prácticamente contemporáneo de Pierre l’Ermite, también es un vencido. No debemos olvidar que nos hallamos ante la civilización cristiana, para la cual el fracaso aparente, el fracaso temporal y material, acompaña a menudo a la santidad, a la par que mantiene su fecundidad interna, fecundidad a veces invisible de inmediato y cuyos frutos se manifestarán posteriormente. Tal es, no lo olvidemos, el significado de la cruz y la muerte de Cristo. En ello estriba toda la diferencia entre el héroe pagano –un superhombre– y el héroe cristiano, cuyo modelo es el crucificado por amor”.
Sea lo que fuere, al mismo tiempo que Pedro el Ermitaño lanzaba sus turbas, los nobles preparaban todo con gran seriedad, constituyendo varios cuerpos de ejército, cuatro en total. El primero de ellos estaba formado por belgas, franceses y alemanes cuyo jefe era el duque Godofredo de Bouillon, duque de la Baja Lorena; un hombre espléndido desde todo punto de vista, fuerte, valiente, de un vigor extraordinario, a la vez que sencillo, generoso, y de piedad ejemplar, el paradigma del Cruzado auténtico, casi un santo. Las crónicas relatan que cuando entró en Jerusalén el año 1099, se negó a aceptar el título de rey de Jerusalén, por no querer ceñir corona de oro allí donde Jesús había llevado una corona de espinas. Cuando murió en 1100, su hermano Balduino tendría menos escrúpulos, y con él comenzaría formalmente el Reino Franco de Jerusalén y la instauración de una Monarquía feudal.
Este no es un dato menor, ya que prueba una vez más que el espíritu de la Cruzada fue el de la Cristiandad Feudal, al punto tal de trasladar su estructura, incluso sus castillos, que en última instancia, fue lo que posibilitó el gobierno cristiano por casi un siglo en tierra Oriental.

domingo, 24 de noviembre de 2019


¿Es lícito pelear por Cristo?


Artículo del P. Javier Olivera Ravasi

Suele haber entre los cristianos un cierto complejo cuando se oye hablar de la “guerra por Cristo” o de “dar la sangre por defender la Fe”. El enemigo de la Iglesia Católica ha venido repitiendo hasta el cansancio que “el valor supremo es la Paz” y que nada puede oponérsele, sea cual fuere el motivo de la contienda.
Dicha posición ha sido calificada como la “herejía” del “irenismo” (de eirene, en griego, “paz”); en resumen, esta postura dice que siempre hay que aguantar cualquier tipo de agresión, tanto a uno mismo como a un tercero y jamás responder con violencia.
Pero esto no ha sido así siempre y si algo fue verdad antes, también puede serlo ahora. La Iglesia no nació ayer y el problema de la guerra ha existido desde la creación del mundo; en el ámbito de la teología se denomina con las palabras de “guerra justa” al modo de oponer, contra malicia, milicia…, máxime cuando se trata de defender lo propio o lo de un tercero.
Ya la Sagrada Escritura tiene innumerables testimonios del uso de la violencia ordenadamente. El mismo Señor, en un pasaje que los pacifistas prefieren olvidar, tomó unas cuerdas y haciendo un látigo expulsó a los mercaderes del Templo en razón del celo que le causaban las cosas de Su Padre (Jn 2,15). Pero ya desde san Agustín y san Ambrosio, dos santos padres de la Iglesia (siglos IV y V), se fue gestando la sana doctrina del uso de la violencia como parte de la virtud cardinal de la fortaleza. El cristiano amará la paz, pero conocerá que muchas veces es necesario alcanzarla y sostenerla por vía del combate.
Como bien señala Caponnetto[1] siguiendo a san Isidoro, “ninguna guerra puede ser justa, a no ser por causa de vindicta o para rechazar al enemigo” (Etimología, XX), pero en esos casos la acción punitiva será un recurso honesto. Y de tanta honestidad que, al decir de Nico­lás I, estando en juego las leyes de Dios, la defensa propia, “la de la patria y la de las normas ancestrales”, ni siquiera la Cuaresma podría suspenderla o postergarla (Responsa Nicolai ad consulta Bulgarorum, 46). Defender a Dios y a la Patria son obligaciones tan graves para el cristiano, que por cumplirlas debe estar dispuesto a armarse “en la milicia temporal”, con una conducta tal –dice Radero– “que no pierda en modo alguno el alma que vive para siempre” (Praeloquiorum Libri sex, 1,11). Opiniones firmes y unívocas que de un modo u otro reiteraron Pedro Damián o el Obispo Rufino, san Anselmo de Canterbury, Yves de Chartres, Abelardo o Alejandro II, entre otros.
En el esplendor del siglo XIII, sus sabios y sus santos volvieron a reiterar la doctrina de siempre: Raimundo de Peñafort en la Summa de Paenitentia, Enrique de Susa en su Summa Áurea, Alejandro de Hales en De lege punitionis, y el gran san Buenaventura quien comentando el Evangelio de san Lucas, dirá rotundamente que “hay causa conveniente (de guerra lícita) cuando se trata de la tutela de la patria, de la paz o de la fe” (Commentarium in Evangelium Lucas, III, 34). El mismo santo Tomás de Aquino trató el tema profusamente en varias de sus obras teológicas justificando e incluso compeliendo a la guerra cuando se trata de salvaguardar un derecho. Otro tanto se encontrará en los tra­tadistas de las centurias posteriores, autores de grandes Summas orientadoras, como la Astesana, la Pisana o la Angélica, hasta que en la España del siglo XVI brillan las cumbres de la teología abocadas a tan candente problema. Los nombres de Vitoria, Cayetano, Martín de Azpilcueta, Domingo de Soto o Melchor Cano no necesitan presentación ni comentario, aunque el especialista pudiera –con todo derecho– señalarnos otros tantos como los de Alfonso de Castro, Diego de Covarrubias, Domingo Báñez, Luis de Molina o Francisco Suárez. Los argumentos fluyen y discurren apasionadamente, ora en contradicción, ora en concordia, ri­cos en casos, ejemplos, situaciones y condiciones, pero ninguno de ellos cree que el católico deba claudicar pasivamente en la defensa de sus principios.

Más próximo a nosotros, el Papa Pío IX, condenó en el Syllabus los enunciados pacifistas, y el mismo Benedicto XV –a quien le tocó regir la Iglesia durante la Primera Guerra Mundial– distinguió entre los horrores de la contienda, la conveniencia de una verdadera paz y la doctrina moral tradi­cional que justifica determinadas luchas. Pío XI, como bien se sabe, apoyó y bendijo sin reservas la Cruzada Española de 1936 y la noble resistencia cristera de los católicos mexicanos (1926-1929), en documentos tan límpidos como emocionantes y aleccionado­res, siendo su sucesor Pío XII quien nos ha legado quizás, en­tre los pontífices modernos, las más elaboradas razones sobre la paz y la guerra, las armas y la justicia, y el deber cristiano de hacer frente a la iniquidad. No la inmoralidad de la guerra de agresión, enseña Pío XII, no el armamentismo provocador y amenazante ni la “monstruosa crueldad de las armas mo­dernas”, pero tampoco la tibieza, la pusilanimidad y la paz a todo precio. Siempre será “moralmente lícito o incluso, en algunas circunstancias concretas, obligatorio, rechazar con la fuerza al agresor… Un pueblo amenazado y víctima de una injusta agresión, si quiere pensar y obrar cristianamente, no puede permanecer en una indiferencia pasiva… y si no quiere dejar las manos libres a los criminales internacionales, no le queda otro remedio que prepararse para el día en que tendrá que defenderse”[2].
Por último, no podemos dejar de citar las palabras del recientemente beatificado Juan Pablo II cuando visitó su Polonia natal y recordó la gran gesta polaca:
Ser cristiano quiere decir vi­gilar, como vigila el soldado durante la guardia… Vigilar significa custodiar un gran bien… significa percibir agudamente los valores que existen en la vida de cada hombre por el simple hecho de haber sido creado a imagen y semejanza de Dios y haber sido redimido con la sangre de Cristo. Vigilar quiere decir recordar todo esto… Hay pues que vigilar y cuidar con gran celo… No puede permitirse que se pierda nada de lo que es cristiano sobre esta tierra[3].
Más aun:
La lucha es, con frecuen­cia, una necesidad moral, un deber. Manifiesta la fuerza del carácter, puede hacer florecer un heroísmo auténtico. ‘La vi­da del hombre en esta tierra es un combate’, dice el Libro de Job; el hombre tiene que enfrentarse con el mal y luchar por el Bien todos los días. El verdadero bien moral no es fácil, hay que conquistarlo sin cesar, en uno mismo, en los demás, en la vida social e internacional[4].
Como vemos, el luchar cuando hay que hacerlo, no solo es un derecho en el cristiano sino, en algunos casos, hasta un deber.

sábado, 16 de noviembre de 2019


BUENOS VIENTOS EN EL CAMINO DE SANTIAGO.

     


     Nos llega la noticia de la apertura de un nuevo albergue en la localidad de Betanzos (Camino Inglés) gracias al trabajo llevado a cabo por el sacerdote mallorquín Don Jaume Alemany, este albergue cuyo nombre es “Albergue Santa María de la Azogue – ACC se regirá por los principios de la hospitalidad tradicional de Acogida Cristiana en los Caminos y será el primero y de momento único de estas características en el camino inglés. Esta acogida cristiana se materializa en el afán no lucrativo del albergue ya que su precio será un donativo y también con la celebración de la bendición del peregrino cada tarde.
Esta iniciativa se va sumando a otras, incluidas las llevadas a cabo desde la Preceptoría de la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo – Militia Templi, destinadas a conseguir devolver al Camino de Santiago su verdadero objetivo. Es un trabajo arduo y que llevará tiempo pero con fe y constancia en el trabajo se conseguirá, para ello se hace necesario la colaboración de las personas de arraigada fe que desean lograr esa pureza del Camino en la cual se haya el verdadero sentido, por ello como siempre animamos a todas las asociaciones del Camino a prestar su esfuerzos a este fin.

lunes, 11 de noviembre de 2019


ASESINADOS DOS SACERDOTES CRISTIANOS EN SIRIA.

Según informa el Diario la Razon en su editorial de hoy 11 de noviembre de 2019, dos sacerdotes católicos han sido asesinados por Daesh en Siria en ll en lo que constituye el primer ataque contra esta religión desde que el “califa” Ibrahim Hashimi asumió el mando de la banda terrorista.
Según un comunicado de la agencia Amaq, las muertes se produjeron cuando elementos del Estado Islámico abrieron fuego contra ellos en la aldea de al-Zar, ubicada en el distrito de al-Basira, en el campo oriental de Deir Ezzor.
Como prueba de su criminal acción, los yihadistas publican la reproducción del carnet de identidad de uno de los clérigos, en un hecho que sitúan dentro de la “bondad” que Alá tiene con ellos.
“Dos sacerdotes de cristianos incrédulos perecieron después de que los soldados del Califato les atacaron”, subrayan. Al parecer, eran de origen armenio.
Al publicar el documento de identidad, dicen que se trata del “encontrado en posesión de uno de los sacerdotes de los cristianos después del ser asesinados de los soldados del califato”.
Queda claro que la estrategia de los nuevos responsables de Daesh es la de continuar con los ataques a los “cruzados” por ser seguidores de la “Cruz” (de Cristo).
Esto quiere decir, según expertos en la materia, que cualquier objetivo vinculado con la religión cristiana, ya sea en las zonas en las que ahora operan, o en occidente, es susceptible de sufrir atentados por parte de estos terroristas.
En el colmo de su fanatismo e ignorancia, para justificar sus crímenes sitúan al cristianismo entre las religiones “politeístas”. Les da igual. Su determinación es la de imponer el Islam en su interpretación más rigorista, la Sharia, y para ello no dudan en atacar a los de otras confesiones, como ocurrió hace meses en Sry Lanka, Filipinas, Burkina Faso y otros países.
La lucha contra los terroristas, además de su vertiente operativa a cargo de las Fuerzas Armadas y de Seguridad, precisa de la acción de los musulmanes que deben desacreditar con más fuerza, aunque ello conlleve asumir algunos peligros, a los miembros de Daesh y su estrategia criminal.

miércoles, 6 de noviembre de 2019

«Hay un plan para vaciar Oriente Medio de cristianos»


Entrevista a Raad Salam Naaman, escritor iraquí

Raad Salam Naaman se define como cristiano, católico y caldeo de origen mesopotámico, «y a mucha honra», y recuerda que proviene de Mesopotamia, la cuna de la civilización, hoy convertida en la convulsa república iraquí.
«Cuando llegué a España en 1995 creían que pertenecía a una secta o que era un converso, pero no soy ni árabe ni musulmán, somos los habitantes originarios del territorio, conquistado por el Islam en el siglo VII y que se convirtió por el filo de la espada». Este profesor universitario, doctor en Filología Árabe estudios islámicos, publica un nuevo libro: ‘Los primeros cristianos. Los cristianos orientales’.

-¿Existe una estrategia de limpieza religiosa en Oriente Medio?

-La persecución en Oriente ha existido siempre, desde la llegada del Islam. Desde que era pequeño me han tratado como ciudadano de segunda. Había 2.000.000 de cristianos en tiempos de Sadam y hoy quedan 200.000 y no saben qué les espera. Yo me peleé con mi profesor de Historia porque alegaba que el Islam había conquistado, no liberado, y me condujeron al despacho del director del colegio donde entre ambos y el imán del centro me molieron a palos y después me denunciaron por blasfemia, castigada con la pena de muerte. Mi padre tuvo que pagar para librarme de esa sentencia.
-Su historia es una relación de acosos.
-Un tío mío, que era editor, publicó mi tesina, que comparaba el apóstol Pablo y al segundo califa ortodoxo Omar. Ambos extendieron sus respectivas credos, el primero predicando el amor y el segundo, a través de la fuerza. Estuvo un mes a la venta. Los radicales islámicos quemaron vivo a mi pariente y yo tuve que esconderme.

-¿Cómo se puede luchar contra el peligro del fanatismo?

-Es una falacia decir que se ha vencido al Estado Islámico. No se ha acabado con él, sólo con su territorio, pero hay 10.000 de sus militantes en Europa.

-¿Y cómo apoyar a los cristianos que resisten en sus hogares de Irak o Siria en una atmósfera hostil?

-Hay un plan para vaciar esos países de cristianos, sus ciudadanos originales, impulsado por Irán, Arabia Saudí, Catar, Turquía y otros países del Golfo. Hemos de apoyarlos a través de la fe, que sientan nuestro apoyo. No quiero que salgan de mi país, porque perderíamos nuestra identidad, tradiciones y cultura.

Fuente: https://www.primeroscristianos.com/entrevista-a-raad-salam-naaman-escritor-iraqui/#iLightbox[gallery43401]/0

martes, 5 de noviembre de 2019

LA PROTECCIÓN DE LOS PEREGRINOS JABOBEOS DURANTE LOS SIGLOS XIV – XIX

 La peregrinación consiste en un viaje a algún lugar santificado por la presencia de algún personaje santo, como era el caso de Palestina, donde discurre la vida de Cristo, de la Virgen María, de los Apóstoles e incluso de otros personajes que descuellan por su vivencia del mensaje de Cristo. Entre otros muchos lugares de peregrinación, destacan Jerusalén que fue la cuna del cristianismo, Roma donde fueron martirizados los Apóstoles Pedro y Pablo y Santiago de Compostela, donde según una tradición se conservan allí los restos de Santiago Apóstol.
     -Aparte de la peregrinación para orar que se produce desde los orígenes del Cristianismo, en la Edad Media se practica, además, la peregrinación penitencial ya voluntariamente, ya impuesta por el confesor a los penitentes en confesión, pudiendo llamarse en este caso peregrinación penitencial.
     A partir de la Edad Media se practica también la peregrinación judicial, es decir impuesta por los tribunales, incluso laicos, por cualquier delito no necesariamente religioso sino también por la transgresión de leyes seculares.
     -Desde el medievo se produce también la peregrinación sustitutoria, es decir impuesta a alguien, que la cumple por medio de otra persona que se convierte así en peregrino profesional.

     -El peregrino se distingue de cualquier otro cristiano porque se rige por una normativa de peregrinación, que comienza incluso por la vestimenta, que en el caso de los que se dirigían a Santiago es la túnica talar, el bordón o bastón, la bolsa o zurrón y el sombrero con la concha marina. Se rige además por un ritual bien preciso: bendición de las insignias de peregrino ya mencionadas, la calabaza para el agua desde finales del medievo, y una bolsa de viaje con los certificados.