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La Orden de los Pobres Caballeros de Cristo – Milicia del Temple, es un instituto totalmente nuevo dentro de la Iglesia Católica, aunque inspirado en la antigua Orden.

1º.- No reivindica ninguna sucesión histórico – jurídica con la antigua Orden del Temple abolida en 1314, como lo hacen otras asociaciones autodenominadas “templarias”, que no es otra cosa que una total falsedad.

2º.- No tiene nada que ver con las creencias esotéricas de todas y cada una de estas asociaciones.

3º.- La Santa Sede ha prohibido a la Milicia del Temple tener contactos con este tipo de asociaciones.

Aprobada por la Santa Iglesia Católica, l a Milicia del Temple – Pobres Caballeros de Cristo, se complace en recibir a hombres y mujeres católicos. Por tal motivo, pedimos que cuando se pongan con nosotros en contacto por primera vez, incluyan los siguientes detalles: Su nombre y apellidos, localidad y provincia donde residen, parroquia a la que pertenecen, edad, si conoce a algún caballero o dama personalmente y si no, como se enteró de nosotros. No buscamos en este primer contacto una biografía completa, pero si un pequeño perfil a través del cual comenzar el proceso para tener en consideración su petición de unirse a nosotros.

Nuestra dirección de contacto es: infomilitiatempli@gmail.com

lunes, 12 de marzo de 2018


COMO UN MEDIEVAL VEÍA LA LITURGIA DE LA 

MISA


     Los capítulos que Guilherme Durand (Siglo XIII) consagró a la explicación de la Misa se cuentab entre los más sorprendentes de su obra: “Rational”.
He aquí, por ejemplo, cómo él interpreta la primera parte do Divino Sacrificio.
“El canto grave y triste del Introito abre la ceremonia: expresa la espera de los
Patriarcas y los Profetas. El coro de los clérigos representa el coro de los Santos de la Antigua Ley, que suspiran antes de la venida del Mesías, que ellos, entretanto, no verán”.
“El obispo entra, entonces, y aparece como la figura viva de Jesucristo. Su llegada simboliza el aparecimiento del Salvador, esperado de las naciones”.
“En las grandes fiestas van delante de él siete antorchas, para recordar que, según la palabra del Profeta, los siete dones del Espíritu Santo reposan sobre la cabeza del Hijo de Dios. Él se adelanta bajo un palio triunfal, del cual los cuatro portadores son comparados a los cuatro Evangelistas.
“Dos acólitos caminan a su derecha y a su izquierda y representan a Moisés y Elías, que aparecieron en el Thabor a los dos lados de Nuestro Señor. Ellos nos enseñan que Jesús tenía reunidas en Su persona la autoridad de la Ley y la autoridad de los Profetas”.
“El obispo se sienta en su trono y permanece en silencio. Parece no desempeñar ningún papel en la primera parte de la ceremonia.
“Su actitud transmite una enseñanza: nos recuerda, por su silencio, que los primeros años de la vida de Nuestro Señor se desenvolvieron en la oscuridad y en el recogimiento.
“El subdiácono, entretanto, se dirige a la cátedra y, volviéndose a la derecha, lee la Epístola en voz alta. Entrevemos aquí el primer acto del drama de la Redención.
“La lectura de la Epístola es la predicación de San Juan Bautista en el desierto. Él habla antes que el Salvador haya comenzado a hacer oír Su voz, mas no habla sino a los judíos”.
“También el Subdiácono, imagen del Precursor, se vuelve hacia el Norte, que es el lado de la Antigua Ley. Cuando la lectura termina, él se inclina delante del obispo, como el Precursor se humilló ante Nuestro Señor.
“El canto del Gradual, que se sigue a la lectura de la Epístola, se reporta aún a la misión de San Juan Bautista: simboliza las exhortaciones a la penitencia que él hizo a los judíos, a la espera de los nuevos tiempos.
“En fin, el Celebrante lee el Evangelio. Momento solemne, porque es aquí que comienza la vida pública del Mesías; su palabra de hace oír por la primera vez en el mundo. La lectura del Evangelio es la figura de Su predicación”.
“El Credo sigue al Evangelio, como la fe sigue al anuncio de la verdad. Los doce artículos del Credo se reportan a la vocación de los doce Apóstoles”.
“Cuando el Credo termina, el obispo se levanta y habla al pueblo. Escogiendo ese momento para instruir a los fieles, la Iglesia quiso recordarles el milagro de Su expansión.
“Ella les muestra cómo la verdad, recibida antes solamente por los doce Apóstoles, se expandió en un instante, en el mundo entero”.
Tal es el sentido místico que Guillerme Durand atribuyó a la primera parte de la Misa.
Después de esa especie de preámbulo, él llega a la Pasión y al Sacrificio de la Cruz. Pero aquí sus comentarios se tornan tan abundantes y su simbolismo tan rico, que es imposible, por medio de un análisis simple, dar una idea. Es necesario ir al original.
Hemos dicho bastante, entretanto, para dejar entrever alguna cosa del genio de la Edad Media.
Puede imaginarse todo lo que una ceremonia religiosa contenía de enseñanzas,
de emoción y de vida para los cristianos del Siglo XIII.
Un uso tan constante del simbolismo puede dejar estupefacto alguien que no esté familiarizado con la Edad Media.
Es preciso, entretanto, no hacer como hicieron los benedictinos en el Siglo XVIII, no ver allí sino un simple juego de fantasía individual.
Sin duda, tales interpretaciones no fueron nunca aceptadas como dogmas. No obstante, es notable que ella casi nunca varían. Por ejemplo, Guilherme Durand, en el siglo XIII, atribuyó a la estola el mismo significado que Amalarius en el Siglo IV.
Pero lo que es más interesante aquí, más que la explicación tomada en sí, es el estado de espíritu que ella suponía.
Y el desdén por lo concreto es la convicción profunda de que, a través de todas las cosas de este mundo se puede llegar a lo espiritual, se puede entrever a Dios.
He aquí el verdadero genio de la Edad Media.
(Autor: Emile Mâle, “L´Art Religieux du XIII Siècle en France”, Librairie Armand Colin, 1958, pag. 51)


Fuente: gloriadelaedadmedia