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La Orden de los Pobres Caballeros de Cristo – Milicia del Temple, es un instituto totalmente nuevo dentro de la Iglesia Católica, aunque inspirado en la antigua Orden.

1º.- No reivindica ninguna sucesión histórico – jurídica con la antigua Orden del Temple abolida en 1314, como lo hacen otras asociaciones autodenominadas “templarias”, que no es otra cosa que una total falsedad.

2º.- No tiene nada que ver con las creencias esotéricas de todas y cada una de estas asociaciones.

3º.- La Santa Sede ha prohibido a la Milicia del Temple tener contactos con este tipo de asociaciones.

Aprobada por la Santa Iglesia Católica, l a Milicia del Temple – Pobres Caballeros de Cristo, se complace en recibir a hombres y mujeres católicos. Por tal motivo, pedimos que cuando se pongan con nosotros en contacto por primera vez, incluyan los siguientes detalles: Su nombre y apellidos, localidad y provincia donde residen, parroquia a la que pertenecen, edad, si conoce a algún caballero o dama personalmente y si no, como se enteró de nosotros. No buscamos en este primer contacto una biografía completa, pero si un pequeño perfil a través del cual comenzar el proceso para tener en consideración su petición de unirse a nosotros.

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domingo, 24 de marzo de 2019


¿Es menos pecado o delito asesinar a 148 

cristianos en

 Kenia que a 50 musulmanes en Nueva Zelanda?



Políticos y medios claman contra la islamofobia y callan ante la cristianofobia
Este 15 de marzo de 2019, en la ciudad de Christchurch (Nueva Zelanda), dos mezquitas fueron atacadas por un terrorista pertrechado con armas de fuego, que fue disparando a todo el que se encontraba.
El terrorista asesinó a 50 personas, incluido un niño de 3 años de edad, Mucad Ibrahim.
El asesino, Brenton Tarrant, retransmitió los crímenes en directo a través de Facebook, un vídeo que han podido ver millones de personas y que muestra a ese criminal entrando en una de las mezquitas y disparando sus armas contra todo el que se encontró en su interior.
Esta masacre merece la repulsa de toda persona mínimamente decente.
@ElentirVigo, autor de esta nota en Contandoestelas, subraya que espera que todo el peso de la ley caiga sobre Tarrant, y que sea confinado en una prisión de la que nunca le dejen salir: en Nueva Zelanda, afortunadamente, existe la cadena perpetua para castigar los crímenes más graves.
Y añade a renglon seguido:
Como no podía ser de otra forma, en todo el mundo ha habido gestos de repulsa hacia esta masacre, desde dirigentes políticos y medios de comunicación, hasta líderes religiosos de distintas confesiones.
Algunas reacciones, de todas formas, merecen cierta reflexión. El diario británico The Guardian publicó el viernes un artículo firmado por H.A. Hellyer, un autor musulmán, con este título: “La islamofobia que condujo al tiroteo en Christchurch debe ser confrontada”, en el que su autor afirma lo siguiente:
“cada vez que negamos la amenaza del fanatismo antimusulmán, o subestimamos el alcance de la islamofobia -incluso en nuestro partido de gobierno, el Partido Conservador- damos socorro a los miembros de nuestra sociedad que buscan provocar el odio contra nuestras comunidades musulmanas”.

En la mención al Partido Conservador aparece un enlace a una noticia que habla sobre críticas al Islam de miembros de ese partido (por ejemplo, se cita esta opinión de un político conservador:
“Seremos un país musulmán bajo la ley de la sharia si el trabajo laboral regresa”).

Es decir, que Hellyer relaciona un atentado antimusulmán en Nueva Zelanda con las críticas al Islam que ocasionalmente hacen algunos políticos al otro lado del mundo.
Este 16 de marzo de 2019 el diario El País publicaba un editorial con este título: “Atentado islamófobo”.

El subtítulo de ese editorial hace esta afirmación:

“Los discursos de odio contra la comunidad musulmana no pueden tener cabida en una democracia”.

El texto termina con estas palabras:

“Combatir la islamofobia es un deber y una prueba de calidad para las democracias”.

Son frases que caen por su propio peso y que nadie pone en duda, pero llama la atención el énfasis que pone en ellas un periódico que nunca ha publicado un editorial llamando a combatir la cristianofobia, a pesar de ser el principal motivo de persecución contra los creyentes (en el mundo, 3 de cada 4 perseguidos por razón de sus creencias son cristianos) y siendo, como es hoy, el motivo del 77% de los ataques contra la libertad religiosa en España.
Unos ataques que medios 'progres' españoles y europeos suelen invisibilizar, tal vez porque gran parte de esas expresiones de odio proceden de la izquierda política.
La doble vara de medir en relación a la islamofobia y la cristianofobia incluye también las reacciones a atentados terroristas.
El 2 de abril de 2015 terroristas islamistas atacaron la Universidad de Garissa, en Kenia, asesinando a 148 cristianos. Los terroristas fueron buscando a los cristianos para asesinarles mediante disparos y decapitaciones.
El claro móvil cristianófobo de aquella masacre fue disimulado por muchos políticos y medios de comunicación.
En el Parlamento Europeo, partidos izquierdistas intentaron borrar toda referencia a los cristianos en la moción de condena de la masacre (Uno de cada cinco cristianos vive en países donde sufren persecución religiosa). 
The Guardian y El País no publicaron entonces ningún llamamiento contra la cristianofobia, a pesar de que había sido claramente la motivación de aquellos terroristas a la hora de seleccionar y matar cruelmente a sus víctimas.
Tampoco se han visto llamamientos políticos y mediáticos contra la cristianofobia, salvo honrosas excepciones, ante el genocidio de miles de cristianos en Nigeria, que se está llevando a cabo ante un pasmoso silencio mediático en Occidente.
¿Por qué esta doble moral? ¿Acaso las vidas de los cristianos valen menos que las de los demás seres humanos? ¿Dónde está el límite de la inquina que de políticos y medios occidentales contra el Cristianismo?